“Estudios al día y lucha siempre (7)” por José David Capielo

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Llegamos a la etapa entre el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ocurrido en octubre 1970, pasando por su reapertura, entre abril-mayo de 1971, hasta el inicio de mi octavo semestre en dicha institución en marzo de 1974.

Durante la paralización universitaria realicé distintas actividades en Coro. Los regresos al terruño siempre tuvieron gran significado. Eran (y siguen siendo) el reencuentro con los orígenes, con los admirados Médanos y las querencias; el compartir con mis padres y hermanos, en sus distintos hogares, y el intercambio con amigos y allegados.

Con mi padre había estima y discusiones como siempre. Le llevaba mis notas certificadas, como comprobante de mis estudios. Él comentaba: “Estás estudiando, pero, sigues metido en vainas”. Estaba al tanto de mi participación en los conflictos. Con mi madre era todo un disfrute de afecto mutuo. En su gran religiosidad, decía tenerme siempre en sus oraciones: “Para que todo marche bien”.

Fue importante el contacto amistoso con algunos compañeros egresados del liceo. Especial fue  mi relación con “El Negro” y “EL Catire”, camaradas exmilitantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que no solo estaban en la Universidad del Zulia (LUZ), en Maracaibo, sino que tenían responsabilidades políticas con la recién constituida Bandera Roja (BR). “El Negro” decidió después irse a las guerrillas en el oriente del país. “El Catire” fue activista y más tarde docente universitario en el Zulia hasta su muerte en 2016.

Inicialmente con ambos, y luego solo con “El Catire”, mantuve la vinculación política. Discutía la necesidad de la combinación de las formas de lucha, la inconveniencia de realizar solo lucha insurreccional; que debería participarse activamente en las organizaciones de masas. Ambos priorizaban el “reclutamiento” de gente para el aparato armado; con lo cual yo no cuadraba.

También estuve trabajando, poco más de un mes, en el Censo Nacional de Población. A inicios de 1971, junto con unos cinco compañeros de la UCV-Agronomía, nos fuimos al Zulia (a LUZ) para intentar retomar los estudios ante el prolongado cierre en Maracay. Logramos una inscripción provisional en Agronomía e iniciamos clases. No llegué a concluir el semestre en vista del anuncio de la reapertura en UCV. Esos pocos meses de estadía en Maracaibo representaron, sin embargo, una buena experiencia.

Regresé a Maracay en lo inmediato, dejando en el Zulia grandes amistades y gente muy solidaria. Hubo incluso la posibilidad de un emparejamiento inmediato, que decidí no realizar, quizás para no tener que quedarme por allá. Reiniciaría en la UCV mi tercer semestre.  

Aprobé en ese lapso las siete materias cursadas. Esto abrió la posibilidad de solicitar una beca ante la Organización de Bienestar Estudiantil (OBE), que me fue otorgada a partir del siguiente semestre. Esa beca de 400 bolívares mensuales fue importante tanto para darme una relativa autosuficiencia, como para descargar a mi padre del esfuerzo de aportarme los 200 bolívares comprometidos. Ya él completaba  trece hijos en su nuevo hogar.

En las luchas estudiantiles mantuvimos la beligerancia contra la intervención del gobierno adeco-copeyano. No avalamos las elecciones estudiantiles donde se eligió el llamado FREUCV (1971), que sustituyó a la FCU. Tampoco acompañamos las elecciones de autoridades en 1972, donde AD-COPEI “ganan” con Rafael José Neri como rector. Hubo también elección de nuevos decanos en nuestras facultades.

Con varios compañeros comprometidos decidimos constituir un grupo estudiantil que denominamos COPELBO (Comité de Peladores de Bolas) como expresión de “los desposeídos”. COPELBO, a partir de su constitución, se erigió en estandarte de todas las luchas reivindicativas y políticas en UCV-Maracay, incluso más allá del medio estudiantil. Se ejerció un importante liderazgo, aun cuando, por ser abstencionistas, no formábamos parte de los gremios estudiantiles.

Pese a todos los enfrentamientos, avanzamos en los semestres 4°, 5°, 6°, 7° e inicios del 8°. Es decir, logramos cursar cinco semestres para dar inicio a ese octavo dentro de la cohorte estudiantil en la que había ingresado a la Facultad.

 

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Como fortaleza, mantuve mi beca universitaria. Exigían no reprobar más de una materia, una sola vez. Hasta el séptimo semestre aprobé unas 40 materias, más del 70% de las asignaturas requeridas. No existían aún las tesis de grado.

Con COPELBO libramos infinidad de luchas. Más allá de nuestra consecuencia en los enfrentamientos, pecamos de radicalismo (o ultra izquierdismo) al subestimar nuestra participación en los gremios existentes. Ganábamos en las asambleas, pero el “Centro de estudiantes” lo controlaban el MAS, AD o COPEI, coincidentes en “aquietar” al movimiento estudiantil.

Debía entonces yo transitar ese resto de 1974, que trataré en una próxima entrega. Allí muchas cosas cambiarán, incluidas mis prioridades en lo personal.

 

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José David Capielo Valles es ingeniero agrónomo y magíster en Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Campus Maracay. Nacido en Coro, estado Falcón, en 1949. Es docente jubilado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Canoabo (2016). Es locutor, comunicador alternativo y colaborador de Ciudad Valencia desde 2014.

 

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