La guerra prevista en Venezuela da cuenta de cuánto está teniendo efecto la propaganda bélica desde la escalada de Estados Unidos y del juego que hacen los lobbies militares presionando en la Casa Blanca.

Desde la ciudad del Doral, en Florida, un grupo de exmilitares y expolicías venezolanos radicados en Estados Unidos, forman mercenarios con apoyo de la organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX).

El objetivo de esta red de voluntarios es reinsertar a «los oficiales» como personal activo dentro de las fuerzas armadas al servicio de la democracia.

En el contexto de la «ayuda humanitaria» del 23 de febrero, hubo una intensa campaña de Juan Guaidó, el gobierno de Duque y la Administración Trump para atraer militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

La guerra requiere del factor mercenario

La propaganda contra la FANB buscaba debilitar la estructura de defensa y seguridad venezolana con el fin de nutrir un ejército privado a todas luces.

En los medios de comunicación abultaron las cifras con la intención de crear expectativas e incidir en un mayor volumen de deserciones en las filas de la FANB.

A esta tarea se sumó el senador Marco Rubio, al igual que operadores locales del antichavismo.

Por la baja cantidad de desertores que hubo en ese momento, la campaña falló y los exmilitares se convirtieron en una carga financiera para el gobierno de Colombia y la ACNUR, que pronto desahuciandos los abandonaron.

El tratamiento informativo de la nota del periódico de Miami apunta a una nueva operación de propaganda de guerra.

Difunden números  de supuestos soldados que estarían dispuestos a participar en esta red, dando sospecha de que son solamente proyecciones.

También dar a conocer el movimiento para reclutar a personas capacitadas en el campo militar, que tengan interés de involucrarse en un plan insurreccional contra Venezuela.

La guerra y las Autodefensas Unidas en Venezuela

En un comunicado, el comando central de las Autodefensas Unidas de Colombia, anunció que se creará el Bloque Venezuela para cazar a los narcoterroristas de las FARC, así como a sus protectores, en referencia clara al gobierno de Nicolás Maduro.

Ahora, la FANB viene haciendo ejercicios militares en resguardo de la frontera, debido a las amenazas bélicas de Bogotá contra la República Bolivariana.

Los reportes confirman la neutralización de infraestructuras y logística del grupo narcoparamilitar Los Rastrojos en los estados Táchira y Zulia, sobre todo.

Las conexiones ideológicas y hasta gubernamentales entre el paramilitarismo, el crimen organizado representado en Los Rastrojos y el protectorado político apoyado por Washington, dan cuenta de una estructura conformada por actores irregulares.

Sin embargo, el comunicado de las AUC tiene visos de propaganda con el objetivo de generar terror y pánico, al mismo tiempo que es útil para desviar la atención alrededor de Iván Duque luego del bochorno protagonizado en la ONU.

Una operación de tal calado no se anuncia por un comunicado, y mucho menos antes de dar algún golpe de efecto. Es propaganda de bajo presupuesto.

La privatización de la guerra un negocio sumamente lucrativo.

Solo por la ocupación de Irak, corporaciones británicas de mercenarios subieron sus ingresos de 320 millones a 1 mil 800 millones de dólares.

Antes de la invasión a Afganistán la plantilla de Global Risk Strategies era de dos empleados, actualmente trabajan para la empresa más de mil personas.

Las compañías Academi (antigua Blackwater), Aegis Defense Services y Triple Canopy ofrecen jugosos contratos que con salarios puede llegar a los 7 mil dólares mensuales.

No se limitan a su área nacional, contratan personal capacitado en el área militar de cualquier parte del mundo.

Colombia exporta mercenarios

Países occidentales involucrados en las guerras contemporáneas prefieren delegar las tareas militares a ejércitos privados. Colombia exporta mercenarios con formación especial a sitios del Oriente Medio.

El gobierno de Estados Unidos tiene varios teatros de operaciones en el mundo desarrollándose en paralelo, contrata servicios de transporte, abastecimiento, recolección de inteligencia y entrenamiento de tropas a agentes externos.

El empleo de mercenarios no es una actividad ilegal dentro del marco del orden internacional, de hecho tiene sus propias regulaciones.

En teoría hay ciertos límites para las operaciones de estas empresas privadas que incluiría el castigo por los crímenes de guerra.

En la práctica no se cumplen y muy pocas veces hay repercusiones legales para la industria militar.

Es de conocimiento público que las misiones de mantenimiento de paz de las Naciones Unidas tienen denuncias de violación de los Derechos Humanos en países de África y América Latina.

Un empujón mediático desde Hollywood

Hollywood, una cuna que proyecta mercenarios, es decir, la muerte por encargo o sicariada.

Si la regulación a nivel internacional es bastante flexible, la industria cultural le da rienda suelta a relatos que claramente celebran las guerras mercenarias y ponen de héroes a los asesinos a sueldo.

Hollywood produce historias que son vistas en todos los formatos.

Medio Oriente es el escenario preferido para desarrollar las tramas de las películas, donde la lucha contra el terrorismo justifica vejaciones y destrucción en los países atacados.

La cara del saqueo de petróleo

Pero desde hace unos años, el entretenimiento no solo le está lavando la cara al saqueo de petróleo en los países árabes sino que está construyendo relatos que hacen atractiva a Venezuela, también una zona productora de petróleo y otros recursos naturales.

El relato del famoso Jack Ryan que, habiendo tomado un avión para venir a Venezuela, combatir el narcotráfico y liberar a la población de los desmanes de un dictador, pudiera ser más efectivo que un comunicado del Comando del Sur o un tuit de Mike Pompeo a la hora de patrocinar la viabilidad de una intervención militar.

¿Por qué un ejército privado en Venezuela?

En abril, Reuters corrió el rumor de que Academi/Blackwater estaba contratando 5 mil mercenarios para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.

La contratista privatizó las guerras de Afganistán e Irak, pero ¿cuáles expectativas podría causar en Venezuela?

Las suficientes para que los seguidores de Juan Guaidó en el extranjero se aventuren a crear iniciativas que atraigan la mirada de inversionistas privados.

Sin duda, existen intereses económicos de por medio en los presupuestos que exsoldados nacionales o extranjeros están levantando para irrumpir en Venezuela, que para nada se catalogan como espontáneos.

Debe recordarse que Trump ha dicho hasta el cansancio que la opción militar no está descartada y, siendo Estados Unidos un contratista usual de empresas privadas de seguridad, con el objetivo de apoderarse de territorios y los recursos que poseen sin la necesidad de asumir una carta de responsabilidad.

 

 

Ciudad VLC/Gustavo Claret QV/MV

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