José Carlos De Nóbrega-salmos y proverbios-La escritura del No-Juan Rulfo

Entre la Palabra y el Silencio como opciones de vida, me detengo en dos dichos de colegas notables. Uno es de Montaigne y el otro de Baltasar Gracián. El padre del ensayo decía a los lectores que no emplearan sus ocios en sus textos, pues él mismo era el tema de su libro, por lo que no había cosa más frívola y vana. El jesuita español pontificaba que sin mentir no decir toda la verdad que es un desangrar del corazón.

Toda una fenomenología del egotismo y el egocentrismo. No se trata de complacer al Otro con el mercadeo de una imagen chic ni de decir palabrería agradable según la ocasión. Palabra dura es ésta, nos argumenta aún el Cristo, por si acaso. Hasta el blanco de página o el silencio de la sinfonía habla de nosotros entre el placer y el dolor de las múltiples heridas que trae el afán de cada día de vida. ¿O no?

En silencio meditamos lo que nos dicen los caracoles de lo más calladitos mientras se asolean sobre la alfombra verde. Creo que Goethe sabía que el suplicio de su Fausto estriba en no poder comprender que somos Dios y Mefisto al mismo tiempo. Stevenson demostró en su libro de ciencia ficción que el Doctor Jekill y Míster Hyde son la misma persona a la que resulta inútil escindir. Borges balbuceó su asombro ante el Aleph dejando en el Hades a Beatriz Viterbo y a Carlos Argentino en el Paraíso artificial de la retórica. Por eso es que lo que escribimos concite enamoramiento y luego el miedo más sombrío y agobiante. Qué les puedo decir cuando nada sé y nada digo.

Después de navegar 180 páginas de la novela Juegos bajo la luna, del tocayo Carlos Noguera, se pulveriza nuevamente el mito de la Parusía de la novela venezolana por venir y que de paso nos explique como país. La venezolanidad y universalidad de la propuesta novelística son incontrovertibles, ello sin necesidad de egocentrismo de autor ni corrección política tan de gusto de críticos desinflados.

Los personajes son entrañables y muy humanos independientemente de la clase social y la inclinación ideológica. La visión de país sin perder el contexto histórico y generacional que va del 50 al 70, es muy digna y, mejor aún, muy personal, además de estar desprovista de pretensiones sociológicas y psicologistas desencaminadas. Es un clásico de nuestro anti-canon o canon flexibilizado, mestizo y elástico. Pasión innegable la de Noguera por el lenguaje, la oralidad y sus personajes que lo (y nos) conmueven. Lean con atención este texto dialógico y no parricida respecto al Otero Silva de Cuando quiero llorar no lloro. Por tal razón, nuestro Mauricio Walerstein llevó tan notables novelas al cine, en un estado de gracia venezolano y latinoamericano.

 

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Me complació ver por el canal TCM un filme de Frank Capra, El té amargo del general Yen, del año 1932. Más allá de la relación amorosa entre el General y señor feudal chino Yen y la misionera Megan Davis en la Shanghai de la guerra civil, quedé prendado de la belleza sobrenatural de Bárbara Stanwyck. No era para menos que el líder chino perdiera la chaveta por ella, al punto de ser traicionados ambos por la concubina china y espía del otro bando, lo cual derrumbó la posibilidad política del General Yen de hacerse del poder antes de la Gran Marcha de Mao.

Ya se lo había dicho el enamorado a su socio gringo. No diferenciaba la conquista de una provincia de la de una bella y provocativa mujer. Ello hasta el extremo de perderlo todo. Pese a que Megan le corresponde, Yen se suicida para transfigurarse en el árbol de cerezo o el viento que lleva a Jones, el mercenario gringo, y sobre todo a ella de vuelta al nuevo imperio. No sólo es la película favorita de Capra, sino que para nosotros debiera figurar como manifestación fílmica del Amor Loco al igual que La Edad de Oro de Buñuel. Descanse en paz, Bárbara Stanwyck, que por fortuna Trump no te utilizará para quitarle Shanghai a China.

 

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José Carlos De Nóbrega es un ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964). Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web. En el año 2021 ganó el concurso de Ensayo de la VII Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez y el concurso de Crónica de la V Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio del Centro Nacional del Libro (Cenal) y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

 

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