Federico Ruiz Tirado-opinión-Hugo-David Arráez-Maquiavelo
Sobre Adam Smith, Proudhon, Marx, Joaquín Trincado, Maquiavelo.

 

(I) Todos fueron hombres buenos: propusieron sistemas para resolver en armonía las relaciones entre los humanos, pero poco aportaron a las relaciones de éstos con la naturaleza. No hay que culparlos: en aquellos tiempos, aún los problemas ambientales y de calentamiento global no eran tan jodidos como ahora, ni amenazaban tanto con desgarrar la vida y congelar a los carpinchos en la Patagonia, o al malojillo silvestre, o a la flor de la papa o al oso frontino de mi amigo Eduardo Osorio, atrincherado en una colina de la montaña andina.

De Nicolás Maquiavelo siempre ha llamado la atención que, tanto del campo de la izquierda como del de la derecha, lo pintan como un hombre malvado, mala gente, maldito hdp, en fin, diabólico.

Pero yo me pregunto, ¿cómo pudo ser malvado un hombre desterrado por los Médicis de Florencia y que despreció una mansión de su tío cardenal para vivir en una casa de campo, la cual tenía un pasadizo a la taberna L’Albergacio (la mala posada), frecuentada por artesanos, agricultores y aldeanos y gente de pueblo? Allí, en un rinconcito, entre copas de vino y conversas con gente sencilla, y a veces solitario, escribió «El Príncipe», que no es otra cosa que la sistematización de la política como ciencia. Fue entonces un hombre bueno y generoso que nos dejó un legado muy importante. Napoleón Bonaparte así lo comprendió, también, Antonio Gramsci y Alfredo Maneiro, entre pocos.

 

(II) Los Bloques. El liberalismo, el comunismo, el anarquismo y la Escuela Magnético- Espiritual de la Comuna Universal, al final de cuentas persiguen lo mismo: la disolución del Estado.

La nueva tecnología, hablando relativamente de la cadena de bloques (Blockchain), se convierte en un poderoso instrumento para lograr el fin último de las cuatros «ideologías» nombradas, el cual es la disolución del Estado por innecesario.

Hay que entender que las criptomonedas sólo son una aplicación del vasto mundo que ofrece la cadena de bloques.

 

(III) Epicuro y Tajalí.  El «placer del vientre» de Epicuro no debe ser denigrado: remite al principio de auto limitación inscrito en el cuerpo humano, en los cuerpos en general. Es la psique la que se vuelve capaz de todas las desmesuras. Ver a J. Riechmann. Obra tal, página tal. Editorial tal.

Pero no olvidemos el vientre de una odalisca, que es placer de otra naturaleza, como decía David Arráez.

En la desmesura del «placer del vientre» están los 4.000 Km. que es la media que recorre un alimento en su ciclo de vida hasta llegar a nuestro vientre.

En este sistema global capitalista a lo mejor se incrementa en unas décimas esa distancia con la exportación de tajalí a China.

 

(IV) Carnet. Cuando cayó Perez Jiménez la Juventud Comunista realizó una jornada de carnetización y a David Arráez le dieron su carnet. Era una cartulina blanca doblada formando 4 páginas, contó; la primera impresa con una banda tricolor y el nombre: «Juventud Comunista de Venezuela». Ahora, me dijo David, «pienso que allí estaba el germen de la futura división porque no era «Juventud del Partido Comunista de Venezuela» con características posesivas, tal como es La «Gloriosa» Juventud de otros partidos que  solo tiene el adjetivo».

Cuando Betancourt asumió el poder y se inició la provocación contra los comunistas, la orden fue deshacerse de esos carnets. Yo tuve uno firmado por Jesús Farías, que Ruiz Guevara, mi Padre, logró conseguirme. Mi mamá lo metió en un frasco y lo enterró en el patio de la casa y la Digepol ni dio con nada distinto a mi Padre. Yo, ni fu ni fa. Era un muchacho medio cagón que no tenía muy bien formados los huesos y le tenía miedo a la policía y arrechera a Tarzán, y por si fuera poco nunca aprendí a nadar. Culillo me daba el río y fumaba Negro Primero a escondidas de todos.

 

(V) Un poco de historia de Venezuela de la Post Guerra 16 de febrero de 1942, reconstruida en conversaciones con David en plena pandemia.

Submarinos nazis azotan las costas venezolanas en la denominada Operación Neuland, una vaina para cortar el suministro de petróleo venezolano a los países aliados.

Ese 16 de febrero los Tanqueros Pedernales, Monagas y Tía Juana son torpedeados y hundidos por submarinos del Tercer Reich en aguas del Golfo de Venezuela.

El gobierno del presidente Isaías Medina Angarita pasa a cooperar con el esfuerzo aliado de manera más estrecha, autorizando el uso temporal de bases militares venezolanas por el Ejército y la Armada de los Estados Unidos para la cacería de submarinos alemanes.

El U-502 de la Kriegsmarine fue uno de los protagonistas de este ataque, pues el día anterior, el 15 de febrero, el tanquero «Monagas» había zarpado desde Maracaibo rumbo a la Refinería de Aruba y fue atacado en la madrugada del 16 a pocas millas de Punta Macolla, entre Paraguaná y las Antillas Holandesas.

El torpedo lanzado desde el U-502, un submarino de Tipo IXC/40 bajo el mando del Capitán Jürgen von Rosenstiel, destruyó el puente de mando, quitando la vida al marinero de guardia de timonel Lázaro Leydenz y alcanzando a otros oficiales que también fallecieron con ese impacto, mientras que Walter Buschell, como oficial superior, no abandonó la nave y murió carbonizado.

El total de buques azotados entre nacionales y extranjeros en las costas de Venezuela por la Kriegsmarine fue de ocho:

 

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– Pedernales (torpedeado)
– Arkansas (torpedeado)
– San Nicolás (hundido)
– Tía Juana (hundido)
– San Rafael (hundido)
– Oranjestad (hundido)
– Rafaela (hundido)
– Monagas (hundido)

 

Los ataques alemanes a buques venezolanos dejaron decenas de muertos y heridos.

Esta historia debe quedar labrada en los libros de la memoria. Sin memoria no hay vida. No hay patria ni fecha en el calendario. Menos aún florecitas de Mayo.

 

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Federico Ruiz Tirado (Barinas, 1955): Escritor, poeta, diplomático. Miembro Fundador de la Red de Escritores Socialistas de Venezuela. Autor de Un puñado de pájaros contra la gran costumbre (antología sobre el 4F), Un día para siempre, La Patria está en otra parte (MPPCULTURA, PDVSA).

 

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