Un Bolívar de Carne y Hueso

#ManuelFeoLaCruz100: “La Ventana Iluminada”

El próximo 9 de julio se cumplen cien años del nacimiento de Manuel Feo La Cruz: escritor, docente integral, periodista, jurista, promotor cultural y gremial, epónimo de la Biblioteca Central del estado Carabobo.

Hijos y amigos están trabajando en la edición de sus obras completas para difundirlas a través del universo digital, cuya presentación formará parte de la programación de actividades que se realizarán en la fecha conmemorativa.

Hasta ese día, en Ciudad Valencia publicaremos fragmentos de su producción literaria. Para hoy seleccionamos y transcribimos el relato “La Ventana Iluminada”, último cuento de su libro homónimo, publicado en 1956.

 

La Ventana Iluminada

 

ERA roja la bandera, extrañamente roja. Ondeaba al viento frío de la noche, como símbolo de libertad y redención. A la tenue luz que llegaba de lejos, parecía un hervor de sangre nueva y generosa, erigido sobre el afán del hombre como otro afán.

Muy cerca de su clima estaban las voces oscuras, sigilosas, susurrantes. Decían recuerdos. Indicaban anhelos entrañables. Mostraban caminos y tácticas. De pronto se alzaban como queriendo ahogar los impulsos de la duda.

– ¿Llegaremos?

Y un amargo silencio, pleno de interrogaciones, contestaba. ¿Para qué responder con palabras, si todos estaban dominados por igual incertidumbre?

Estaban allí, era cierto. Estaban unidos todos por el anhelo de ser, por la angustia de llegar. Y la zozobra.

A la mañana, aquel silencio pegajoso dejó en los hombres una mirada de sorpresa, un dolor disimulado en la sonrisa indescifrable, una lágrima por el sueño arrebatado en la hora justa de la esperanza.

La bandera roja, extrañamente roja, no era ya sino un trapo retorcido, lleno de agujeros humillantes, atado a un trozo de madera. Un símbolo de fracaso, que colgaba sin fuerzas sobre un montón informe de cadáveres, manchones parduscos, pozos de sangre reseca y cuerpos retorcidos.

Y allá, a lo lejos, la Plaza principal se llenaba de grupos de hombres y mujeres que gritaban su adhesión al hombre poderoso. En cada voz podía intuirse, adivinarse, un temblor de vergüenza o de pena.

Y la bandera, retorcida también.

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2

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EL fuego era intenso. Un detonar persistente quebró el silencio. Gritos de mando y ruido de armas homicidas llenaron la noche y las calles.

En el hogar, el niño abrió los ojos desmesuradamente y, a impulsos de la curiosidad y el miedo, a los labios le afloró la pregunta.

La madre, para acallar el latido presuroso de su pulso, dijo:

-Son bandoleros… La policía los cogerá a todos…

El niño miró hacia el lecho vacío del padre, y calló.

Grandes titulares anunciaron, a la mañana, que los bandoleros habían sido arrasados por las balas, con un saldo de muertos, heridos y pocos en fuga.

Además, se leía que la multitud preparaba manifestaciones en reconocimiento al gesto heroico y en respaldo de las instituciones, sabiamente defendidas.

-Por qué lloras, si eran bandoleros?

Y la voz del niño fue dardo en el corazón angustiado de la madre.

 

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3

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LA noche desdibuja contornos y confunde figuras. La anciana espera el regreso del hijo, apoyada en la alta ventana de una casa antigua. Mira pasar las horas y crecer la sombra en afán de misterios. Una oración se le prende en los labios y amanece en su espíritu un deseo de ser hombre, para estar con el hijo y con aquellos compañeros que esperan el instante de su liberación definitiva.

-Soy bandolero como mi padre muerto. ¿Recuerdas?

Y todas las noches, es la ventana iluminada un símbolo de espera, de lucha y redención.

 

 

Por: Manuel Feo La Cruz (Valencia, 9 de julio de 1921 – Ibíd., 21 de febrero de 1966)

 

#ManuelFeoLaCruz100: “La Ventana Iluminada”

 

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