tarjeta de comisariato

El invento de la cesta ticket se las ha arreglado para romper la barrera del tiempo y quedarse entre nosotros.

Muchas veces las personas caen en el error de pensar que cosas que se están viendo o viviendo ahora son nuevas, pero no es así. En este análisis trataremos de mostrar una de esas cosas que estamos viviendo y que tienen larga historia entre nosotros.

A propósito de la alharaca que se ha armado, dada la medida del Gobierno Nacional de regresar el pago de la cesta ticket a la tickera, bien vale recordar que para nada este instrumento es nuevo, ha tenido un propósito cuestionado por unos, ennoblecido por otros, pero nunca ha sido del todo indiferente, puesto que afecta lo más importante para una familia, como lo es  su poder adquisitivo. Sin embargo, ¿cómo fue que empezó todo esto en nuestro país?

 

Un poco de historia

La primera huelga petrolera en Venezuela se desarrolló entre el 14 diciembre de 1936 y el 24 de enero de 1937, y tuvo un inmenso apoyo popular, además de ser una de las mayores batallas libradas por nuestro pueblo contra el imperialismo, sus transnacionales y sus agentes criollos.

El para entonces presidente venezolano Isaías Medina Angarita decretó en el año 1942 la obligación que tendrían las empresas petroleras, a partir de entonces, de crear casas de abastos en sus campamentos o áreas operacionales.

 

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Luego de aquel paro llegó entonces el revolucionario decreto: en  cada campamento, sin excepción, las compañías petroleras  que hacían vida en Venezuela, como la Creole Petroleum Corporation, Compañia Shell de Venezuela,  e incluso la Mene Grande Oil Company,  tenían una casa de abastos ubicados en La Salina, Tía Juana, Lagunillas y, por su puesto, como era de esperarse, en el oriente del país.

 

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Luego de las  discusiones de los contratos colectivos, esta medida fue incluida como cláusula contractual en los colectivos petroleros de estas tres empresas. El beneficio era para las tres nóminas que existían: gerencia profesional y técnica, nómina mensual y nómina diaria.

El requisito único  o “conditio sine qua non”  para ser usuario de lo que se  conoció como el  comisariato o comisare, era pertenecer a la nómina petrolera y poseer la tarjeta, cuyo diseño era muy peculiar: cartulina gruesa, color amarillo claro, tenía columnas y filas en forma de cuadriculado y en la parte superior tenía los doce meses del año. Hacia los lados los productos y las cantidades autorizadas.

 

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 Cada vez que se utilizaba, la pinchaban, es decir, le hacían un hueco pequeño como “control de uso”.


 

Esta medida duró toda la década de 1940. Aparecen los productos ya fijos: escobas, plátanos, papel sanitario, jabones en escamas, caraotas, maíz pilado y en concha, café supremo, sopas, talco y agua de colonia entre otros artículos.

 

Los productos eran subsidiados por las empresas petroleras,  de ello  se encargaban los departamentos de Materiales o Suministros.

 

 ¿Cómo funcionaba?

Las empresas suministraban un total de 12 fichas al año, con el tiempo, por medio de acuerdos leoninos empresas-sindicatos –que no eran más que pactos llenos de vicios y de cláusulas poco claras– se eliminaron tres de esas fichas, dejando sólo 9 al año.

Luego vino una política sistemática por parte de las empresas para crear falsos desabastecimientos –y aparecen las forzadas carencias como arma– con el fin de tener argumentos de peso, de hecho y de derecho, para eliminar los comisariatos y proponer el cambio de la ficha por un método más moderno, algo parecido a lo que conocemos hoy como la Tarjeta Electrónica de Alimentación.

 

Un poco de actualidad

Llegaba el moderno y convulso año 1997 y los diputados y diputadas de La Causa R propusieron ante el entonces Congreso de la República la Ley de Programa de Alimentación para los Trabajadores, con el objeto de no solo derogar la anterior ley, sino también de crear un programa de alimentación para mejorar el estado nutricional de los trabajadores y trabajadoras, a fin de fortalecer su salud, prevenir las enfermedades profesionales y propender a una mayor productividad laboral. Esta Ley fue aprobada y publicada en Gaceta Oficial No. 36.538 de fecha 15 de septiembre de 1998.

 

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Los alcances obtenidos en beneficio de los trabajadores y trabajadoras con la aprobación de esta Ley fueron:

La incorporación de  empresas al Programa de Alimentación. En efecto, la LAT (Ley de Alimentación de los Trabajadores y trabajadoras) obliga a un mayor número de empresas que la anterior ley, que imponía la obligación de otorgar el beneficio de alimentación a aquellas empresas que tuvieran más de 50 trabajadores a su cargo, en tanto que la nueva LAT lo establece para las que apenas tengan veinte 20 trabajadores o más, con lo cual se aumenta la cantidad de empresas obligadas a otorgar el beneficio.

 

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Se incorporó también a un mayor número de trabajadores al Programa de Alimentación. Anteriormente, bajo la vigencia de la derogada ley, sólo se beneficiaban los trabajadores que devengaran hasta dos  salarios mínimos mensuales, quienes quedaban excluidos del beneficio cuando llegaran a devengar tres; como consecuencia de ello, aquellos trabajadores que ingresaran a una empresa devengando más de dos salarios mínimos y menos de tres salarios, quedaban excluidos de la aplicación del beneficio.

De tal manera que es un error pensar que se trata de un capricho o una manera de torturar al pueblo, prácticamente siempre fue y probablemente siempre será, una ayuda, un mecanismo que nació muchos años hace y  que aun cuando la manera de efectuarlo no sea del agrado de muchos, siempre es bienvenido.

Volviendo al tema de los comisariatos, eran una manera de que las grandes corporaciones petroleras se pagaran y se dieran el vuelto, puesto que la mercancía que allí vendían era el excedente del mercado norteamericano, y de eso no le quedaba nada al estado.

 

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Pero esa mercancía “de primera” solo era accesible para los trabajadores de la empresa, como se mencionó antes,  a través del sistema de racionamiento impuesto por la burguesía explotadora de la época, ellos sí  impusieron un sistema de racionamiento y control, que muy lejos está de parecerse al Carnet de la Patria, o cualquier  otro sistema creado en Revolución.

Por medio del ese sistema de control burgués, aunque unos pocos tenían la ilusión de ser privilegiados o beneficiados, la realidad es que solo se alimentaban intereses, por mucho que argumenten y esgriman razonamientos traídos por los pelos; solo de eso se trataba.

Con la puesta en marcha de la Ley de Alimentación de los trabajadores, el asunto comenzó a cambiar, sin embargo, siempre existió la “guachafita” por parte de los empresarios, empleadores, contratistas o como se les quiera llamar, a los que no les temblaba el pulso ni fruncían el ceño cuando argüían razones para no pagarlo, tales razones iban de lo risible y verdaderamente hilarante, a lo realmente absurdo, pasando por lo tiránico y cayendo de lleno en lo esclavista.

 

Hacían trabajar a familiares, amigos o personas con cualquier otro nexo, nunca declaraban la cantidad total de trabajadores, solo algunos tenían el beneficio y otros no, porque supuestamente ganaban mucho,  o simplemente hacían firmar contratos donde de manera poco clara renunciaban a este beneficio.

Llegó el Comandante y mandó a parar

El presidente Hugo Chávez, a través del decreto No. 8.189, con fecha 3 de mayo de 2011, dictó el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Reforma Parcial de la Ley de Alimentación para los Trabajadores y las Trabajadoras. Todos los trabajadores disfrutarán de Cesta tickets. Sin importar el número mínimo de trabajadores de la empresa. Y en la intervención en la cual hacia el anuncio informó:

 

“Empresas deben pagar cesta tickets a todos los trabajadores y este beneficio no podrá ser suspendido por vacaciones o reposo”.

 

De tal manera que el gobierno del Comandante Chávez solo le sacó punta a lo ya inventado en tiempos en los cuales ni siquiera había llegado a la presidencia, y lo extendió al pueblo; por su parte, el presidente Nicolás Maduro sabiamente le ha dado continuidad ajustándolo todo cuanto se puede para que éste ayude a resistir los embates de esta guerra económica que nos oprime.

 

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Mal se podría hacer crítica negativa a tal beneficio, independientemente de cómo se pague,  ya que solo busca el beneficio de la masa trabajadora sin importar su tendencia política, raza, credo ni religión.

José Becerra/Ciudad Valencia 

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