«Esa espiga sembrada en Carabobo» de César Rengifo, es una propuesta teatral asimilada a la Cantata Épica.

Fue escrita no sólo en el contexto del Sesquicentenario de la Batalla de Carabobo (1971), sino para promover una conciencia crítica, multicultural, integracionista y libertaria del País y el resto de América Latina.

Earle Herrera, en su interesante ensayo «La espada sobre el fuego. Los poetas invocan a Bolívar» (Monte Avila, 2015), dice que la espiga es una metáfora de un tiempo cíclico y mítico incesante.

De manera que hay una vinculación de los protagonistas de esa batalla con otros rebeldes que los antecedieron. Desde la resistencia aborigen de Guaicaipuro y Tupac Amaru, pasando por el alzamiento comunero en la Colonia, hasta las rebeliones de los esclavos afroamericanos.

Se rompe con la épica romántica de Juan Vicente González y Eduardo Blanco, basada en la exaltación del gran héroe como Bolívar y Páez, pues se involucra el pueblo anónimo a la Gesta como pivote protagónico que los acompañó en tan notable empresa de liberación política y militar.

Los soldados, las mujeres, los viejos y los campesinos, además de los paladines que son la vanguardia de la revolución, hurgan en el protoplasma de la historia a los fines de dialogar con los fantasmas rebeldes que tiñeron y aliñaron dos momentos anteriores: La Conquista o, peor todavía, la invasión extranjera e imperial del continente, y la verticalidad expoliadora de la Colonia de tres siglos de mentirosa estabilidad socioeconómica.

Carabobo no es punto de llegada a la Nueva Jerusalén o la realización de la utopía independentista, sino revolución traicionada susceptible de ser retomada y completada por los siglos de los siglos.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC