A propósito de la lucha que hay para erradicar la violencia contra la Mujer, es imprescindible rescatar cada vez más el carácter reivindicativo de esta lucha que tiene siglos y se mantiene aún en el presente, ahora es cuando queda para lograr la definitiva igualdad de género.

 

Hegemonía cultural del lenguaje

La gramática no es la excepción y no escapa a esta batalla constante por la liberación del género femenino del yugo capitalista-patriarcal en el sistema que rige el orden mundial, que a lo largo de la historia ha utilizado tanto las lenguas como sus reglas para generar patrones de pensamiento y dominación cultural, entre otros por nombrar.

 

Gramática tradicional

Mucho es lo que se ha dicho y todavía hoy en día la discusión está más abierta sobre la necesidad de romper los paradigmas establecidos en el discurso cotidiano escrito y oral a la hora de mencionar, o no, hacer salvedad, en la diferenciación del género femenino (visibilizar), ya sea para el uso de pronombres, artículos y adjetivos con sus correspondientes sustantivos (concordancia), de singulares o de plurales regulares e irregulares, y hasta en la conjugación de verbos (participios), por mencionar algunos casos.

 

Una de las reglas que causa polémica, por ejemplo, es la referente a la utilización del género masculino para hacer referencia a seres del sexo femenino y en vez decir “niños y niñas”, “doctores y doctoras”, “ministros y ministras” o “conductores y conductoras”, es suficiente simplificar con “niños”, “doctores”, “ministros” y “conductores” para cumplir con la máxima lingüística de la economía expresiva en el discurso escrito y oral.

 

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Igualdad de género en el discurso.

En este caso, mencionar ambos géneros sería más apropiado según esa lógica cuando los términos para el masculino y el femenino son diferentes en su morfología, por ejemplo: “Hombres y mujeres”, “damas y caballeros”, “toros y vacas”, entre otros.

 

Predominancia del masculino

Sin embargo, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a toda una especie en general, sin distinción de sexo (aparente): “El hombre es el único animal racional” o “El gato es una buena mascota”. Lo mismo cuando se aplica en plural designando a seres de uno y otro género:

“Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales” o “En mi barrio hay muchos gatos”.

 

Vemos entonces como es preponderante el uso del masculino para pluralizar tanto abarcando a ambos géneros como en relación a la totalidad de integrantes de una especie, y solo se restringe la aplicación del femenino para casos específicos cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto y se hace necesariamente explícita la presencia de ambos como en:

“La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente” o “En las actividades deportivas participan por igual alumnos y alumnas”.

 

El hombre siempre por delante

No obstante, es posible notar como existe cierta tendencia (consciente o inconsciente) a colocar en primer lugar al género masculino cuando se enumeran ambos elementos. Esto nos hace preguntarnos y reflexionar ¿por qué no mencionar al género femenino antes que al masculino?, esto tomando como referencia la intencionalidad y el carácter no discriminatorio previsto en la lengua.

 

Reivindicación del género

A esto se le conoce como lenguaje no sexista, que surge en los años ’60 para abordar el estudio de la perspectiva de género como rama del giro lingüístico en las ciencias sociales y como exigencia del feminismo para terminar con los efectos del silencio, la omisión e invisibilización de la mujer en el discurso escrito y hablado, propios de la cultura androcentrista y la ginopia.

 

Polémica formal de las alternativas

El uso de arroba (@), equis (x) y asterisco (*) como alternativa está en entredicho y limitado solo al área informal no institucional: anuncios, correos electrónicos personales, chats, blogs privados y mensajería de texto.

 

 

Este tipo de escritura es denominado “desobediencia lingüística” porque rompe con la norma gramatical juzgada como saludable. Esta posición es defendida por Mauro Cabral en su poema llamado “Asterisco”.

 

Dicho todo esto, queda abierto el debate sobre la utilización correcta o no del género femenino en el habla y la escritura cotidiana, entendiendo que esta lucha por la equidad en los derechos e igualdad de condiciones pasa no solo por el mero esfuerzo de la retórica, sino que debe venir acompañada de un cambio de actitud, del accionar para el rescate y reivindicación de la mujer en todos los ámbitos, y el idioma no es la excepción.

 

 

Leonardo Melero/Lengua Curiosa/Ciudad VLC

 

Lengua curiosa: Al lado tuyo y al lado mío