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Armando José Sequera, autor de la columna: Carrusel de Curiosidades

En el siglo XIX y en los primeros años del XX se creyó que había una relación entre el tamaño del cerebro humano y la inteligencia. Por ello, se hizo común la práctica de medir la capacidad craneana y pesar el cerebro de los grandes genios, una vez que habían muerto.

 

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Tal práctica nació el 15 de mayo de 1832, cuando se estudió el cerebro del barón Georges Cuvier, considerado el mejor científico francés de entonces.

Ese día, los principales médicos de Francia se reunieron para diseccionar el cuerpo de Cuvier. Según su informe, no hallaron nada significativo en el tórax del célebre científico, pero sí en su cerebro: este pesaba nada menos que 1.830 gramos.

Para comprender lo que ello significaba es necesario saber que si bien el peso del cerebro humano varía de una persona a otra y se modifica con la edad, tal variación oscila dentro de ciertos promedios.

Así, el cerebro de un recién nacido pesa unos 325 gramos y, durante los dos primeros años de vida, aumenta hasta alcanzar casi un kilo. A los siete años, nuestro cerebro pesa más o menos 1.250 gramos y, desde los 14 años hasta la edad adulta, llega a 1.400 gramos.

De allí el asombro de los científicos franceses al encontrar que el cerebro de Cuvier pesaba 400 gramos más que el de cualquier individuo común y corriente.

Tal hallazgo hizo pensar que existía una correlación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia de las personas.

 

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Medio siglo después, en 1883, se desató una verdadera cacería de cerebros grandes cuando se pesó el del recién fallecido escritor ruso Iván Turgueniev y superó en 182 gramos al de Cuvier.

Sin embargo, en los primeros años del siglo XX, nuevas mediciones arrojaron resultados contrarios a lo que se pensaba. Cuando se estudiaron otros cerebros de científicos, filósofos y escritores notables se obtuvieron conclusiones definitivas contra la teoría señalada al comienzo de esta nota.

Los cerebros de dos escritores célebres como el estadounidense Walt Whitman y el Premio Nobel francés Anatole France no solo no superaron las marcas antes señaladas, sino que tenían un peso por debajo del promedio.

 

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En los casos de ambos escritores, el asombro de los médicos que pesaron sus cerebros fue inverso al experimentado por los colegas que trabajaron con los de Turgueniev y Cuvier.

El de Whitman pesaba 1.282 gramos y el de Anatole France sólo 1.017, esto es, casi un kilo menos que el de Iván Turgueniev.

 

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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).

Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una sogaLa vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños TeresaMi mamá es más bonita que la tuyaEvitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.

«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».

 

Ciudad Valencia / Foto del autor: José Antonio Rosales