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Vi hace una semana en CineArte Patio Trigal (UC), el denominado documental fílmico “Los niños de Las Brisas” (Children of Las Brisas), guion y dirección de la cineasta nacida en Valencia (Venezuela), y asentada en los EEUU, Marianela Maldonado.

El protagonista del llamado documental fílmico es, supuestamente, el Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela, fundado por el maestro larense José Antonio Abreu en época de la cuarta República, pero que alcanza su mayor esplendor dentro de la política cultural inclusiva de los gobiernos bolivarianos del comandante Chávez y del presidente Maduro.

Al salir de la sala, frustradas muchas de mis expectativas, requerí de inmediato la opinión de Armando Amanaú, cinéfilo de vieja data, quien la había visto y me había conminado a verla, algo que, por cierto, yo ya me había propuesto.

“¿Qué te parece de verdad la película que me instaste a ver?”, le pregunté. “¿Te gustó?”…

 

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Los Niños de las brisas-cine arte patio trigal-Children of Las Brisas

Ella tuvo en sus manos la posibilidad real de hacer algo grande como arte; sin embargo, malogra el discurso cinematográfico por el tratamiento tendencioso de la trama. Un Oliver Stone, para poner un ejemplo de un director gringo contemporáneo que ha realizado documentales; incluso un Clint Eastwood, hubiesen hecho, cualquiera de ellos, una maravillosa película. Ellos hubiesen  tocado las causas que engendraron la crisis y tomado imágenes inevitables como las del terrorismo que quemó vivas a personas inocentes. La obra de arte trabaja la verdad, y aquí la historia que tuvo en sus manos se escapa, al integrarla solo por vía del discurso ideológico. El Sistema de Orquestas continúa, y allí se declara su desaparición. Pienso que alguien dentro de la producción no pudo superar la tentación bien pensante (“el discurso correcto”), montándose en la ola “globalizada” de un documento militante.

La dirección zozobra en la orilla frente a un mar de hondas significaciones. Quizás falló el asesoramiento histórico. La falla no es técnica, sino conceptual, pues la cámara, el sonido, la actuación en general, a mi entender, funcionan muy bien; pero, al no concluir e integrar su discurso, se advierte la manipulación, los grandes baches. Una buena dirección y realización no es suficiente garantía en el gran cine, y ahora la película tiene la posibilidad de llegar hasta allí al pasar el momento electoral. Seguramente cosechará aplausos y obtendrá premios de quienes acusan al gobierno de dictadura, al tiempo en que la película se estrena y exhibe en Venezuela con absoluta tranquilidad, observándose además, entre los créditos, el apoyo del Fondo  Nacional Cinematográfico. Creo que la película alcanza un gran momento con la escena en donde un muchacho se burla del eslogan chavista “Tenemos patria”, y la abuela le responde con convicción absoluta: “Sí, tenemos patria, no lo olvides”.

 

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Luis Alberto Angulo [Rivas]. Nació en Barinitas, estado Barinas (VEN), en 1950. Coterráneo de los poetas Enriqueta y Alfredo Arvelo Larriva. Autor de las sumas: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (Universidad de Carabobo, 2000), La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2021), títulos publicadas por Monte Ávila Editores, colección Altazor. Prologa la edición en vida de la Obra poética completa de Ernesto Cardenal (Editorial Patria Grande, Buenos Aires, Arg. 2008).
Premio del IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC), otorgado anteriormente a: Jim Seguel, Arnaldo Acosta Bello y Eli Galindo. En Valencia, ciudad donde reside desde hace más de cincuenta años, ha sido columnista de los diarios Notitarde, El Carabobeño y Ciudad Valencia, jefe de redacción de la revista Poesía (UC) y director de las revistas Zona Tórrida (UC) y Redve (Red Nacional de Escritores de Venezuela). Ha realizado selecciones poéticas de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, César Vallejo, Ernesto Cardenal, Enriqueta Arvelo Larriva, Teófilo Tortolero, Gelindo Casasola, Rómulo Aranguibel, Lubio Cardozo y Ana Enriqueta Terán.

 

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