Mario Briceño Iragorry, ganador del primer Premio Nacional de Literatura

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Además de abogado, diplomático, historiador y docente, el escritor andino Mario Briceño Iragorry fue un ensayista activamente preocupado por la arqueología aborigen, que ganó el primer Premio Nacional de Literatura de la historia, cosa que pocas veces se destaca en su biografía.

Entre sus escritos varios, Briceño Iragorry supo ordenar un cuerpo de ideas que daba cuenta de las tramas socio-históricas y culturales asociadas al devenir de los aborígenes de la región durante la época pre colonial venezolana, utilizando principalmente fundamentos teóricos y datos emanados de la disciplina arqueológica, lo que ayuda a la  comprensión de la expresión de la existencia aborigen.

 

LA HISTORIA

Briceño Iragorry nació en Trujillo hace 124 años, es decir, el día 15 de septiembre de 1897. Exactamente, fue en la casa Nº 2 – 27 de la calle Independencia, de esa ciudad, capital del estado homónimo. Sus padres fueron Jesús Briceño Valero y de María Iragorry, de quien fue su hijo mayor.

En su región natal, estudió primaria y bachillerato en el llamado Colegio Federal de Varones, de la ciudad de Valera.

Se mudó a Caracas en 1912, para ingresar a la Academia Militar, donde estuvo poco tiempo. Luego, regresó a Trujillo, donde ejerció el periodismo, en 1914.

Capítulo aparte en la vida de este intelectual es la ciudad de Mérida, donde cultivó dos grandes amores: sus estudios de Derecho, en la augusta Universidad de Los Andes donde se graduó de abogado en 1920; y su devoto amor por Josefina Picón Gabaldón, con quien contrajo nupcias en 1923.

Mario Briceño Iragorry

HOMBRE PÚBLICO

Un intelectual como él, no podía pasar desapercibido. Inmediatamente, fue propuesto para ejercer importantes cargos públicos, entre ellos el de director de política y encargado de la secretaría del estado Mérida, durante el año de 1919.

Ingresó a la Dirección de Política Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuando regresó a Caracas, en 1921. Allí, trabajó junto a Jacinto Fombona, Lisandro Alvarado y José Antonio Ramos Sucre.

A la vez, ejerció la docencia en el Liceo Andrés Bello, del cual llegó a ser incluso director.

Haciendo gala de una gran versatilidad, se convirtió en Secretario de la Cámara de Diputados, en 1922; y luego fue designado Cónsul de Venezuela, en Nueva Orleans (entre 1923 y 1925).

De vuelta a su estado natal, en 1927, Briceño estuvo al frente de la presidencia interina de esa entidad andina. Al regreso a Caracas, fue director de la Escuela de Ciencias Políticas y Secretario de la Universidad Central de Venezuela. También, ejerció brevemente como presidente del estado Carabobo.

Fue director del Archivo General de la Nación (1942-1943), cuando el gobierno de Medina Angarita. En esos años, ejerció la presidencia del estado Bolívar (1943-1944); y fue presidente del Congreso de los Estados Unidos de Venezuela, en 1945. Igualmente, se desempeñó como ministro plenipotenciario en Centroamérica, que tiene sede en San José, Costa Rica, entre 1936 hasta 1941.

Fue detenido cuando fue derrocado el presidente Medina Angarita, el 18 de octubre de 1945; pero, a los pocos días salió en libertad, para ejercer su título de abogado.

 

ESCRITOR E HISTORIADOR

Algunas de las publicaciones de Briceño Iragorry son: Horas (1921), Motivos (1922), Ventanas en la noche (1925), El Caballo de Ledesma (1951), Horas Undicima (1956), Los Ribera (1957, única novela), Sentido y Ámbito del Congreso de Angostura, Lecturas Venezolanas, Sentido y presencia de Miranda, Tapices de Historia Patria, La Tragedia de Peñalver, Mensaje sin Destino (1952), Por la ciudad hacia el mundo (1957), Lecturas Venezolanas (publicada en 1926), que lo consagró en el mundo de las letras.

Su actividad literaria le llevó a incorporarse a la Academia Nacional de la Historia y de la Lengua, en 1932.

Por su obra “Casa León y su tiempo” recibió el Premio Municipal de Literatura, en 1946; y por su libro “El regente Heredia o la Piedad heroica” fue galardonado con el primer Premio Nacional de Literatura, en 1947.

 

ÚLTIMOS AÑOS Y MUERTE

La política le brindó páginas memorables, pues fue parte de las elecciones parlamentarias de 1952 en representación de la Unión Republicana Democrática (URD); no obstante, luego de los resultados adversos se asiló en la embajada de Brasil. Tuvo un exilio tranquilo, entre Costa Rica, en 1953; y luego, en Madrid, hasta 1958.

Después del derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez, Mario Briceño Iragorry regresó a Venezuela. Murió en Caracas, dos meses más tarde. Desde el seis de marzo de 1991, sus restos reposan en el Panteón Nacional.

 

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Vicente Gramcko