“Memorias de la insurgencia (2)” por Mohamed Abi Hassan

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Memorias de la insurgencia… Continuando con nuestro recorrido por algunos pasajes de la lucha armada de las décadas de los sesenta y setenta, de la mano de nuestro camarada y amigo Elías Daniel, recordamos que en nuestra entrega anterior hicimos un recorrido por el contexto histórico en el que se dio esta gesta heroica.

Hicimos alusión a una serie de acontecimientos que dejaron una huella profunda en las generaciones venideras, por tanto, hay que echar una nueva mirada al ideario contracultural de esas dos décadas de la utopía posible. Aún con todos sus aciertos y errores es innegable que puso al descubierto las grandes contradicciones de la sociedad de consumo, ante lo cual la ideología capitalista reaccionó  apropiándose de su filosofía y todas sus manifestaciones culturales, forma de vivir, vestimentas, música e ideales de paz y amor, con la aviesa intención de anularlos, hasta finalmente llegar al extremo de vender sus aportes como una mercancía más.

No obstante, aquello que comenzó en los sesenta, incluyendo el tema que nos ocupa, la lucha armada, no ha perdido vigencia, a pesar de los esfuerzos del poder hegemónico de borrarlo de la historia; los acontecimientos acaecidos a finales del pasado siglo y los más recientes así lo evidencian: caída del muro de Berlín, final de la Guerra Fría, movimientos ecológicos a escala global para salvar el planeta, manifestaciones antiglobalización y pro desarme, movimiento de los indignados de Grecia, España, Chile y Estados Unidos… todo esto sumado al posicionamiento de nuevo en Nuestra América de líderes políticos como Lula, Petro y Cristina Fernández, por solo nombrar algunos de los  mal llamados progresistas y de centro izquierda, todo ello, nos atreveríamos a decir, como consecuencia del espíritu libertario de aquellos años de la utopía posible.

 

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Seguidamente, damos inicio a esta conversa sostenida durante varios meses con nuestro amigo sobre su largo trajinar por esa suerte de historia al margen, que ahora sale a la luz para su discusión:

“Camino lo más alto de la montaña, paso a paso, abriendo caminos entre ramales y bejucales; pero seguro del recorrido por la naturaleza y mis ideales. Encuentro una naciente que indica la formación de una quebrada, un hilo de agua comenzando un paseo majestuoso que llena de armonía todo a su alrededor. Todo se va llenando de armonías y cantos, de aves, de ruidos de piedras movidas por el agua, la brisa de los árboles, el ruido de las manadas de monos, el canto profundo de los araguatos, el rugido de los tigres y de otros animales feroces, hasta llegar a los microorganismos que soportan millones de años dando vida. En fin, el agua continúa su recorrido, ¡y es la vida y la naturaleza su objetivo! ¡He nacido!

Luego de los conflictos existenciales vividos durante mi infancia y adolescencia, que abordaré después, pasados los años me atrevería a decir que me marcaron para toda la vida haciendo de mí un rebelde, sin más, contra toda injusticia, llevándome a acercarme a aquellos jovencitos rebeldes y tirapiedras como yo, que se escapaba de su casa a finales de la década del 50, justo con la caída de Pérez Jiménez por la presión militar y popular. Entonces, sigo la manifestación que grita: “¡Cayó el cochino! ¡Viva Venezuela libre!”. Así, sigo a la manifestación hasta la cárcel pública, que quedaba en el barrio Alayón.

Eran las 5:00 am, del 23 de enero de 1958, caía el tirano, y yo deambulando durante todo ese día por todos los sitios hacia donde se dirigía la manifestación y se producían los enfrentamientos, esquivando los disparos del ejército contra los esbirros de la siniestra Seguridad Nacional. A eso de las 5:00 pm voy feliz y contento de regreso de haber presenciado todos aquellos sucesos, pero desconocía que en casa me estaban esperando para darme una paliza que me dejó la espalda marcada por un tiempo.

 

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Lo cierto es que a partir de esa fecha comienza mi interés por la participación en la política. Un día iré a visitar la casa del partido COPEI; otro día  la de URD, aunque no así la de AD. Posteriormente, me mudo a vivir con la familia García Castillo, que me recibe poco a poco en su seno.

Aquí resalto la presencia de Nelson García, quien será mi amigo y hermano inseparable en toda esa etapa de mi adolescencia y entrada a la juventud. La importancia de mis actividades diarias se inclinaría hacia la actividad política.

 

 

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En tal sentido, un gran amigo de nombre Ramón Núñez, militante del Partido Comunista, recuerdo que nos inducía a la lectura prestándonos ciertos libros y acercándonos a la música clásica. Con él conocimos diferentes poblaciones del interior del país a punta de “pedir cola” a las playas de Aragua y Carabobo. En otro orden de ideas, las contradicciones políticas en los diferentes partidos se fueron profundizando, sobre todo en AD, que era el partido mayoritario en el gobierno, con dos partidos en su seno: el ADI, que era la Acción Democrática de Izquierda y la Acción Democrática de los “bueyes cansados”, como se les decía irónicamente.

Luego, el  9 de abril de 1962 nace el MIR. Este hecho le da un vuelco a la política en Venezuela porque la dinámica que le impone este nuevo partido al escenario político lo radicaliza, pasando la dirección a manos de la juventud. La mayoría de los centros de estudiantes son controlados por el MIR. Asimismo, los sindicatos de obreros, todo ello siguiendo el ejemplo de la revolución cubana y sus líderes, Fidel Castro y el Che Guevara.

 

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También nosotros fuimos radicalizando nuestra postura; ya no solo era buscar reivindicaciones lo que nos animaba, sino la toma del poder para hacer la revolución, a la par con la creación de las Unidades Tácticas de Combate (UTC), en las ciudades.

En el mes de marzo hacia abril de 1963, unos doce hombres, aproximadamente, tomamos la decisión de abrir un “foco” en las montañas de Choroní, comandadas por Hugo Daniel Castillo (comandante Bejuma).

Entre las diez y las once de la noche nos movilizamos en cuatro carros por la avenida Las Delicias hasta llegar al dique de El Castaño, y de allí partimos hacia la montaña”…

 

Mohamed Abi Hassan / Ciudad Valencia