“Memorias de la insurgencia (epílogo)” por Mohamed Abí Hassan

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…Y fui llenando con flores
           mi fusil de poemas
                                                                  y afiné la puntería del canto
                                                                                contra las bestias.

                                                                               

Alí Primera,

«Canción para acordarme».

                                                                          .

Memorias de la insurgencia… En esta larga travesía que emprendimos con la palabra no podía faltar la poesía de nuestro hermano mayor, Alí Primera, y su fusil cargado de flor y canto, con el que escribimos este epígrafe tan significativo a los afectos dada la temática que estamos abordando.

En su álbum titulado Al pueblo lo que es de César, podemos apreciar en la bella carátula una obra de nuestro gran pintor, poeta, escritor, muralista, dramaturgo y luchador por la dignidad, César Rengifo. También, en este orden de ideas, otro personaje justo de recordar es Manuel Vadell, quien con su editorial Vadell Hermanos, con casi medio siglo de trayectoria, jugó un papel importante desde Valencia insurgiendo con obras relacionadas con la guerrilla ideológica que se libraba en medio de las persecuciones puntofijistas de la época de la democracia representativa burguesa adeco-copeyana:

Nos toco vivir algunas pesadumbres porque eran publicaciones de gran impacto, entre ellos un converso como Los peces gordos, de Américo Martín, que llegó a batir record de circulación, si hoy revisamos ese libro, por ejemplo, nos damos cuenta de la inconsecuencia de Américo Martín y, por otro lado, toda la acción que vertimos en contra de los regímenes que en ese tiempo estaban entablados. Igual pasó en esa época con el libro Los doce apóstoles, de Pedro Duno, donde desenmascaramos a la oligarquía de ese tiempo, que tenía dominada toda la estructura económica y política de nuestro país”.

Seguidamente el editor, haciendo alusión al libro El Desastre, de Domingo Alberto Rangel y Juan Pablo Pérez Alfonzo, expresó: “Ese libro es importantísimo porque devela la visión que en aquel tiempo tenía Brasil con respecto a Venezuela, en el que claramente habían planificado conquistar la entrada y salida al Caribe, pasando por ponerle la mano a la Faja Petrolífera del Orinoco. Ahora parece una infamia contra Brasil, pero en aquel tiempo los gobernantes eran otros, con intereses completamente diferentes a los actuales, pues habría que revisar los documentos de la Cancillería para entender que era una estrategia… Tal como lo ha reconocido el presidente Chávez, estos libros ayudaron a crear el estado de conciencia en el que se debía terminar la degeneración del reinado de la derecha” (fragmento del reportaje del periodista Dennis Hernández, aparecido en el Correo del Orinoco del 2 de marzo de 2013).

Siguiendo con el testimonio vivo de nuestro camarada Elías Daniel, en una de las reuniones que sostuvimos alcancé a realizarle algunas preguntas relacionadas con la dinámica de la lucha armada por dentro, siendo sus respuestas  breves y tajantes:

 

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“Las conversaciones se daban en muy pocos momentos, debido a las medidas de seguridad. La guerrilla debía estar en constante movimiento, hablar en voz baja y muy poco, solo lo estrictamente necesario, no estar muy cerca el uno del otro. Los compañeros estaban muy pendientes de las orientaciones políticas del momento. Nos llegaban algunos libros de autores como Mao Tsé Tung y una que otra obra literaria que se compartía para leerla. Teníamos la figura del comisario político, pero era reducida su autoridad. En cuanto a la receptividad de los campesinos al llamado de sumarse a la lucha, esta era muy poca, muy pocos campesinos subían a la guerrilla, pero en la base social colaboran con nosotros comprándonos alimentos e informándonos del movimiento del ejército en la zona, y en el caso de alguna dificultad con el contacto en Caracas, alguno de ellos, de suma confianza, bajaba a la capital. No estuve informado si hubo comunicación entre los diferentes frentes guerrilleros que existían en el país, debido a la división evidente entre estos. La edad de los combatientes estaba comprendida entre jóvenes de 17 a 20 años; adultos entre los 20 y 40 años; y los que tenían más de 40 años. El número de mujeres era escaso. En el Frente Ezequiel Zamora conocí solo a alias Ivonne como guerrillera. La dirección nacional del MIR enviaba esporádicamente a algunas dirigentes a discutir con nosotros sobre la situación del momento histórico y se quedaban algunos días, luego bajaban a llevar la información, así fue cómo conocí a Judith Valencia, como ya te dije. Otra cuestión importante que vale mencionar es que logré conocer a muchas personas directa o indirectamente con la lucha, entre otras, a Hugo Daniel Castillo, Américo Martín, Jorge Rodríguez, Carlos Blanco, Alí Primera, Héctor Silva Michelena, José Agustín Silva Michelena, Ludovico Silva, Ramón Palomares, José Sant Roz, hermano de Argenis Rodríguez, quien tuvo una pasantía en la lucha armada, Tarek Souki, Américo Silva, Regis Debray… Recuerda que estuve casi cuarenta años trabajando en la ULA luego que salí del cuartel San Carlos, pero eso lo hablaremos  en las próximas reuniones…” (continuará en epílogo parte final).

 

Mohamed Abí Hassan / Ciudad Valencia