Arnaldo Jiménez-Divagaciones-mensajes de texto para jóvenes poetas

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Una regla ética: si el poema es corto se debe ser intenso y claro, si es largo se debe ser claro y más intenso.

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Los poemas pueden verse como estados climáticos del alma, a veces están despejados y aparece un nubarrón, a veces son claritos de principio a fin, a veces se ennegrecen y dejan ver una luz al final. La intensidad, tanto de los nubarrones como de las claridades, depende del lector.

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Puedes intentar escribir midiendo los versos (rima métrica) en las diferentes expresiones de esta modalidad; es una tarea difícil, porque debes siempre evitar lo superficial, elegir palabras que combinen y rimen de manera inteligente; yo nunca lo he podido lograr, pero esto no significa que ese tipo de escritura no posea su belleza y su exigencia.

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Después que escribas un poema, has un ejercicio que te dirá si todo él está vivo o hay alguna parte gangrenada, quita palabras, quita versos al azar, si ves que no los necesitas, lo que queda es pura vitalidad, pero si ves que el resto del poema queda buscando oxígeno, se vuelve un animal moribundo que extiende sus brazos y sus manos para aferrarse a la parte mutilada, déjalas y verás cómo regresa la vida al poema, moviéndose lentamente, abriendo los ojos a su creador.

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El poema tiene forma de caracol. Todas sus espirales enrolladas apuntan a un centro, el núcleo de lo vivido, y también estas espirales se alejan del centro, pero cada una está indisolublemente pegada o unida al núcleo; la superposición de espirales que se alejan demasiado del centro, solo generan un peso y pueden hacer que, o bien caigan las vueltas innecesarias o bien se desmoronen todas quedando solamente el núcleo, de donde siempre es posible volver a tejer el caracol.

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Debe haber mucha fidelidad a la emoción y a los afectos que movilizan a escribir, pero no se debe olvidar que deben ser tratados como un material artístico.

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Expresa todo lo que tú eres, aun lo que no conoces de ti. El poema es de los pocos instrumentos artísticos que sirven para comprender asuntos que uno no sabía que ya los había comprendido.

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La poesía es necesaria en la escuela, pero está más allá de ella, el encuentro del humano con la realidad poética lo obliga casi a renunciar a todo lo conocido y habérselas con sus pocas capacidades de entendimiento.

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Poco a poco el universo va entrando por tus ojos, adquiere la música de la sangre y va saliendo por las manos en forma de palabras escritas.

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Siempre habrá algo que se pierde, es la condición de la marcha de la historia y de la vida, la pérdida, el resto, el sacrificio. El poema no puede rescatarlo todo.

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Si has elegido a la poesía como medio de expresión y de conocimiento, has de saber que de alguna manera ella también te ha elegido a ti, la poesía es un destino, no una materia escolar ni un objetivo para evaluar.

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Nunca alabes a tus poemas sin alegría sincera, nunca los ofendas.

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Hasta los malos poemas son necesarios en el camino hacia nosotros mismos.

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He aquí los halagos que valen la pena: una sonrisa surgida en alguien después de leer uno de tus poemas, o un estallar de ojos o una piel erizada; que alguien regale un poema tuyo a otra persona en cualquier circunstancia, o que te pidan un poema que tú hayas leído porque movió un centro emocional. Los abrazos.

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No intentes ser difícil solo por el placer de serlo, muchas veces el decorado impenetrable es la confesión de una incapacidad de escribir. Cultiva primero la sencillez y después, mucho después, si lo crees necesario, juega con las palabras de tal modo que la verdad dicha sea buscada con esfuerzo, pero nunca puede dejar de haber una verdad.

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Todo es alimento poético, objeto poético: la escuela, las materias, los animales, el contorno de las piedras devoradas por el río, el desbaratarse de las nubes, sus formas, la lluvia, las matas, el sitio donde se vive, las casas, el jardín, el video juego, los papagayos, los abuelos, el mecedor, los corales, el mar, los puertos, las cartas…, en fin, todo aquello que tú seas capaz de volver un objeto trascendental o que forme parte de tu vida y la haya determinado en alguna medida.

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Los versos están unidos, esto es obvio, pero ¿cuáles son sus hilos?, he allí algo no tan obvio, pudiera nombrarte algunos: el silencio, la alegría, la concentración, la angustia, la obsesión, las ganas de vivir con intensidad.

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Evita a toda costa los lugares comunes, esas frases que son casi exclusivas para instantes de la vida donde caen con toda su fuerza de significación, en el poema, si es que decides dejarlos entrar, deben ser manejados con prudencia, con tacto y tino. El lugar común es aquella expresión que cualquier persona puede decir.

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Los lugares comunes son frases repetidas en la cotidianidad y en los medios de comunicación de masas: te quiero mucho, no puedo vivir sin ti, los nombres de los sitios amados con melcocha nostalgia, mi querido pueblo, mi patria linda, tus ojos son dos luceros, tus labios de coral, mi inolvidable tal, te llevo en mi corazón…, frases de canciones, etc. Huye de todo esto y ya habrás avanzado una enormidad.

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Siempre hay una o varias elecciones, puedes elegir la variedad de temas y expresarte; puedes profundizar y repiquetear en un solo tema y decir el meollo de tu verdad; lo importante es la convicción del escribir lo que debes escribir; la expresión que transforma el tema en una lección de vida.

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Aunque un solo tema sea tu norte, digamos que el mar, la ciudad, lo efímero, lo permanente, el desierto, la nostalgia, el llano, etc., dos cosas has de saber: la una es que el monotema (un solo tema) es una apariencia, él te llevará a la conjugación de lo diverso, a rozar muchos aspectos de una sola realidad, cada rasgo del mundo contiene al mundo y lo hace posible; la otra es que ese tema ha de develarte a ti, el poeta por dentro de lo único y de lo diverso.

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No utilices al poema para quejarte o lamentarte, la queja de hecho puede estar al igual que el lamento, pero dicha de otra manera, exaltada, trabajada.

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Se esculpe el vacío con materia prima hecha de palabras unidas a la vida.

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Conoce otros medios de expresión, el cuento, el aforismo, el ensayo, la opinión, la pintura, el dibujo, la escultura, con ellos podrás saber que hay cosas que no se pueden decir con el poema y hay asuntos en los que aquellos medios lucen ineficientes ante el poema.

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Es indudable la cercanía del poema con la fotografía, con el dibujo y demás expresiones artísticas, incluso con la danza y las películas, todas son formas de escrituras, todas son traducciones de la realidad poética que nos excede. Un buen ejercicio es traducir las imágenes de fotos y pinturas a palabras.

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Demasiada confianza en uno mismo puede funcionar como un velo que no nos deja ver.

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No hay edades prescriptas para expresar la poesía; escucha el llanto del nacimiento.

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El monte no se conoce hasta que no se huele, se pisa, se recuerda, después puede ser un monte escrito, un objeto poético. No te acostumbres a ser nada más que un poeta de oficina.

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Cada verso tiene vida propia, tiene un pedazo de la verdad que el conjunto del poema viene cargando para soltarla al final y ponerla en manos de otra persona.

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La intensidad es la cualidad de cada verso, ella convierte al poema en una cachetada de despertar, en un infinito limitado, en un golpe de la gracia.

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Algún momento habrá en que el poema permanezca sin nacer, y tú sientas las ganas de escribirlo y él no termine de salir, en esos momentos es mejor calmarse, el poema se cocina dentro de nosotros, debe estar en su punto máximo de cocción para poder salir listo como un manjar de dioses, el apuro, o el querer soltarlo antes de tiempo, solo puede dar como resultado un mal poema o uno que no te satisfaga.

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Si duras mucho tiempo sin escribir porque no sientes la necesidad de hacerlo, es un buen signo, pues no es necesario escribir todos los días para ser poeta, sin embargo, puedes leer a otros poetas, estudiar sus formas de decir, buscar sus motivaciones, no para copiarlos, sino para ir alimentando tu espíritu.

 

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La poesía es vida intensa en lo sencillo, si así vives, el poema está creciendo dentro de ti con toda seguridad y es impredecible el tiempo que se tome para emerger desde tu alma.

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Si deseas el éxito, ambicionas el dinero, anhelas la fama, es necesario, diría que urgente, que complementes este lado seco y duro con los vínculos que tienes con el espíritu, recuerda que somos la mezcla de barro, luz, oscuridad y aliento.

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Es la lucha por ser manso de corazón y claro de espíritu, lo que distingue el movimiento vital del poeta. En este combate, sin embargo, se puede ser rebelde de corazón y oscuro de espíritu, precisamente, estamos hablando de una lucha.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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