#Opinión: “De Chávez a Maduro” por Christian Farías

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Es indudable que hoy Venezuela se encuentra en un momento trascendental de su historia. El más trascendente después de la Guerra de Independencia dirigida por nuestro gran padre Simón Bolívar y la extraordinaria vanguardia de guerreros bajo su mando único e inequívoco.

En aquel tiempo, no fue fácil la conformación de una vanguardia social, político-militar y una jefatura única. Duro y doloroso fue el proceso de la pérdida de la primera y la segunda Repúblicas.

Miranda salió frustrado y derrotado, Bolívar tuvo que huir y reconstruir nuevas fuerzas en Colombia para retomar Caracas y refundar la República. La insurgencia de Boves significó la gran tragedia mortal de la segunda República. Bolívar emigra hacia Oriente para luego reconstruir fuerzas.

Finalmente, en ese recorrido de resistencia, se llega al Congreso de Angostura bajo el mando único y supremo del Libertador. Se desarrolla la contraofensiva de acumulación de fuerzas, se llega al Armisticio y de allí a la gran batalla definitiva en el inmortal Campo de Carabobo.

Luego, Pichincha, Junín y Ayacucho para abrir los cauces de la independencia hacia el Congreso Anfictiónico de Panamá y el extraordinario sueño frustrado de la Gran Colombia.

He allí el esquema del recorrido de un proceso histórico que hoy es de gran utilidad como espejo propio de nuestro pasado para iluminar los nuevos retos del presente y garantizar nuestro futuro inmediato.

La historia funciona como un gran sistema dinámico de relaciones dialécticas, criticas y complejas, bajo las coordenadas temporales del pasado, el presente y el futuro. Esto nos indica que para entender bien nuestro presente y futuro, es necesario, no solo conocer el pasado, sino fundamentalmente, aplicar una metódica basada en los enfoques sistémico, dialéctico, crítico y complejo.

De lo contrario, simplemente reproducimos las narrativas fundamentadas en los métodos estructuralistas, hermenéuticos, funcionalistas, descriptivos, psico críticos y demás detractores que están bajo el control mediático de los grandes y poderosos medios de información del imperialismo y sus empresas trasnacionales.

Sin darnos cuenta de eso, y por ignorancia, terminamos siendo víctimas inconscientes de esas líneas de pensamiento y control psico-social, aplicado a las grandes masas de la vida urbana moderna, capitalista, a través de los grandes medios de información controlados por y para la burguesía y el imperialismo yanki.

Nunca antes habíamos vivido una situación tan estelar como en ésta en la que hoy nos encontramos; pero, igualmente, nunca antes habíamos sido un pueblo con un nivel de conciencia patriótica tan cohesionado y compacto como lo ha logrado la doctrina rodrigueana-bolivariana-zamorana, diseñada y puesta en marcha por el comandante Hugo Chávez; y hoy plenamente garantizada y en victoria estratégica bajo la sabia, valiente y digna conducción del camarada presidente Nicolás Maduro.

Lo que nunca pudo lograr la izquierda venezolana (en ninguna de sus presentaciones: reformista o radical, parlamentaría o armada, conciliadora o principista) durante todo el siglo XX; sí lo logró hacer Chávez: generar un liderazgo, una fuerza cívico-militar de pueblo unido, un plan de gobierno popular y un partido cohesionado bajo su mando, para tomar el poder político por la vía pacífica electoral.

A partir de 1999, se inicia en Venezuela y en América, lo que bien podemos llamar La era Chávez o El Chavismo, sustentado orgánicamente en la doctrina del árbol de las tres raíces: Simón Rodríguez-Simón Bolívar-Ezequiel Zamora. Con la partida física del comandante eterno y el nuevo liderazgo de nuestro actual presidente Nicolás Maduro, nuestro proceso revolucionario asume la doctrina oficial del Bolivarianismo chavista, anti imperialista y socialista.

Con esta precisión conceptual doctrinaria, el presidente Maduro ha resuelto el tema de la sustentación política y programática de su gobierno; y con ello, dio respuestas a las dos tesis divisionistas y desmoralizantes que mucha gente aún cacarea y difunde: el lema nefasto y derrotista de “Maduro no es Chávez”; y luego, esa consigna metafísica y engañosa de “Volvamos a Chávez”.

La primera, “Maduro no es Chávez”, fue acuñada por los agentes del imperialismo, la oposición apátrida y los infiltrados rojo rojitos, para desmoralizar, confundir, dividir y derrotar al chavismo más sensible y apasionado, pero menos racional y formado metódicamente. De igual manera, esa consigna contraviene el pensamiento y mandato de Chávez cuando nos dijo que su decisión y orden firme y clara como la Luna llena es que eligiéramos a Nicolás Maduro como Presidente de la República.

La segunda consigna, “Volvamos a Chávez”, es igualmente contraproducente por su naturaleza metafísica, subjetivista y sesgada. Si Chávez dijo: “Yo ya no soy yo… Yo soy un pueblo… yo soy tú, mujer… yo soy tú, hombre… yo soy tú, muchacha, muchacho…”, esto quiere decir que todos y todas sus seguidores y seguidoras, somos y seremos Chávez.

En su teoría, en su pasión, en su amor al pueblo que somos nosotros mismos y, sobre todo, en nuestra praxis histórica, en nuestra lealtad y consagración total y absoluta con todo su legado.

Es necesario insistir, entonces, en que no es correcto decir “Volvamos a Chávez” porque con esa expresión se genera una mentalidad de vacío, orfandad, desamparo e incertidumbre; y eso es peligroso porque no podemos andar desmoralizados frente a un enemigo despiadado y criminal como lo es el imperialismo yanki, por un lado; y por el otro lado, una burocracia ineficaz, corrupta y traidora, junto a los infiltrados y las infiltradas con disfraz rojo rojito.

Afortunadamente, nuestro presidente Nicolás Maduro y quienes lo seguimos y defendemos con lealtad absoluta nunca nos hemos desmoralizado frente a las duras y criminales ofensivas de los enemigos de la revolución. En tal sentido, la historia viene demostrando lo correcto de nuestras consignas más importantes: “Chávez vive, la patria sigue” “Chávez no se murió, se multiplicó”, “Chávez es el corazón del pueblo”, “Chávez somos todos y todas”, “Leales siempre, traidores nunca” “Unidad, lucha, batalla y victoria”.

Es importante entender que el imperio nos impuso, entre tantas ofensivas de destrucción y criminalidad, tres modalidades de guerra no convencional que hemos enfrentado victoriosamente, de acuerdo con los resultados que se pueden evaluar hoy con absoluta objetividad:

1.- La guerra diplomática internacional, cuyo fin es aislarnos y condenarnos en todas las instancias internacionales para luego invadirnos sin que nadie se apiade de nosotros mientras ellos nos destruyen y saquean, tal como lo lograron en Afganistán, Irak, Libia, Palestina; y lo intentaron en Siria, Irán, Honduras, Nicaragua, entre otras naciones.

2.- La guerra mediática con la cual buscan confundir, desmoralizar, dividir y derrotar al glorioso pueblo bolivariano chavista. Destruir y segregar la conciencia colectiva y borrar para siempre en nuestra memoria colectiva, esta experiencia original y gloriosa de nuestro propio proceso revolucionario anti imperialista y socialista del siglo XXI

3.- La guerra económica que es la peor de todas porque con ella pretenden matarnos de hambre, convertirnos en animales hambrientos que se destruyen y se comen y devoran los unos contra los otros.

Contra esos tres frentes de ataques y muchos otros, como el burocratismo, la ineficacia, el saboteo y la corrupción, es que estamos luchando día y noche, sin tregua ni descanso, con la lealtad necesaria y la dignidad colectiva del pueblo bolivariano en cada batalla, confrontación teórica y práctica de cada mañana de cada día, siempre abrazados a la victoria en cada una de estas líneas de lucha, bajo el mandato y las orientaciones de nuestro presidente Nicolás Maduro:

Uno, la milicia popular bolivariana, que es la gran fuerza cívico-militar-policial-religiosa del propio pueblo chavista para enfrentar al imperialismo yanki y sus lacayos en todos los terrenos que sean necesarios.

Dos, la marea roja que es el mismo pueblo chavista en la calle como poder social y político victorioso contra los desmanes y conspiraciones de la oposición política.

Tres, el pueblo como sujeto histórico civil que ejerce y defiende activamente su propia democracia participativa y protagónica, tal como se demuestra en cada evento electoral, especialmente, la elección del Poder Constituyente y la actual mega elección de gobernadores, alcaldes y legisladores.

En definitiva, el pueblo bolivariano chavista, convertido hoy en Sujeto Histórico de su propio destino, es en sí mismo la máxima representación y realización del pensamiento y la doctrina de Chávez, sostenida, defendida, desarrollada y fortalecida por el camarada presidente Nicolás Maduro.

En este contexto histórico social es muy importante tener claros los objetivos centrales:

1.- Preservar y defender la independencia y la soberanía nacional.

2.- Fortalecer y consolidar la paz necesaria para el bienestar y desarrollo de nuestro pueblo y la institucionalidad de la República.

3.- Derrotar las amenazas desestabilizadoras y guerreristas de los enemigos del pueblo y de la nación.

4.- Recuperar e impulsar la economía nacional en sus tres dimensiones: minería, agricultura y cría (la tierra, el campo); la producción de bienes para el consumo humano y no humano (la industrialización, la ciudad) y la distribución de los bienes y servicios necesarios para el pueblo y el desarrollo integral de la nación (el comercio y los servicios en todo el territorio nacional).

 

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5.- Recuperar y fortalecer el estado de bienestar del pueblo venezolano, es decir, los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, consagrados en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

6.- Desarrollar las bases y fundamentos teóricos y prácticos de nuestro proceso revolucionario liberador socialista del siglo XXI desde el Poder Popular organizado en las Comunas, los Consejos Comunales y todo el sistema de agregación de organizaciones populares.

He allí los retos y exigencias de este proceso histórico que va de Chávez a Maduro por un solo sendero, un solo e inequívoco camino de resistencia y avances en Unidad, Lucha, Batalla y Victorias.

 

Christian Farías / Ciudad VLC