Ciudad Escrita-Vielsi Arias-África-poesía-recitales
Vielsi Arias, autora de la columna de Ciudad Valencia "Ciudad Escrita"

Los festivales terminan, pero la poesía sigue tejiendo lazos de afectos y hermandad. El pasado mes de octubre fue inaugurado el 16º Festival Mundial de Poesía de Venezuela en los espacios del Teatro Teresa Carreño.

Un festival que convocó a poetas nacionales, entre los cuales tuve el honor de estar, y a 35 invitados internacionales de 30 países de los cinco continentes. Tuve la oportunidad de compartir, en esta ocasión, con el poeta de Mali Ismaël Diadié, exiliado ahora en Toledo, España, como consecuencia de la guerra que vive su país. Le cedemos la palabra:

 

Tombuctú

Vivir en Tombuctú hoy es vivir entre la maleta y el ataúd; elegir entre una muerte lenta o violenta y el exilio. En mi correspondencia con el Arzobispo Emérito Desmond Tutu, Ciudad del Cabo, Premio Nobel de la Paz, le dije una vez en una carta: “Tenía tres años cuando la independencia de mi país, seis años cuando empezó la rebelión Tuareg, nueve en el primer año de la sequía, doce en el año del cólera, quince en el año de la gran sequía; hasta mis treinta y cuatro años viví bajo un régimen militar, y desde mis treinta y cuatro años, vivo entre las guerras esporádicas causadas por la rebelión Tuareg y una paz precaria”.

 

El exilio

Salí de Tombuctú llevando conmigo, en mi barco, a 54 personas, entre ellas, 8 cristianos, una semana después de la conquista de Tombuctú por los islamistas. Después de meses en Bamako, capital de Malí, tuve que salir para Basilea, en Suiza, donde di una serie de conferencias y después elegí instalarme en España, donde vivo actualmente.

 

Custodiar la memoria

El 22 de Julio del año 1467, 1600 casas ardieron en Toledo, por la contienda entre cristianos viejos, judíos, musulmanes y conversos. Consecuencia de ello fue el exilio de mi antepasado Ali b. Ziyad al-Quti. Pasó por Africa del Norte, Sicilia, Oriente próximo dónde visitó las ciudades de Jerusalén, Damasco y Bagdad antes de ir a la Meca y volver a África dónde se casó con la princesa Kadiya Sila, sobrina del rey Sunni Ali Ber y hermana mayor del jefe de los ejércitos del Songhay y futuro Emperador, Askia Muhammed Sila. 

Fruto de este matrimonio su hijo Mahmud Kati conservó los manuscritos traídos por su padre y los de su tío, el Emperador Askia, para formar a principios del XVI lo que se conoce como Fondo Kati, la Biblioteca andalusí de Tombuctú. Yo soy el patriarca XII custodio de la Biblioteca, que cuenta con 12.714 manuscritos y 7100 textos escritos por los miembros de la familia Kati, de su puño y letra, en los márgenes de los manuscritos.

Esta biblioteca ha sido comparada con los manuscritos del mar muerto y los de la Gueniza del Cairo por el profesor John Hunwick de Northwestern University de Illinois (Chicago). La función de la Fundación Mahmud Kati que presido es trabajar en la conservación, restauración, digitalización y difusión de estos manuscritos. Para este motivo tenemos convenios firmados con diversas universidades, como las de Granada y de Cádiz, ayuntamientos y otras instituciones públicas y privadas.

 

Exilio y poesía

Desciendo de una familia de exiliados y toda mi vida está marcada por el exilio. El primer miembro de mi familia en exiliarse de España para instalarse en Tombuctú (Malí) fue el poeta, alarife y diplomático Es-Sahili. Nació en Granada hacia el año 1290 y murió en Tombuctú el 15 de octubre del año 1346. Es considerado como el mayor poeta de los 8 siglos de historia de al-Andalus. Su carta a Granada escrita desde África refleja toda su nostalgia y su amargura nacidas del exilio.

Después del Poeta Es-Sahili se fue de Toledo, mi ancestro paterno Ali b. Ziyad quien desciende de su familia del lado materno. Es también poeta y murió hacia el año 1516.

El exilio forma parte de mi existencia, mi historia y no tengo futuro fuera del destierro de los errantes. Mi poesía es mi vida y mi vida se expresa a través de mi poesía. Así no concibo mi obra poética sin la expresión del exilio. Al contrario de muchos poetas y pensadores del pasado, no considero el exilio como una desgracia. El exilio es una oportunidad para cada uno salir de su casa, para ir hacia el otro, descubrir el otro, su lengua, sus paisajes, sus costumbres. Solo saliendo de mi país puedo enriquecerme con lo que me da el país de los demás.

 

Poesía de Mali

Las primeras huellas de la poesía en Mali datan del siglo XII. Cuando moría un rey o una reina de mi familia, la de la dinastía de los Za, se mandaba de al-Andalus (Almería) epitafios de mármol para sus tumbas. Sobre uno de estos epitafios se encuentra un poema de Ibn Jafaja. Esta poesía seguirá con la obra de Es-Sahili (1290-1346) y después llega la de Sidi Yahya de Tudela también exiliado en Tombuctú (1468) y al final la obra de Ali b. Ziyad (1516). Es la época andalusí de la poesía de Malí. Seguirán muchos poetas africanos hasta la colonización francesa. Entonces se inicia una poesía maliense de expresión francesa, después del arábigo-andalusí. Estas poesías escritas se desarrollan en margen de la poesía Songhay y hasaniya. La actual poesía maliense es una poesía de expresión francesa. Tenemos una marginal poesía en lenguas nacionales como el Songhay, el Peul, el Bambara, el árabe y otras.

 

Influencias de la poesía

Todo hombre existe porque los demás existen. Yo soy porque los demás existen, dicen los africanos, es el significado de UBUNTU. Mi poesía no puede existir sin la de otros que me han precedido. La primera influencia que tuve muy joven fue la del Qoheleth llamado en la Biblia Eclesiastés. Dicen desde sus primeros versos: Vanitas vanitatum et omnia vanitas «vanidad de vanidades, todo es vanidad»

Ante este vacío tomé consciencia de la vanidad de todo en el mundo. Mi amigo el poeta Sonrhaï Barka Yam dijo: Nda soro hu nga key Bara ma kam ka ben

Aunque levantes un palacio, acabará cayendo en ruinas.

Ante esta evidencia de la vanidad de todo en el mundo, y después de conocer guerras, hambrunas, epidemias toda mi vida, lo único cierto que veía era el sufrimiento y su contrario posible, el placer. La poeta Sonrhaï de Tombuctú, Aïssa Alamiridjé, dijo:

 

Gnin ni minini
minini gnin go hallal
Alfaa diyo nga harga
 
Goza
Gozar es lícito.
Los sabios lo dicen.

 

Me he bañado en esta atmósfera de una literatura que llama al gozo frente a este mundo de sufrimiento, cuando de joven un amigo nuestro, Abdulay Umar, descubrió en la biblioteca del alcalde de Tombuctú un pequeño libro cuadrado con flores en la portada. El autor era Umar Khayyam y el título Cuartetos. Robó el libro, vino corriendo y nos mostró lo que decía: mi nacimiento no trajo al mundo provecho ninguno. Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza. Nadie jamás pudo explicarme porqué he venido ni por qué me iré.

 

Tebrae de Ismaël Diadié Haïdara-Ciudad Escrita-Vielsi Arias
Ismaël ante la estatua de Omar Khayyam frente a la Biblioteca Nacional de Caracas.

También dice: Sabes que careces de poder sobre tu destino. ¿Por qué el mañana ha de causarte inquietud? Si eres sabio, goza del momento actual. El porvenir? ¿Qué puede traerte el porvenir?

Hemos quedado fascinados por este poeta que decía lo que nuestros jóvenes pensaban. Hemos memorizado el libro y a los pocos días, nuestro amigo devolvió el libro a su sitio. Desde entonces, copiamos los Cuartetos de Khayyam y nuestros cuadernos escondidos nos acompañan por todas partes.

Ante las guerras y las hambrunas, nos hemos agarrados a esos poemas cortos como a un clavo ardiente.

Mi poesía nace de estas circunstancias y de este pasado literario. Está compuesta por dos versos. Se llaman Tebrae.

 

Hacia dónde vamos

Vivimos en un tiempo en que los hombres solos, viven en el momento presente a través de los móviles, televisiones y otros medios de comunicación. Olvidan que están hechos de historia. Pocas personas pueden nombrar hasta sus  bisabuelos. Mi antepasado Ismaël Kati dijo: “Quien no sabe de dónde viene, no puede saber hacia dónde va”.

 

SELECCIÓN DE TEBRAE DEL POETA ISMAËL DIADIÉ

De las Tebrae del poeta maliense, Virginia Fernández Collado, en su artículo «Tebrae de Ismaël Diadié Haïdara, cartografía de un libro», dice:

 

Tebrae de Ismaël Diadié Haïdara-Ciudad Escrita-Vielsi Arias

Si los tanka de cinco versos tienen en Takuboku su poeta, los cuartetos de cuatro versos en Khayyam su gran creador y los haikus de tres versos en Bashô su más representativo poeta, podemos decir sin exagerar que las tebrae, poemas de dos versos, los más breves hasta ahora, tienen en Ismael su renovador, pues nos da un género nuevo en la poesía breve cuyas raíces son los cantos de las mujeres africanas del Sáhara. La poética de Tebrae nos acerca, de algún modo, a la del cineasta ruso Tarkovsky. No hay un argumento lineal, sólo se siguen secuencias del tiempo. Tebrae, un libro escrito en tiempos de incertidumbre, de locura fanática y de ceguera de toda suerte tan parecida a la de Montaigne, de Khayyam o de Zhuang-zi, lecturas recurrentes en Ismael. Poeta de una risa desencantada, de un vagar de errante, de un placer que no ignora que las campanas doblarán para todos, Ismael en Tebrae nos da una efímera paz en la naturaleza donde vemos nuestra humana fragilidad. Tebrae nos deja al final más frágiles y desamparados, pero más libres, más humanos.

 

LEE TAMBIÉN: “EL HORIZONTE ES UNA INVITACIÓN PERMANENTE: ENTREVISTA A RODRIGO BENAVIDES”

 

TEBRAE

(selección de Ismaël Diadié Haïdara)

 

1
Mis tebrae son ocurrencias de un ocioso.
Como hojas secas los poemas se amontonan a mis pies.
2
Con la mirada del pez fuera del río
vuelven los recuerdos de mi niñez.
7
He crecido entre esqueletos de vacas sobre una tierra árida.
Nadie me ha dicho por qué nacimos.
9
Ya no puedo oír el canto de los pájaros entre tus labios.
Aquí comienza el desierto.
5
El exilio no es triste.
Lejos de mi casa aquí está el amor, la nieve, el mar.
723
Madre, ¿dónde estás?
El pájaro canta solo en su nido.
744
Cuando la tristeza llama a la puerta abro.
Le ofrezco mi pobre mesa como se la ofrecí a la alegría.
857
Todos los rebaños de mi alegría han muerto de hambre.
Dicen que llueve más allá de este desierto y del mar.
858
Mujer de las montañas de los Filabres,
después de tu beso busco el resto de mis cenizas.
859
Dame tu mano, mujer.
No importa si ambos estaremos entre los lapidados.
888
Solía tener un nombre, una casa, unos amigos.
Ahora mis amigos están sin nombre en un cementerio.
889
Tu vientre fue mi colmena.
Ahora la separación es una picadura de abeja.
890
La risa es solo una máscara de nuestras lágrimas
¿Por qué nacimos?
891
Para mi cumpleaños dame una aguja y un hilo.
Mi corazón está hecho jirones.
892
Todo lo que hace un hombre es esperar la muerte.
No hay nada más.
916
Un día llega el Ser y luego sigue al No-Ser.
La historia es muy corta.
917
Entre el vino y tu amor está mi consuelo.
Los sabios dijeron verdades fugaces y se fueron.
918
Mi vida está entre mi nacimiento y mi muerte.
Antes y después mil estrellas iluminan la noche.
942
Tombuctú ya no existe.
Heme sin casa, ni bienes propios.
943
Mañana si me queda un amigo vivo
que ore sobre las tumbas de mi padre y mi madre.
970
Mi saco está lleno de agujeros.
Está cosido en parte como mi corazón.
971
Solo mi silencio me pertenecía.
Lo dejo como herencia a las libélulas del río.
972
Vine en peregrinaje por el río.
Aquí solo las mariposas me reconocen.
973
Mi país está en llamas.
Por la ventana veo garzas blancas siguiendo su camino.
1007
Relámpagos.
La montaña no se inmuta.
1008
Apoyado en este bar oscuro.
Los cafés se suceden y tu ausencia se alarga.
1009
Sobreviví a la guerra.
Ahora mi única lucha es sobrevivir al recuerdo.
1123
Muerto de sueño,
veo mi ropa sin remendar.
1124
Grillos.
Me llaman los caminos.
1169
Tumbado sobre la hierba
las mariposas y yo holgazaneamos.
1203
Un día la hierba crecerá sobre mi tumba
pero no lloréis, me he reído de todo.

 

***

 

Vielsi Arias Peraza, Valencia, Venezuela (1982), docente egresada de la Universidad de Carabobo (UC) Mención Artes Plásticas. Ha publicado Transeúnte (2005), colección Cada día un Libro, editorial El Perro y la Rana; Los Difuntos (2010), editorial Fundarte, galardonado con Mención Honorífica Premio Nacional Estefanía Mosca; Los Difuntos (2011), reedición del sistema de imprentas regionales de Carabobo; La Luna es mi pueblo (2012), editorial El Perro y la Rana; Luto de los árboles (2021). Ha publicado también en distintas revistas nacionales literarias y académicas como: Cubile, A plena Voz, Revista Estudios Culturales UC, entre otras. Actualmente coordina la Plataforma del Libro y la Lectura del Ministerio de la Cultura en el estado Carabobo.

 

Ciudad Valencia / Foto de la autora por Luis Felipe Hernández