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Armando José Sequera, autor de la columna: Carrusel de Curiosidades

En aquellos lugares donde la iluminación urbana lo permite, puede verse en el cielo una franja resplandeciente, conformada por miles de puntos luminosos, que se alza en medio del paisaje nocturno.

Esa franja es la galaxia espiral barrada que hemos llamado Vía Láctea, en uno de cuyos brazos se encuentra el sistema solar al que pertenece nuestro hermoso y maltratado planeta Tierra.

Tal visión, apenas conocida por quienes se han criado en ciudades, es la que se tiene de dicha galaxia, desde la superficie terrestre y, obviamente, no se ve así desde otros planetas y satélites del vecindario que gira en torno al Sol.

Una galaxia se clasifica como espiral barrada cuando cuenta con una banda central de estrellas brillantes que, como si fuera una barra, va de un lado a otro de la misma galaxia.

Los brazos espirales parecen surgir de los extremos de la barra, a diferencia de las galaxias espirales comunes, donde dichos brazos dan la impresión de brotar del núcleo o cuerpo galáctico.

 

La Vía Láctea-El Espolón de Orión

Nuestro sistema solar se encuentra en uno de los brazos de la espiral, a una distancia inimaginable del centro de la galaxia: nada menos que 28.000 años luz. Por fortuna, estamos bastante lejos, ya que en ese centro se encuentra un agujero negro supermasivo cuyo apetito de materia estelar es insaciable.

El lugar preciso donde nos hallamos en la Vía Láctea ha sido bautizado por los astrónomos como Espolón de Orión, debido a que en él se halla la nebulosa del mismo nombre.

Este Espolón no forma parte de ninguno de los dos brazos mayores –los llamados escudos de Centauro y Perseo–, sino que es parte del desprendimiento de uno de los brazos menores, el de Sagitario.

La Vía Láctea tiene un tamaño estimado de 200.000 años luz de extensión y un espesor de 10.000. En tan enorme espacio conviven, aproximadamente, 300.000 millones de estrellas, una de las cuales es el pequeño astro que cotidianamente ilumina nuestros días y corazones.

El nombre de nuestra galaxia proviene de la mitología griega. En esta se explicaba que ese camino blancuzco era la leche derramada del pecho de la Diosa Hera, hermana y esposa de Zeus, el dios principal del Olimpo.

La historia se cuenta así: Heracles era un hijo bastardo de Zeus, con una reina mortal, Alcmena. Por ello, pese a ser descendiente de un dios, carecía de los dones de los inmortales.

Para que los adquiriera, era necesario que bebiera leche materna de una diosa.

 

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En ese momento, Hera amamantaba a sus dos bebés, Ares  y Hebe. Aprovechando que los niños pequeños se parecen tanto entre sí, Zeus puso a Heracles junto a sus hijos. Sin darse cuenta del engaño, su esposa tomó al futuro héroe y le dio el pecho. Heracles succionaba con mayor fuerza que Ares y eso llamó la atención de Hera. Cuando escuchó llorar a Ares, se dio cuenta de que había sido víctima de un engaño.

Entonces apartó a Heracles con mucha ira, pero de su pecho siguió manando leche en abundancia. Esta era tanta que corrió por el Olimpo y se extendió por el éter, formando ese camino sideral que fascinó y sigue fascinando a los que tienen la suerte de verlo en el infinito cielo nocturno.

 

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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).

Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una sogaLa vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños TeresaMi mamá es más bonita que la tuyaEvitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.

«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».

 

Ciudad Valencia / Foto del autor: José Antonio Rosales