Venezuela es depositaria de una de las faunas más notables del mundo: en números y en belleza, supera el patrimonio animal de la mayoría de las restantes naciones.
Hace poco más de 60 millones de años, la América del Sur quedó separada del resto de los continentes.
Durante los 53 millones de años que duró esa separación, en tan gigantesca isla se desarrolló una fauna muy particular, totalmente distinta a la de la otra porción del continente americano.
Ese aislamiento duró hasta hace siete millones de años, cuando nació el istmo de Panamá y conectó las tierras del sur con las del norte.
Al levantarse el istmo de Panamá, tuvo lugar un intercambio de fauna entre ambas partes del continente.

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Del sur emigraron hacia el norte algunos marsupiales como los rabipelados y los cachicamos, en tanto del norte viajaron hacia el sur los venados, varios roedores y algunos grandes felinos.
Debido a la posición geográfica del territorio que hoy ocupa Venezuela, este se convirtió en la encrucijada donde se encontraron los pobladores del sur y los invasores del norte.
Además, en esos siete millones de años transcurridos de entonces hasta ahora, muchos de los animales nacidos y evolucionados en el aislado sur se extinguieron.
Numerosos herbívoros, algunos marsupiales carnívoros y los armadillos gigantes desaparecieron para dar paso a especies más evolucionadas, mejor adaptadas a las características climáticas de la zona de encuentro.
Gracias a estos factores, nuestro país cuenta con una de las faunas más ricas del planeta. De hecho, de las 195 naciones del mundo, solo 17 se consideran megadiversas, y Venezuela es una de estas.
Tal riqueza puede medirse con solo dos datos: primero, el hecho de que la cantidad de especies de peces de los Llanos –cerca de ochocientas–, supera el número de las que existen en toda la América del Norte (México, Estados Unidos y Canadá).
De igual modo, las especies de aves venezolanas –unas 1.300–, superan ampliamente la cantidad de especies que se conocen en todo el hemisferio septentrional. Solo Colombia y Perú tienen, en el continente americano, más aves que nuestra bendecida nación.

También el número de especies de insectos y reptiles es uno de los más elevados en país alguno del mundo, todo lo cual hace que la variedad de nuestra fauna suscite el asombro entre los naturalistas y los estudiosos de la biodiversidad animal.
Tal abundancia de especies, sin embargo, no significa que nuestra fauna sea eterna e invulnerable.
Los continuos daños al ambiente y la destrucción acelerada de los ecosistemas naturales que ocasiona la actividad humana, está poniendo en peligro la supervivencia de muchas de ellas.
Por tal motivo, es necesario entender que somos depositarios de uno de los mayores tesoros biológicos del planeta y que su conservación no depende de voluntades y conciencias extranjeras, sino –y exclusivamente– de nosotros, los habitantes nativos y adoptivos de Venezuela.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012). Premio Nacional de Cultura, mención Literatura 2026.
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia/RN/Foto del autor: José Antonio Rosales











