“23 de Enero de 1958: Resistencia, participación y pueblo Protagónico” por José Ramón Rodríguez

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En el contexto de las luchas sociales y políticas del pueblo venezolano, donde los trabajadores y el movimiento estudiantil han dejado profundas huellas de rebeldía y voluntad política para contribuir a los cambios necesarios, el 23 de Enero de 1958 se convirtió en un hito o referencia de la capacidad de gesta organizativa y movilizadora de los más diversos sectores que se oponían en forma resuelta y beligerante a la dictadura del general Marcos Evangelista Pérez Jiménez.

Efectivamente este periodo político está marcado en forma violenta por la violación de las libertades democráticas y la abierta violación de Derechos Humanos.

La generación que vivió esa época ha dado testimonio directo de todas las atrocidades que se cometieron con el eufemismo político de “Nuevo Ideal Nacional”, enarbolado por los ideólogos y propagandistas de Pérez Jiménez y su nomenclatura de gobierno.

El contenido formal de los mecanismos de dominio cambiaron con la puesta en escena e instauración del sistema democrático representativo, la Junta Patriótica y el periodo de Wolfang Larrazábal, más la elección de Rómulo Betancourt como presidente de la Republica y el respaldo de los partidos integrantes del llamado Pacto de Punto Fijo (que expresaba la alianza de los partidos Acción Democrática, COPEI y URD) impusieron un modelo de hegemonía bipartidista, donde URD terminaba apoyando a cualquiera de los dos partidos, garantes de la nueva institucionalidad y de los mismos antiguos intereses económicos y sociales de la dictadura.

En todo caso, el saqueo de los bienes y riquezas nacionales continuó como medio de riqueza inmediata para los llamados “paladines de la Democracia y la libertad”. La renta petrolera y la entrega al capital extranjero es una característica bien definida en toda esta historia del país.

 

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Han pasado 63 años del derrocamiento de una forma de gobierno que torturó y asesinó a cientos de venezolanos, mientras tanto la voluntad política popular conserva los intereses comunes de expandir las metas de un poder constituyente que implique el acceso y real autonomía de los trabajadores y sectores comunitarios en la gestión de gobierno, se mantiene el imaginario alternativo de la soberanía que supere las simbologías de los discursos políticos repetidos, no podemos transitar hacia un punto de inflexión catastrófico.

El empoderamiento político de las comunidades, como urgente tarea, supera cualquier cambio normativo en leyes y proyecto político, la democracia protagónica sigue en la agenda de lucha, rendición de cuentas, transparencia en la gestión pública y rotación de cargos y vocería, desde la ética del compromiso y la deliberación como conducta pública.

 

José Ramón Rodríguez (Luces y Sombras) / Ciudad VLC