«La ciudad sin nombre» por Vicente Gramcko (Padre Samán)

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Los valencianos me han sorprendido todo el tiempo. Uno puede preguntarle a cualquier ciudadano el nombre de la calle en la cual se encuentra y éste es incapaz de responder, simplemente porque no se lo sabe.

Incluso, tampoco conoce cómo se llama el sector donde vive. Sólo empieza a mirar de un lado a otro, hasta que atina a decir que lo desconoce. El desánimo por la ciudad es mayúsculo.

La cosa se pone peor cuando se trata de los taxistas, porque se supone que son profesionales y resulta que casi ninguno conoce las direcciones.

A mí me ha pasado que cuando le nombro a un chofer de esos el cruce de arterias a donde me dirijo (por ejemplo: avenida Briceño Méndez con calle Roscio), el conductor me pide que le mencione una referencia: ¿eso queda cerca de qué?, riposta. Lo que deja claro que no sabe dónde está parado.

Las autoridades municipales tampoco ayudan, porque han descuidado los letreros que tienen escritas la nomenclatura de las vías de la ciudad, así como los que tenían los nombres de las esquinas, que colocaron durante los años setenta y cuyo paradero se desconoce. Es que se pierden o los roban; pero, no los sustituyen.

El dolor que da es que siendo Valencia una ciudad con mucha historia, el valenciano no se interesa por ella.

Siempre hemos citado como ejemplo el que se permitió derribar la casa natal de Arturo Michelena (ubicada en la avenida Díaz Moreno, entre calles Páez y Comercio) para levantar allí un pequeño centro comercial; y para colmo de males, se colocó un letrero que lo vociferaba.

Más o menos, el cartelito decía así: “aquí estuvo la casa natal de Arturo Michelena”.

Cosa que contrasta con el comportamiento de casi todos los ciudadanos del mundo, pues en otras latitudes se conserva el recuerdo y hasta se hacen monumentos para señalar que un sitio es memorable.

Lo cierto es que me he preguntado muchas veces a qué se debe este desamor por la ciudad, toda vez que Valencia le ha dado a Venezuela tantas páginas de célebres historias, al extremo que muchos profesionales de las ciencias sociales dicen que todo lo que se da en Valencia es de buena energía, no sólo para la región sino también para todo el país.

Para muestra basta un botón: la Batalla de Carabobo y La Cosiata, por ejemplo.

Pero, la práctica nos dice que la situación es preocupante y de continuar así ya podríamos llegar a vivir no sólo en la ciudad en la que sus habitantes no solo olvidaron cómo se llaman las calles y avenidas, sino que podrían incluso olvidar el nombre de la urbe. Entonces, estaríamos en la ciudad sin nombre…

Y hasta aquí por hoy. Cualquier comentario, favor enviarlo al correo periodistavicente12@gmail.com

 

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Vicente Gramcko