La transición por Domingo A. Rangel

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La transición por Domingo A. Rangel

A pesar de las grandes dificultades este año nuevo tuvo similitudes con los anteriores ocurridos desde que el petróleo hizo de nuestro país un Edén donde recalaban gentes venidas desde una Europa destrozada que no obstante era la parte más adelantada del mundo.

Cierto que no todos comimos hallacas, pan de jamón o el plato navideño que le permitió a los propietarios de restaurantes, hasta años recientes, captar buena parte de las divisas originadas en la renta que producía el Estado.

 

Dólares exportados a España, Portugal o Miami, ciudad que para el consumismo hace las veces de La Meca para los musulmanes.
No obstante hubo celebraciones: Se comió menos, la “espaguetada” suplió al pernil y el cocuy al escocés o la champaña… en ocasiones la cena fue más frugal y tempranera.

La música sonó poco a pesar de los esfuerzos por las radios en alegrar con gaitas y parrandas navideñas… después de que el regulador les exigió sacar los reguetones “porque crean un clima pesimista”.

 

Digamos que merced a las políticas económicas… a que el petróleo ha dejado de ser el más vital de los productos para el comercio mundial -China anuncia centrales nucleares de fusión para resolver sus problemas de crecimiento a la par que el primer avión eléctrico acaba de superar las pruebas iniciales-… y a las sanciones de Míster Trump pedidas por Guaidó… Nuestras navidades fueron parcas como las muestras de perfume que daban para enganchar clientes dubitativos.

Sin embargo hubo esperanzas… sobre todo entre gente joven que no añora lo que nunca vivió… pero que cree que todo se debe mejorar y pronto.

 

Y aquí cabe una reflexión porque los viejos no tenemos derecho a complicar las cosas más de lo que están.

 

Los demagogos que prometen “resolver todo y rápido”… endeudando aún más la Nación que junto a las inmensas comisiones no dicen… están mintiendo.

Recuperarnos es posible pero tardará en pasar del petroestado… al ciudadano que produce más de lo que consume.

Es que ni somos ricos… ni hay colas de inversionistas esperando… ni nos van a prestar lo que los sinvergüenzas calculan… y solo en agricultura… turismo… petroquímica… y diseño… tenemos ventajas. A eso, sin menoscabo de lo que la gente decida, cabe dedicarse a guisa de transición… pero del reparto… a la producción. ¡No hay otra!.

La transición por Domingo A. Rangel

 

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