«Bibliotecas y discotecas» por Ramón Toro

0
208
Letras y Notas-Ramón Toro-el guaguancó-Tite Curet

Entre las innumerables cosas que pueda haber en un hogar, bien sea en una casa, apartamento, quinta, hacienda o cualquier otro tipo de vivienda, lo que siempre me ha llamado más la atención, es la presencia de una biblioteca y de una discoteca.

Y curiosamente son dos de las cosas las cuales los anfitriones les permiten a sus visitantes escudriñar libres de celo y cuidado. Es conveniente aclarar que el término discoteca comúnmente se asume como un lugar para recrearse y bailar, un local nocturno para festejar, mas no me refiero a ese espacio, sino a ese mueble decorativo donde se colocan o coleccionan los discos, ya sean los antiguos acetatos LP (Long Play, “Larga Duración”) o los actuales y modernos CD (Discos Compactos).

Todo buen lector, por otra parte, no puede ser indiferente a una biblioteca a la hora de hacer presencia en un lugar al cual ha sido invitado, topándose, en el recorrido del área, con una muy interesante.

 

biblioteca-en-casa-Letras y Notas-Ramón Toro

Surgirán las preguntas de rigor al anfitrión y la atrevida petición de permiso para hurgar con la disimulada ansiedad de descubrir los posibles tesoros que allí reposen, sumado al divino e indescriptible olor emanado por los libros. Todo ese bagaje y experiencia aportados por las bibliotecas y discotecas desaparecen con los actuales libros electrónicos y las diversas formas tecnológicas de acceder a la música.

En cuanto a los discos, el uso del acetato aportaba un valor agregado que se perdió con la aparición del Disco Compacto. El sonido de los LP, el ritual a la hora de destapar uno virgen, la celosa revisión de los créditos de los músicos, el olor y el afinamiento del pulso para colocar la aguja en la canción deseada siguen siendo hechos añorados por quienes disfrutamos de esa experiencia, aunque algunos cuidadosos y fieles melómanos conservan equipos de agujas y sus respectivos Long Play.

Hablando de visitas e invitaciones, recuerdo hace años, en Caracas, a uno de mis hermanos, José, quien nos invitó, a mí y nuestro otro hermano, Frank, al apartamento de una amiga, candidata a novia, en la popular parroquia Sarría. Llegamos a eso de las 8 pm, ella era una muchacha tan alegre como hermosa llamada Martha, quien nos atendió de lo mejor, sin embargo, lo que más recuerdo con una nitidez pasmosa, no es su apartamento, o la decoración, lo que cenamos ni la conversación, sino la sorprendente cantidad de discos LP de Salsa que tenía en su sala. Eran varias cestas plásticas grandes, como las que usan los fruteros, repletas de discos.

 

discoteca-Letras y Notas-Ramón Toro

Nos vimos las caras disimuladamente Frank y yo, y nos sentamos lo más cerca posible de aquellas cestas. Aprovechando el clima romántico de nuestro hermano José y su amiga, pedimos el respetuoso permiso para ver los discos y comenzó el allanamiento discográfico. Entre sorpresas por lo hallado y comentarios se nos pasó el tiempo, y cuando José anunció la despedida, la cual me pareció apresurada, ya eran la 1 am y aún yo no había yo terminado de revisar, ni siquiera la primera de aquellas cestas repletas de música. Nos retiramos agradecidos por la estupenda velada, pero yo un tanto nostálgico y “picado” por todo lo que dejé sin revisar.

Algo parecido a lo anterior, pero sin el acceso a revisar, me ocurrió hará cosa de unos diez años. Vivía por los lados del Viñedo aquí en Valencia, y una amiga, por mi cercanía al Centro Comercial Camoruco, me pidió el favor de retirar unas llaves en casa de una señora cerca de ese centro comercial. Fui y era un apartamento, me atendió una señora muy afable y, para mi sorpresa, me invitó a pasar, iba mentalizado a solo recibir las llaves en la entrada y punto.

Al entrar se notaba de inmediato el buen gusto de la dueña por la decoración, el impecable orden que reinaba, la pulcritud y, para ganarse del todo mi admiración, en la sala había toda una pared decorada con una discoteca repleta de discos de acetato LP. Nunca había visto, ni aún todavía, una colección tan nutrida y tan bien conservada como aquella, un orden el cual me cohibió de acercarme y más aún de pretender pedir permiso para tomar siquiera un disco. No sé si ella notó mi entusiasmo a través de mi mirada, me limité a tomar las llaves, agradecerle y despedirme, frenando mi real deseo de entablar una conversación en torno a esa colección tan envidiable.

 

La Guairita-discoteca-Letras y Notas-Ramón Toro

 

Hay un lugar muy visitado en la ciudad de Valencia por poetas, abogados, profesores, pintores, músicos y gente común y corriente (aunque todos lo somos), se llama La Guairita, para quienes no lo conocen, no es una capilla ni un templo, aunque también genera paz y mucho gozo. Es un Bar Restaurant centenario, el cual se ha convertido en Patrimonio de la Ciudad, no obstante su sencillez. Personalmente he llevado a unos cuantos amigos a conocerlo y una de las cosas que más los ha impresionado es la colección de discos de acetato y ese detalle de poder pedir cualquier canción, sobre todo antigua, y que los complazcan. A su vez, esos amigos han llevado a otros y destacan ese mismo hecho y los “pasapalos de sardinas” que, junto con los discos, se llevan el protagonismo del local.

 

LEE TAMBIÉN: LETRAS Y NOTAS: “¡ATACA, SERGIO!”

 

Tengo la certeza de que más de uno de los lectores de esta columna coincide conmigo en esa admiración y buen sabor que nos proporcionan tanto las bibliotecas como las discotecas, y cada uno debe tener sus propias historias en torno a ellas.

 

***

 

Ramón Emilio Toro Martínez (Caracas-Venezuela, 1966) es licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC) en 1993. Es también Productor Nacional Independiente y locutor con experiencia en el desarrollo de programas radiales sobre música afrocaribeña en la ciudad de Valencia, estado Carabobo: Ciento por ciento Natural, por Lago 91.5 FM; Letras y Notas, por Salsera 96.3 FM, y Óyelo que te conviene, por RNV Región Central 90.5 FM. Es autor del libro «Letras y Notas sobre la Música del Caribe» (2020), presentado en la FILVEN Caracas 2020 (Casona Cultural Aquiles Nazoa) como el único proyecto editorial independiente de ese año. 

 

Ciudad Valencia