Del Medanal venimos-José David Capielo-Fernández-Morán
José David Capielo autor de la columna Del Medanal Venimos

Ya cercano al final de este mes de enero rescato en la continuidad de reflexiones de vida una consideración afectivo-solidaria que he tenido sobre este mes inicial del año, en el que en forma coincidente cumplen años, o conmemoran natalicio, varios miembros de mi familia, incluidos mis padres y mi hija.

Un 24 de enero de 1920 nació Paz Agustina, mi madre, y en su cumpleaños siempre existió lo que identifico como ratificación de afectos, que va más allá de regalos materiales o de grandes celebraciones. Ella fue realmente una mujer ejemplar dedicada en forma íntegra a la atención de su extensa familia. Siempre tuve el acuerdo con ella en esa fecha, aun fuese con una llamada cuando era imposible visitarla. Otras veces compartimos junto a mis hermanos y familiares cercanos. Ella siempre valoraba esa reafirmación amorosa en tan importante fecha, hasta su “cambio de paisaje” en el 2010.

Un 20 de enero de 1920 nació mi padre David (tenía un solo nombre), es decir era de igual edad que mi progenitora (además de ser parientes cercanos). Él aunque tuvo su época de joven parrandero y tomador “social”, no celebraba cumpleaños como tal, aunque gustaba que sus hijos le recordaran en su natalicio y normalmente lo visitábamos ese día. En noviembre de 1990, apenas a sus 70 años, fallece en una de las varias emergencias cardíacas que le afectaron.

En mi núcleo familiar de mis hermanos uterinos (8), tanto mi hermano mayor, Henry, como una de mis seis hermanas, Sonia, cumplían año en enero (ambos ya fallecidos). Luego entre los sobrinos y nietos de Paz Agustina al menos seis de ellos nacieron igualmente en este mes. Y obviamente mi hija Paz, como ya referí.

De manera que enero era de celebración en la familia dentro de toda la rutina que cada quien debía cumplir. Para mí, en las diferentes etapas por las que pasé, incluso las más complicadas o riesgosas, tuve la atención obligatoria de al menos reportarme de alguna manera en estas fechas.

Vinculo esta referencia personal de fechas conmemorativas familiares con una discusión que sostuve un tiempo con un muy estimado amigo y camarada desde los tiempos del liceo, que simplemente “desapareció” de todo ámbito, se dedicó a la lucha política insurreccional en forma clandestina, pero que a mi criterio descuidó la relación básica con su madre y sus dos hermanas, que clamaban por saber de él y ayudarle, si era el caso, y nunca correspondió a esos afectos como debió ser.

La madre de este amigo murió sin tener algún contacto o saber de su existencia. Claro, él justificaba esto con el tema de la seguridad y los cuidados para no ser detenido o muerto por los cuerpos policiales. Tiempo después, en los años ‘80, fueron sus hermanas y sobrinos quienes desde Coro lo visitaron como preso político en Caracas.

Considero al respecto que aún en medio de cualquier asedio represivo, todos los revolucionarios comprometidos y activos en la lucha revolucionaria, sea clandestina, armada o de cualquier otro tipo, pueden y deben tener sus mecanismos idóneos no solo para comunicarse, sino para “atender” en el mejor sentido a su familia, que ante cualquier circunstancia de detención o desaparición son los que van a lidiar con la denuncia, por su integridad física, su libertad o rescate de sus restos, tal fuese el caso.

Yo recordaba el caso ejemplarizante de la señora Zenaida Mata de Rodríguez, quién por 40 años luchó con amor infinito por la aparición del cadáver de su hijo Noel Rodríguez, asesinado por los cuerpos represivos de AD y COPEI, hasta que en el 2013 fueron localizados y entregados sus restos mortales por el Gobierno Bolivariano, en un emotivo acto homenaje en la Asamblea Nacional, con presencia del presidente Nicolás Maduro. Doña Zenaida pudo finalmente enterrar a su hijo en la ciudad de El Tigre, estado Anzoátegui, donde reside y para esta fecha aún vive, a los noventa o más años.

Volviendo a Coro y mi núcleo familiar, recuerdo que en el año 2000, ya en otras condiciones políticas, realizamos todos los hermanos un gran esfuerzo por conmemorarle los 80 años a Paz Agustina. Ella había manifestado que solo quería algo modesto y en la intimidad familiar. Lo cierto es que al realizar el listado de los posibles invitados a esa recepción “íntima”, la nómina daba más de cien asistentes (con la sola familia) para lo cual la casa materna se quedaba pequeña.

Debimos finalmente  alquilar el “Club Concordia” (sitio relativamente económico en esa época) donde pudimos, con aportes de todos, cumplir con esta celebración por demás merecida, donde mi madre estuvo más que complacida, rodeada y homenajeada por la casi totalidad de sus familiares más cercanos.

 

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Ya relaté el episodio del nacimiento de mi hija Paz a finales de un mes de enero. Yo había estado en Coro los días de Navidad y Año Nuevo junto a Miriam, compañera de siempre, ya con su embarazo avanzado. Hubo la propuesta fraterna de una de mis hermanas, residente en Paraguaná, para dar alojo y acompañar hasta el parto a mi compañera, y así se hizo resultando todo favorable. Solidaridad y afecto familiar se juntaron y, por ello, nuestro agradecimiento por siempre.

Insisto a tono de moraleja que en especial para quienes nos reivindicamos revolucionarios por siempre, es fundamental siempre esa relación con nuestra familia, en condiciones de respeto mutuo, ya que algunos pueden no coincidir  plenamente con nuestras ideas.

El activismo político revolucionario comprometido y todo lo que implica (aun sea a tono de simpatizante o colaborador) está basado además que en nuestra conciencia y voluntad, en el apoyo solidario de nuestro pueblo. En esto último se incluyen nuestros seres queridos, que de alguna manera y en la mayoría de los casos, siempre trataran de favorecer nuestro bienestar.

 

 

“…ha emergido una nueva metodología de conocimiento de lo social que se apoya en la experiencia de lo vivido, en la subjetividad como forma de conocimiento, tan válido como los números, los modelos, las curvas o cualquier otro instrumento estadístico”. (Profesor Víctor Córdova. UCV, 2003)

 

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José David Capielo Valles es ingeniero agrónomo y magíster en Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Campus Maracay. Nacido en Coro, estado Falcón, en 1949. Es docente jubilado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Canoabo (2016). Es locutor, comunicador alternativo y colaborador de Ciudad Valencia desde 2014.

 

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