La juventud como clave de la resistencia histórica en Venezuela

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Batalla de la Victoria-Día de la Juventud

En Venezuela, este próximo 12 de febrero, y como cada año desde 1947, cuando fue decretado por la Asamblea Nacional Constituyente, se celebra el Día de la Juventud, con la finalidad de recordar y conmemorar los hechos que tuvieron lugar el día 12 de febrero de 1814 durante la Batalla de la Victoria, batalla qué ocurrió bajo circunstancias que obligaron a las tropas patriotas, al mando del Gral. José Félix Ribas, a reclutar a aproximadamente a 1.500 estudiantes y seminaristas de la capital, en edades que oscilaban entre 12 y 20 años, y sin ningún entrenamiento militar.

Famosas son las palabras del general Ribas, quien lanzó aquella arenga que quedaría en la historia:

 

Soldados: Lo que tanto hemos deseado se realizará hoy: he ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendéis del furor de los tiranos, la vida de vuestros hijos, el honor de vuestras esposas, el suelo de la patria; mostradles vuestra omnipotencia. En esta jornada que será memorable, ni aun podemos optar entre vencer o morir: ¡Necesario es vencer! ¡Viva la República!

 

Y entonces, en esos momentos, que son únicos en la historia, dignos de un capítulo de la maravillosa obra “Momentos estelares de la humanidad” del gran Stefan Zweig, los jovenzuelos aquellos, sin ninguna experiencia de combate, batallaron y dieron todo y más, para resistir al enemigo hasta que los refuerzos, al mando del Cnel. Vicente Campo Elías, hicieran acto de presencia, y después de 9 horas de combates, los realistas huyeran derrotados.

 

Dia de la juventud-portada

 

Desde entonces, la fecha 12 de febrero pasó a formar parte del acervo histórico y cultural de Venezuela, no solo como conmemoración de una hazaña militar, sino como muestra de que la esperanza siempre descansa en la juventud, más allá de los lugares comunes, más allá del discurso panfletario, ahí donde la Patria pueda necesitarles.

Pero, ¿es posible qué hoy en Venezuela, en medio de una crisis económica y demográfica, pueda la juventud hacerse del timón e impulsar ese relevo generacional al cual la Patria ha sido forzada a destiempo de la manera más violenta producto de las sanciones económicas del gobierno norteamericano?

Las condiciones económicas en Venezuela, en los últimos diez años, producto de las sanciones han sido desfavorables para la estabilización social, y el desarrollo económico de la nación, lo cual forzó a millones de venezolanos a migrar a otros países en búsqueda de mejoras económicas. Sin entrar en detalles en los elementos políticos que ocurrieron a partir de 2019, cuando un número de mandatarios de países de Latinoamérica ofrecieron asilo sin exigir los procedimientos y documentos legales para la migración (cosa que nunca mencionan a la hora de demonizar la migración venezolana), las repercusiones en el ámbito demográfico son una baja en la tasa de fertilidad, y un desequilibrio en la base de cálculo del último censo, vital para la planificación.

 

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En términos generales, en casi todo el mundo ha habido una disminución importante del porcentaje de habitantes jóvenes en relación con la población entre 60 y 65 años, y Latinoamérica no escapa de esa realidad. Todo ello implica una fuerte influencia en las tasas de fertilidad, lo cual cambia todo el panorama político social, y la planificación en el territorio.

Los países más desarrollados tienden a tener tasas de fertilidad más bajas, y son estos países que ya se encuentran en la edad de reemplazo, es decir, los habitantes entre 60 y 65 años qué pasan a retiro y dan paso a la nueva generación. Cuando las personas mayores de 65 superan en número a la generación de reemplazo, ocurre un problema de déficit productivo porque hay menos personas jóvenes qué ocupen el lugar que dejan los que se retiran. Se estima que a partir de la década del 2040 comience en América un cambio generacional fuerte que requerirá de la debida generación de reemplazo.

A medida que pase el tiempo y no encontremos las fórmulas efectivas para recuperar los niveles de vida, la población juvenil va a seguir migrando, y forzando a la población que ya entra en la edad de reemplazo a enfrentar problemas relacionados con el déficit de atención social (relacionado con la caída de la producción), que surge por la disminución de la fuerza laboral que les reemplaza y les permite el retiro; y a medida que las poblaciones de las grandes potencias y países emergentes envejezcan, no les quedará otra que atraer más y más migrantes para estabilizar los números de nacimientos, lo cual aleja más las posibilidades de que los que se fueron, puedan volver.

El 2050 está a la vuelta de la esquina, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (basadas en el censo de 2011) para ese año tendremos una población de 40.500.761 hab., pero para el United Nations World Population Prospects será de 35.937.404 hab.

En todo caso, las necesidades que requiere Venezuela demográficamente deben comenzar a resolverse ahora mismo, pues el desarrollo económico ayuda al desarrollo demográfico y viceversa. La planificación debe clarificarse en ese entorno para producir un nuevo discurso político donde la esperanza, el progreso y la búsqueda de un ideal sean respaldados por los hechos, con base, y en la acción. Debemos pensar en que algún día Venezuela tendrá 100 millones de habitantes sobre un territorio poblado, desarrollado, y en paz. Esa es una meta.

Venezuela perdió la mitad de su población librando la Guerra de Independencia, qué por lejos fue la más sangrienta de toda la gesta independentista de América, pero siempre hubo un ideal, un plan, y una meta que permitió no solo alcanzar la Libertad, sino el forjamiento de una identidad nacional característica, qué dio como resultado el amor a la Patria. En 1812, los jóvenes de entonces lo supieron, sabían que su futuro dependía de su acción, lo que harían en esa época, tendría sus consecuencias, años, décadas después.

 

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Hoy las circunstancias podrán ser otras, el contexto cambió y se redujo a una pelea por la supervivencia, pero aún estamos a tiempo de resolverlo y de volver al Ideal Bolivariano de una Patria con la mayor suma de felicidad posible, para que vuelva nuestra juventud, y para que la que se quede no quiera irse, ni sienta que deba hacerlo. En estos tiempos absurdos donde el capitalismo agonizante nos roba el petróleo, el oro, y nuestros recursos, también intenta robarnos la juventud, y sin juventud, no puede haber 12 de febrero. Sin Juventud, muere la Patria.

Y la Patria es el hombre, decía Alí Primera, la Patria es la dignidad, la Patria es la gente, pero la gente requiere de una tierra donde vivir y no ser llamado extraño.

Ninguna sanción de imperio alguno puede destruir lo que somos, lo que hemos sido; un pequeño país lleno de vida y que en más de una ocasión ha llevado el peso del mundo sobre sus hombros. Recordemos al Gral. Ribas, siempre:

“¡Necesario es vencer!”

¡Qué vivan los jóvenes de la Patria!

 

Erick Conde (Equipo de Formación de Ciudad Valencia)