“La poesía nos encuentra” por Vielsi Arias

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La poesía teje lazos de hermandad, afecto y encuentro con el otro. El decir del poeta es un vaso comunicante del imaginario que devela su voz. La poesía, como la definió Octavio Paz, es la absoluta tensión para nombrar lo efímero y absoluto y cautivar el lenguaje; de allí que deja abierta, siempre, la posibilidad de diálogo. La palabra desvanece las fronteras. En ella no hay tensiones políticas, sino el encuentro con lo humano: el miedo, el amor y la celebración de la vida.

Cuando un poeta lee a otro poeta, lee también a su país. Su forma de mirar la vida, particularidad y realidad que revelan su mirada del mundo. Por ello, partiendo del lugar que habita, la poesía es también una emisaria.

Como la poesía permite el diálogo, es un instrumento poderoso para reanudar vínculos. Por ello, el pasado 17 de septiembre, la poesía venezolana cruzó el Puente Internacional Simón Bolívar. Cargada de libros llegó al país hermano a compartir y tejer los nuevos lazos de integración a través del I Primer Encuentro Binacional de Poetas por la Paz Colombia-Venezuela, realizado en la zona fronteriza entre Táchira y Cúcuta, los días 17 y 18 de septiembre.

 

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Venezuela y Colombia comparten una frontera territorial de 2.200 km que abarca llanos, selvas y ríos. Lazos territoriales, afectivos y comerciales anteriores a la ocupación colonial. Antes de la colonización compartieron un mismo territorio y prácticas culturales, entre ellas el alimento común: la arepa.

Como consecuencia de las tensiones diplomáticas entre ambos países, el Puente Internacional Simón Bolívar ha permanecido cerrado desde hace siete años. En tal sentido, El Encuentro Binacional de Poetas viene a ser un símbolo de reencuentro y fraternidad con el hermano país.

 

Encuentro Binacional de Poetas Colombia-Venezuela

El encuentro con los poetas colombianos fue grato y emotivo, no solo por la receptividad y calidez de su gente, sino por su interés en la poesía. Las lecturas se realizaron, de manera simultánea, con un grupo de poetas colombianos y venezolanos en seis bibliotecas que forman parte de la Red Municipal de Lectura y Escritura de Cúcuta.

Tuve la oportunidad de visitar la Sala de Lectura Juan Atalaya, ubicada en el barrio Atalaya de Cúcuta. Un lugar muy cálido frecuentado por jóvenes, mujeres, niños y líderes vecinales. Fue un ameno en encuentro con la poesía. En esta ocasión compartí con los poetas colombianos Jorge Carreño y Vito Apushana (poeta wayú),  y el  público de jóvenes y docentes que también se animaron a leer sus textos.

 

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Regresé de Colombia cargada de libros con el entusiasmo de todo encuentro. Conocer la poesía colombiana me hace pensar en aquello de la realidad, que el poeta intenta capturar y devela a través del lenguaje. La poesía cura las heridas de la violencia y hace la vida más amable. La poesía nos salva de la muerte, el desespero de la “erótica cruel” como la define el poeta Jorge Carreño o del “reino del silencio” al que se refiere la poeta Yorlady Ruiz López.

Dice el poeta colombiano Saúl Gómez Mantilla: “Todo lo que no tiene cabida en la palabra se encuentra bajo estas líneas” y aunque “todo poema surge de un encuentro con el pasado”, “pasado que quiere olvidarse” esperamos que estos nuevos lazos de hermandad nos permitan también escribir desde la alegría:

 

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Eunice no sabía leer
pero aprendió a escribir en las piedras.
Ella que no albergó en su vientre la continuidad de su
especie
(para no condenarla al lavadero y a la cocina),
crió seis hijos ajenos
y machacó con la piedra día a día sales y especias
entre más de 5.840 almuerzos, por más de 16 años.
No sabía leer,
pero, leía las cartas y el tabaco,
así,
entre bruja,
nana y cocinera
con el paso de los años,
me heredó una piedra
con la huella de su mano izquierda:
tesoro encontrado y revelado,
piedra recorrida desde la Divina Providencia hasta
Alejandría;
los barrios donde le conté a la piedra mis secretos,
forzándola a mi diestra,
resistiéndola golpe a golpe.
Piedra cocinada,
domada,
amoldada,
pulida
canto rodado entre la mano y el ajo,
piedra de la rabia y el silencio.
Piedra desnuda,
cuerpo de Eunice revelado en su origen.

(Yorlady Ruiz López, poeta colombiana)

 

Cremación
Cuando el cuerpo es quemadura,
el alma es mero accidente.
El fuego arranca de cuajo
toda divinidad. Piel adentro:
materia seca, combustible.
Arde la fe y sus contornos,
y todo sigue igual. El andamiaje óseo
es pariente del carbón, eso se sabe.
Y no obstante, la vanidad erige su ruina.
Ellos lo ignoran, pero la ceniza
es su única posesión. Al incendio
ofrendan su patrimonio.
Del polvo vienen y al polvo van.

(Jorge Carreño, poeta colombiano)

 

Si talas
el ojo de Dios
vacías el bosque.

(Antonio Trujillo, poeta venezolano)

 

***

 

Vielsi Arias Peraza, Valencia, Venezuela (1982), docente egresada de la Universidad de Carabobo (UC) Mención Artes Plásticas. Ha publicado Transeúnte (2005), colección Cada día un Libro, editorial El Perro y la Rana; Los Difuntos (2010), editorial Fundarte, galardonado con Mención Honorífica Premio Nacional Estefanía Mosca; Los Difuntos (2011), reedición del sistema de imprentas regionales de Carabobo; La Luna es mi pueblo (2012), editorial El Perro y la Rana; Luto de los árboles (2021). Ha publicado también en distintas revistas nacionales literarias y académicas como: Cubile, A plena Voz, Revista Estudios Culturales UC, entre otras. Actualmente coordina la Plataforma del Libro y la Lectura del Ministerio de la Cultura en el estado Carabobo.

 

Ciudad Valencia / Foto de la autora por Luis Felipe Hernández