Iskra
Lenin, creador de Iskra en 1890.

Pese a dificultades actuales los ideales no deben corromperse

Lenin fundó Iskra un 24 de diciembre con ese sentido de visión que fue alimentado por propósitos bien identificables al de una causa justa más allá de lo que despiertan los intereses particulares

Para finales del año 1900 se da a conocer en Leipzig, Alemania la publicación del medio impreso Iskra (La Chispa) con el cual el joven Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) marcaría la pauta del sentir revolucionario de las clases populares de la futura Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Como no se trata de cualquier hecho histórico literario ocurrido a inicios del siglo pasado, desde un modesto espacio de la sala de redacción de este órgano informativo llamado Ciudad Valencia hemos querido rendir tributo a esa forma de encender la llama por medio de la chispa. Aquí la revolución es a diario, y ser revolucionario no es asunto de moda ni tampoco entelequia.

Cuando las ideas brotan de manera determinantes y los ánimos galopan sin parar entonces surge la preocupación de cómo plasmar esos pensamientos que al no controlarlos pudieran escapar de nuestras amarras sin que marquen huellas en la nada. Así nos imaginamos fueron las inquietudes primitivas de aquellos antepasados que vieron en las piedras y en la tierra las primeras superficies aptas para representar cualquier tipo de señales y símbolos con tal de enviar un mensaje a los colectivos.

Pues bien, con esta explicación, cabe la razón al decirse Lenin fundó La Chispa con ese sentido de todo visionario alimentado por propósitos bien identificables al de una causa justa más allá de lo que despiertan los intereses particulares.

La obra de este líder ruso es clave del marxismo. Lenin no sólo sintetizó los primeros dos años de su trabajo en Iskra sino que también hizo un seguimiento de los conflictos y las huelgas obreras que se fueron incrementando en las ciudades rusas a partir de la década de 1890 y planteó la necesidad de combatir el carácter espontáneo que tienen las mismas, por eso, ante las inquietantes disyuntivas de su tiempo surgió un ¿Qué hacer? (publicación de 1902) que fue una recopilación de datos sobre el escenario clasista de entonces y que posteriormente lo ayudaría orientarse en el accionar de simpatizantes con nuevas ideas revolucionarias. A partir de 1895 se produjo uno de los ascensos obreros más grandes de la época, que incluso alcanzó el medio millón de huelguistas (la clase obrera rusa alcanzaba el millón y medio de trabajadores nucleados, en su mayoría, en grandes concentraciones fabriles para 1900).

No obstante, en la Venezuela de 1998 en adelante tales circunstancias en procura de cimentar los estudios que envuelven la lucha de clases dentro de un país altamente polarizado y de poco criterio clasistas revelan que se vive mejor es no produciendo y que lo mejor que se produce es seguir comiendo del Estado. Claro está que tales advertencias y rechazos a la dependencia petrolera fueron señaladas por el Presidente Chávez «n» de veces pero bajo los análisis que se hiciesen de la Agenda Alternativa Bolivariana traídas antes de las elecciones del `98 han tenido la falta de profundidad que visiblemente, se han dado por sentado, las hubo con la revolución rusa abriéndose camino en cada una de las fases con tal de cambiar lo nuevo por lo viejo.

En tal sentido los venezolanos somos testigos que en el Siglo XXI, en tiempos de la era digital, más de un Iskra aúpa con todo ese sacrificio que significa impulsar una publicación en medio de la tamaña crisis especulativa producto de la manipulación de contenidos con tal de fulminar el proceso revolucionario, pero véase, desde ópticas distintas, algo propio de la democracia, pero lo evitable es perder la perspectiva del camino a seguir para lograr los objetivos de la  Revolución Bolivariana. Frente los altibajos con que ha podido mantenerse el gobierno al final de este 2017 es que existe un soporte comunicacional propio de un chavismo direccionado y compacto que intenta frenar el empuje de la canalla mediática compuesta por medios colonizadores organizados en bloque, televisoras digitales más cableras y emisoras de gran potencia internacional que son en conjunto las que realmente desde Venezuela se rivaliza, pues se trata de grandes monstruos comunicacionales cuyos presupuestos son tan altos como los conocidos se elaboran en las grandes producciones hollywoodense.

Recordar al Iskra es un gran salto en el tiempo pero también una forma de alimentar conciencia sobre el liderazgo que debe impulsarse en todos los sectores de la sociedad venezolana.

En definitiva, lo conveniente es seguir apoyándonos cada vez más en una gran fuerza unitaria comunicacional ante la incesante usanza de la  bestia herida del capital, que bajo la mortaja por controlar una nación necesitada de salidas reales, jurídicas, efectivas, humanísticas para su independencia económica solo le asiste es el ataque feroz, impulso a final de cuentas de la prensa arrogante. En todo este tiempo ha sido medible la acción contrarevolucionaria con tal de desprestigiar, no conforme, el voto soberano por cada elección efectuada sino sacudir la tranquilidad que solo puede brindar un gobierno interesado por impulsar otras economías apartes de la renta petrolera, y la que verdaderamente marque la pauta de una revolución capaz de enfrentar eso que llaman globalización de mercados, al final de cuentas, una mentira convertida en pesadilla. Por tales argumentaciones, ése es el papel de Iskra en tiempos de la revolución Bolivariana.

Brígido Daniel Torrealba (*) Ciudad VLC (*) bridator2@gmail.com

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here