Te invito a un ‘Picoteo’ por Carlos Delgado Niño…

Aquello me sonó extraño! pero… estaba en El Conde una de las Urbanizaciones más densamente pobladas de Caracas y todo podría ocurrir en aquella moderna ciudad de casi medio millón de almas.

Una sonrisa de oreja a oreja y un «palito», me brindó la inolvidable Lumena Antillano, con quien compartiría la sección «B» del primer año de bachillerato, en el Liceo «Andrés Bello» ubicado al fondo, de la acogedora placita del Nuevo Circo.

– Gracias, Lumenita… Pero a mí no me cae bien.!

– No pareces ni conocido de tu primo Vicentico… !

– Es que yo casi no tomo, además nunca me ha gustado el «ron con soda»…. menos me va a gustar con «Sal de Uvas Picot… !»

– Ay val él.. Entonces en Valencia no bailan…?

– Claro que si! Ojalá fueras algún día! Pero que tiene que ver lo de la sal de Uvas, con el baile… ah…?

– Picoteo, es un baile con un picó… un tocadiscos, vale!

– Vale, no, mi amor.

– Yo no le digo mi amor a todo el mundo, yo no soy Rebeca, que le anda pelando el diente a cualquier gafo…!

– Pero tampoco es para que hables mal de tu hermana Rebeca…!

Si, te oye Doña Laura, te bota de su casa!

– Si, como nié…! Últimamente, te des invito ..!

– Esta bien, peleona..! pero vas mañana para el cine..?

Recién había descubierto que me había enamorado de Rebeca por la noche y de Lumena por el día… Al final fueron mi dos grandes amigas, como lo fue el resto de aquella familia Antillano.

Una vez al mes, recogíamos contribuciones para las bebidas el hielo y armábamos «el picoteo» en alguna residencia caraqueña.

Al culminar el primer año de bachillerato, donde soporté una suspensión de tres meses a comienzo del año, puse proa a mi tierra!

Me inscribí en el «Pedro Gual» con la promesa de no perder tiempo en picoteos, pero que va…! Me conseguí con unos viejos condiscípulos de la escuelita Domingo Savio cuya fama de locos y «rocheleros» se había mantenido y comenzado.

Las «rumbas» de La Pastora con Armando y Luis Guevara Moreno y sus encantadoras hermanitas Josefina y Merceditas…!

– Te las das de Gacha floja porque vienes de Caracas… ! .

– Es que allá bailan distinto, haciendo figuras… !

– Porque son una cuerda de imbéciles! No hay como un guarachazo «pegao»… que se sienta una mujer entre manos… Qué rico!

– Ah bueno eso también es verdad!

– Aunque puedes encontrarte tu fiera…! Dígame si hubieses conocido a Lumena…!

Valencia para esos años, no pasaría de unos.. 80.000 habitantes, que se encontraban concentrados en el casco de la ciudad con sus dos emisoras unos cuatro o cinco cines, el circo Arenas de Valencia, el liceo, el Teatro Municipal , el Mercado, el Colegio de Niñas. Asilo de huérfanos, la Beneficencia y el Hospital Civil.

Alberto Ochoa Rotges, cantaba boleros con voz de «crooner» y era ya una figura artística importante. No éramos locutores todavía, Pero nos agradaba desempeñarnos como maestros de ceremonias, donde se nos daba la oportunidad! Éramos varios, quienes, a fuerza de escuchar a Hernández Vera.

Pedro Henríquez, Luis Ornar Sabino y Vásquez Romero, así como también a los Aché y Enrique Alvarenga, quisimos hacemos locutores, entre ellos: Luis Guevara Moreno. Alberto, Francisco, Luiggi, Carlés León, Gustavo Cacique. Hipólito Vásquez, Gregory Moreno, Silva Piffano. Luis Arias, Neo Agreda, Armando Guevara…! La mayoría, pudimos coronar, unos más temprano y otros más tarde …

Pero donde pude disfrutar más y con más gusto fue en los «picoteos» de Ciudad Bolívar, una tierra caliente donde «no hay nada frío».

Eran mis comienzos como locutor, compartiendo con:

Francisco Mercado, Virgilio Decán, Domingo Maestracci, Ramón Veloz Mancera, Luis Enrique Méndez, Inaudi Bolívar, Nedo Boccardo… y es que si te dedicas a hacer amigos lo logras y te aprecian. Eso es verdad!

Inolvidables, aquellos bailables de la vieja Billos Caracas Boys cuando hacía furor Alcy Sánchez y cantaba Joe Urdaneta en los discos de 78 rpm, que producía el mismo Billo Frómeta.

Una guayanesa, me enseñó a bailar bolero, durante uno de esos calurosos «picoteos» en una ciudad donde por las noches, se mantiene la temperatura sobre los 38 grados.

– Por eso es que aquí bailamos «pegao» para no agitarnos mucho!

– En Valencia, cuando hace calor no bailamos… pues, así!

– Eso es en Valencia!… Estás en Guayana! Sigue este consejo de una amiga que te quiere: «al pueblo que fueres, haz lo que vieres»

De allí en adelante, se me olvidó la forma recatada y gazmoña como bailábamos en Valencia y me aclimaté, al «calor guayanés».

Vienen a mi memoria, desordenadamente los recuerdos de aquellos ardientes «picoteos», compartidos con la familia Oráa, en Los Morichales, los Lizardi de La Sabanita y los Rodríguez Monluis del Paseo Moreno de Mendoza! A todos recuerdo gratamente .. !

No puedo obviar la anécdota, de un «tergiverso» que pudo terminar en algo peor, cuando un buen amigo me invitó a su cumpleaños; había comenzado en la radio y animaba los programas estelares de la emisora Radio Bolívar, cuando hice amistad con un joven de mi edad, cajero del Banco Venezuela de apellido Levanti, a quien por corpulento, ya que no por manso, le decían: el Buey .. !

Después de hacer la invitación por la radio; durante mi programa, me presenté en la casa de los Levanti, a la hora en la cual el «picoteo» estaba en su etapa crucial ya que por lo menos tenía dos horas de iniciado. En esas fiestas, las muchachas «sacan a bailar» a los tímidos concurrentes. Levanti, me presentó a su novia y sin más, la rubia me tomó por un brazo y me llevó a bailar:

– Así que tu eres Delgado Miño ..? Yo siempre te escucho…

Me daba pena con los amigos del cumpleañero, porque «su novia» más bien parecía «mi novia», dada la forma efusiva como la bella damita, algo pasada de tragos, me apretujaba en un paroxismo difícil de ocultar. Opté por desprenderme de aquella amenaza, cuando sentí sus uñas rasgar furiosamente mi espalda, protegida por el paltó! .. La chica armó un escándalo y llegó el novio en su defensa. Salimos fuera de la fiesta discretamente, se me ocurrió relatarle lo sucedido y me despojé del paltó.

– Oye mano! ¡Que sangrero…! Lo que te atacó fue un cunaguaro!

Realmente, me apenó tanto el asunto que no pude volver a tratar con aquel sano ejemplar de hombre a quien por su nobleza llamaban «Buey».

Los «picoteos» llegaron a ser tan populares que en cualquier rincón de nuestra dilatada geografía, se oía decir refraneramente:

– Entonces..? Bailamos la otra…! O… nos llevamos el Pick-up?

 

 

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Carlos Delgado Niño nació en Valencia el 2 de septiembre de 1928, locutor, publicista, radiodifusor y periodista. Fue profesor de teatro, docente cultural, humorista, actor, escritor, cronista, libretista, poeta, cantautor y compositor.

Estuvo siempre ligado con el mundo del espectáculo en la ciudad siendo organizador del «1er Festival de la voz y la canción juvenil» en el año 1973 y «Valencia le canta a Valencia» en 1996.

Fue también director de varias estaciones de radio, productor radial y escritor de programas radiales cortos, novelados, y noticieros entre otros. Co-fundador de la Escuela de Teatro José Antonio Páez en Guanare, Portuguesa, y miembro de la Asociación de Escritores de Carabobo.

Falleció el 17 de noviembre del 2012, en su vivienda, rodeado del cariño de sus familiares y amistades más cercanas.

 

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