Un cuento para la merienda: «Gallina» de Eduardo Gudiño Kieffer

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¡Como para no sorprenderse! Marta entró con una gallina negra debajo del brazo. Pero Marta, vos estás cada día más loca, para qué traes esa gallina. Y Marta te respondió simplemente: hace mucho que no comemos gallina. Contra la lógica femenina no se puede hacer nada, pensaste, y sin embargo tu lógica masculina te obligó a decir hubiera sido mejor comprarla muerta, pelada y eviscerada, no cuentes conmigo para eso que tengo sueño y me voy a dormir.

 

Gallina-Eduardo Gudiño Kieffer

 

Y te fuiste a dormir y recién ahora, con doce campanadas lúgubres, te despertarás pensando quién va a matar a ese animal estúpido. Y te incorporás diciendo Marta, quién va a matar a ese animal estúpido. Pero Marta no está a tu lado. Marta, dónde te has metido, mujer. La luz de la luna llena entra por la ventana abierta de par en par.

 

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Te levantás para cerrarla y luego buscar a Marta en el interior de la casa pero no, no necesitarás buscarla porque allí, en el centro del jardín, entre las inocentes margaritas, está tu mujer degollando al ave temblorosa y alzándola muy alto para que la sangre caiga sobre sus párpados, sobre su frente, sobre sus mejillas, para que penetre entre sus labios entreabiertos, para que se deslice sobre su cuello, sobre sus hombros, sobre sus senos; allí está Marta cubriéndose de plumas negras, Marta primero canturreando e imitando torpemente un vuelo hacia cualquier parte, hacia todas partes, hacia ninguna parte, hacia un desconocido lejano sabbat del que no participarás nunca.

 

Eduardo Gudiño Kieffer (Argentina) / Tomado de ciudadseva.com