«Bolívar, Jefe Supremo», por Ángel Omar García González

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Ángel Omar García González: autor de la columna de Ciudad Valencia "Historia y Memoria"

Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: El 7 de mayo de 1816 , el Libertador Simón Bolívar obtuvo un importante reconocimiento político: fue designado Jefe Supremo del ejército libertador, una decisión que contribuyó a allanar las divergencias que existían respecto de quién debía ejercer la jefatura militar del proceso independentista, la forma de conducir la guerra y la unificación del ejército. Diferencias que se explican por la propia forma como se inició la gesta que condujo a la ruptura con España (orientada hegemónicamente por la provincia de Caracas), y que se profundizarían por el vacío institucional dejado tras el colapso de la Primera República.

 

Intereses antagónicos

Una de las debilidades que tiene nuestro sistema educativo en lo atinente al proceso de enseñanza de la Historia de Venezuela, es la de mostrar una imagen deificada de Simón Bolívar y, en general, de los héroes de la independencia. Una visión que no sólo impide comprender los matices, variedades y dificultades que entrañó un proceso tan complejo como el independentista, sino que presenta una visión maniquea respecto de sus protagonistas.

Básicamente se insiste en mostrar a Bolívar como el líder indiscutido e impoluto que en base a sus muy sobresalientes capacidades logró darnos la independencia. Y a la gesta emancipadora como una especie de carrera con obstáculos, que los patriotas fueron librando hasta lograr la derrota del imperio español en Carabobo y, más tarde, la independencia de Suramérica en Ayacucho.

Nada más alejado de la realidad. El independentista fue un proceso complejo en el que estuvieron presentes diversos intereses que resultaban antagónicos entre sí. La idea de libertad no significó lo mismo para los blancos criollos, los pardos, los negros esclavizados, o los grupos aborígenes. Para los primeros, la independencia representaba acceso al poder político y la continuidad del orden colonial; para los pardos significaba, primordialmente, igualdad de derechos frente a los blancos; y para los negros esclavizados deslastrarse del régimen de opresión al que estaban sometidos, aunado a la posibilidad de tener un pedazo de tierra para poder vivir y trabajar, para los grupos aborígenes, respeto a sus tierras, costumbres, tradiciones, religión, además de liberarse del yugo de la servidumbre. Conjugar intereses tan antagónicos fue un reto constante. Y esos antagonismos también se expresaron en el ámbito de la conducción militar.

 

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En la etapa final de la llamada Primera República en 1812, Bolívar no sólo se oponía a la firma de la capitulación que el general Francisco de Miranda acordó con el jefe realista Domingo Monteverde, sino que también se vio envuelto en los sucesos que concluyeron en el arresto de aquel por parte de las fuerzas españolas. Posteriormente el coronel Bolívar llegaría a Nueva Granada desde donde procuró apoyo militar para reemprender nuevamente la guerra en Venezuela.

Con el reconocimiento e investidura militar que le otorgó el gobierno de aquella nación, el 14 mayo de 1813 emprendió la llamada Campaña Admirable, una gesta heroica que al cabo de pocos meses le permitió entrar triunfante en Caracas, proclamar la libertad de Venezuela (en realidad la parte accidental del territorio) y ser aclamado por la población como Libertador.

De forma paralela y sin estar concertados, el territorio oriental venezolano fue objeto de una acción militar similar conocida como Campaña de Oriente, liderizada por el general Santiago Mariño y que concluyó con la liberación de las provincias de Cumaná, Barcelona y Margarita. Esta acción estuvo protagonizada por un ejército distinto, con liderazgos y jefaturas distintas, pues se trataba de dos ejércitos libertadores. ¿Cómo conciliar ambos liderazgos? ¿Cómo acordar una jefatura única? Fueron parte de los retos que tuvo el proceso independentista.

 

Esfuerzo y liderazgo militar

Las diferencias y rivalidades estuvieron presente en todo momento a lo largo de aquellos años, aunque con diversos grados de intensidad. Derrotada la Segunda República varios líderes republicanos debieron huir de Venezuela. Bolívar, quien estuvo en Jamaica realizando gestiones para concretar el apoyo del gobierno británico a la causa independentista, decepcionado de la posición de la corona inglesa, se marchó a Haití donde logró el apoyo del presidente Alejando Petión, no sin comprometerse a realizar acciones en favor de la libertad de los esclavizados.

Con la ayuda de Petión se organizó la expedición de los Cayos, acción militar para la que se convocó al liderazgo militar venezolano y cuyo primer punto a debatir fue la definición de la jefatura militar. En este contexto, el liderazgo y la rivalidad de los libertadores de occidente y oriente: Simón Bolívar y Santiago Mariño polarizaron la escena del encuentro, pues se trataba de formas particulares de ver y entender la guerra. La gran mayoría se inclinaba por reconocer la jefatura de Bolívar, en tanto que el francés Aury  junto a otros, proponía la designación de una jefatura colectiva integrada de tres a cinco miembros de la que haría parte Bolívar.

Al final, la balanza fue inclinada por Luis Brión, a cuya jefatura respondían parte de las embarcaciones y tripulación disponible para la expedición, quien afirmó que la contribución de sus “bienes y de su crédito” sólo sería posible bajo la jefatura de Bolívar. Éste fue reconocido como jefe militar con la oposición de José Francisco Bermúdez, de un venezolano de apellido García y de los franceses Ducaylá y Collot. Fue un triunfo importante para consolidar el liderazgo de Bolívar.

Este éxito político sería seguido del reconocimiento que en la isla de Margarita logró obtener Bolívar como Jefe Supremo del proceso independentista por una asamblea de Jefes patriotas quienes reconocieron sus esfuerzos militares y su liderazgo. Fue este un paso fundamental para la conducción de esta nueva etapa de la guerra de independencia, que no estuvo ausente de diferencias y conflictos como lo evidencian los sucesos que condujeron al enjuiciamiento y fusilamiento del general Manuel Piar en 1817. Sin embargo y a pesar de todo, el reconocimiento que alcanzó Bolívar en Margarita como Jefe Supremo sería ratificado más tarde, en 1819, por el Congreso reunido en Angostura. Decisiones que contribuyeron a consolidar la unidad de los mandos militares y de las acciones que debían emprenderse para lograr la derrota definitiva del imperio español.

 

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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

Ciudad Valencia