La palabra de hoy: OSTRACISMO, por Aníbal Nazoa

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Ostracismo… Cada vez que se habla de tiranos y tiranías, invariablemente sale a relucir otra palabra cuyo origen vale la pena examinar. Porque, cuando se instala un tirano o dictador, un gran número de sus oponentes marchan al exilio o al destierro.

Estas palabras, sin embargo, al parecer no tienen la carga dramática de otra, preferida por los aficionados al lenguaje grandilocuente. Hablamos de ostracismo, que significa lo mismo pero suena más culta e impresionante.

Aunque, en sentido estricto, el ostracismo no es un destierro cualquiera, sino una forma especial de exilio que se practicaba en la antigua Grecia. En cuanto a su etimología, si los oyentes piensan que tiene algo que ver con ostra, pues están en lo cierto: ostracismo procede del griego ostrakismos, destierro, exilio, derivado de óstrakon, “concha de ostra”.

¿Y por qué se decía así? Porque los atenienses, cuando veían la estabilidad política amenazada por las disputas entre los jefes de las grandes familias, para evitar líos y reafirmar la autoridad del Estado, disponían enviar al destierro a uno de ellos, pero esto sólo se podía hacer por votación popular.

 

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Los votantes –que no podían ser menos de seis mil– se reunían en la plaza del mercado o ágora y allí escribían el nombre de su candidato al extrañamiento, precisamente en una concha de ostra o en un pedacito de teja o de vaso de cerámica, que también se llama óstrakon.

El “ganador” entre comillas de estos singulares comicios debía permanecer por diez años ausente de Atenas, pero conservaba intactos sus bienes y al regresar se le restituían íntegramente sus derechos ciudadanos. La costumbre se impuso en tiempo de Clístenes, se aplicó por primera vez a un pariente del ilustre político Pisístrato y mantuvo su vigencia aproximadamente por un siglo.

La original institución ateniense del ostracismo no era considerada como una pena propiamente dicha, sino más bien como una medida política en beneficio del orden y la armonía de la sociedad, algo así como lo que modernamente hemos dado en llamar una “medida de Alta Policía”. De quien abandonaba su país en esta forma se podía decir con toda propiedad que “dejó el conchero”.

 

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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)

Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».

 

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