BARCA DE PAPEL (33): VALENCIA-SULACO SEGÚN TÉLLEZ

Barca de Papel (33): Valencia-Sulaco según Téllez es parte del prólogo que dedicamos al libro más reciente del ensayista Pedro Téllez, título presentado en Filven Carabobo. JCDN.

El ensayista Pedro Téllez

Valencia-Sulaco y otros ensayos (Signos, 2019), reincidiendo en la complicidad con el editor amigo Luis García, no es un librito menor sino un breviario en homenaje paradójico, agridulce y enternecedor a la ciudad de Valencia, la de Venezuela. El ensayo se disfraza de artículo de opinión política y / o de costumbres, para formular una aproximación vitalista a nuestra urbe tan maltratada por politicastros, funcionarios y habitantes desalmados.

Partiendo de la novela Nostromo de Conrad, Téllez se alía al Bolívar encaramado en el monolito, cual Simeón el estilita, para reivindicar su terredad portátil e inmisericorde. La ciudad es paciente psiquiátrico al que se le extrae la piedra de su psicopatología. La historia clínica ha sido desarrollada, en este peculiar caso, en las páginas de suplementos desaparecidos física y virtualmente como Lectura Tangente del ahora semanario Notitarde.

El escritor en Librerías del Sur

Fiel a su línea de indagación ensayística, los guarimberos a la Marvel comics, los golpistas que no dan pie con bola y la Universidad de Carabobo desfalleciente, son diseccionados y puestos en vergonzosa evidencia a la luz de los Clásicos de la literatura, la psiquiatría y la sociología. Por supuesto, los humillados y ofendidos en su despropósito político y vital, no son ridiculizados en virtud de la cita culterana sino, mejor aún, a fuer de un ejercicio del más contundente cinismo. Claro está, el afán cínico es una manifestación sublime y diabólica –lúcida- de la inteligencia.

LEE ESTE TEXTO SOBRE PEDRO TÉLLEZ

http://grupolipo.blogspot.com/2018/10/pedro-tellez-un-cotilleo-bioliterario.html

La literatura militante en Valencia tendría dos referentes antagónicos e interesantes: Por un lado, las biografías y conversaciones imaginarias de Antonio Ecarri Bolívar (Rómulo Betancourt y Luis Beltrán Pietro Figueroa) en las que se confunden simpática y conservadoramente el biógrafo y el biografiado como discurso argumentativo político y legitimador. Y por el otro, el discurso incisivo y desmitificador de Pedro Téllez en episodios como la teatralización de la Cosiata, el cuatricentenario de Valencia hecho corpus poético variopinto, o la destrucción de las Bibliotecas auspiciada tras bastidores por una universidad autónoma a la que se le quemaron los fusibles. Valgan la ola de apagones y los complots que han fallado en extirpar el proceso bolivariano que se asimila a la resistencia increíble del escarabajo o la cucaracha. Ojo, la estética de la fealdad centrada en los cerrícolas y las conjuras de las cachifas, es de notoria autoría goda, para mayor gloria del Seminario Diocesano en tanto hábil artilugio de bienes raíces que supera al Banco Vaticano del Cardenal Marcinkus.

¿Sería pertinente que después de la generosidad suave del poeta José Joaquín Burgos como cronista de la ciudad, Pedro Téllez se erigiera en tanto profeta del desmadre local? Hablaríamos de una transfiguración insólita de la Biblia que iría del Génesis de Alfonso Marín y Guillermo Mujica Sevilla, pasando por el Canto de Burgos, hasta El Apocalipsis en tres octavos de Téllez. Por lo menos, nuestra ciudad no decaería en la inercia cansina del Solar de los Abúlicos y Áulicos.

Ecarri Bolívar asume la embajada portátil y artificiosa en España, mientras que Téllez Pacheco escruta almas esquivas en el Psiquiátrico de Bárbula y el Policlínico La Viña.

Para Téllez, Ciudad Chávez muta en Colmena picante y su epónimo en ajedrecista político digno de Capablanca o el audaz Bobby Fisher. ¿Quién le marca la agenda política a quién? La victoria de la oposición en la Asamblea Nacional demostró a corto y mediano plazo que la cosa apuntaba al gusto estético: Importaba más blanquear a Bolívar que proponer en el ágora preciosa y ridícula –Moliere dixit- un proyecto viable de nación.

Pedro Téllez con Lenin Sánchez y los poetas Luis Alberto Angulo y José Joaquín Burgos

Pedro Téllez Pacheco se vale también de espacios poéticos como la Letra Voladora de Laura Antillano o los ensayos de José Solanes sobre el exilio, para configurar y refundar personalmente a su ciudad natal. Este impertinente y díscolo legislador dignifica a la ciudad dividida en los insufribles toletes norte y sur, así como le agua la fiesta a los que le siguen pegando abajo.

Somos afortunados al leer y compartir con este ensayista sobrenatural, las querencias y las repulsiones que nos provoca Valencia: la Fe no es sin contradicciones, mucho menos en la ausencia de un sentido crítico e irónico del humor. Nuestro burgo no es banal sino banalizado por los conserva-duros, víctimas propiciatorias de Pedrito, uno de los nuestros.

En Valencia de San Desiderio, miércoles 8 de mayo de 2019.

LEE ESTE TEXTO SOBRE CHÁVEZ

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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