#Opinión: “El fin de la era monroísta en Venezuela” por Christian Farías

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La bifurcación en la dinámica histórica del continente americano

Los hechos históricos se distinguen de los no históricos según sea su grado o nivel de trascendencia, influencia o incidencia dentro de las estructuras o el sistema general de la vida económica, social, política, militar, religiosa, cultural, de una nación o conjunto de naciones.

En tal sentido, hace más de doscientos años, la lucha independentista del pueblo norteamericano contra el dominio colonial de la vieja Inglaterra, dio nacimiento a lo que hoy es otro gran imperio ya en decadencia: los Estados Unidos   de Norteamérica. Así mismo, la gesta de independencia de Venezuela y todas las demás naciones dominadas por el imperio español, dio nacimiento a la Venezuela bolivariana y demás naciones que hoy siguen librando sus luchas independentistas, pero esta vez contra el imperialismo norteamericano.

Las preguntas que nos vienen a la mente son muchas, pero, por los momentos nos detendremos en dos que corresponden a la bifurcación de nuestra dinámica histórica social. ¿Qué pasó en esos procesos para que se reprodujera la tradición imperialista europea en Norteamérica? y ¿por qué Venezuela y toda las demás naciones de Latinoamérica y el Caribe se convirtieron en nuevas colonias del nuevo poder imperial norteamericano?

En primer lugar es necesario decir que los hechos históricos son modificadores trascendentes de una realidad determinada, marcan o fijan el tiempo o momento del deslinde entre un antes y un después; en segundo lugar inauguran, determinan y rigen un nuevo tiempo, una nueva era; en tercer lugar, tienen una medida geopolítica, una implantación, desarrollo y permanencia en un tiempo y un espacio determinados; en cuarto lugar, son mutables y recursivos a la vez porque los seres humanos somos los únicos que hacemos, destruimos y repetimos nuestras propias historias.

Ubicados en esa perspectiva, nuestra historia posterior a la dominación española y europea en general se bifurcó siguiendo dos tradiciones: por un lado, el paradigma de la dominación imperialista de la vieja y decadente Europa, reproducido ahora desde los Estados Unidos contra todo el continente; y por otro lado, las necesarias y legítimas luchas de resistencia y liberación de los pueblos oprimidos de Nuestra América. En consecuencia, el desarrollo económico-socio-cultural de nuestros pueblos queda determinado por la confrontación y no por la cooperación.

 

Doctrina monroísta contra la independencia                                            de América Latina y el Caribe

Es importante saber que después de separarse de Inglaterra y, específicamente, a partir del año 1823, Estados Unidos emerge como nueva potencia imperial; y para justificarse, inventan dos instrumentos teóricos: uno de política de Estado, la llamada Doctrina Monroe; y otro, de fundamentalismo mítico-religioso, denominado el Destino Manifiesto. (Véase Nicanor Domínguez Faura en www.noticiasser.pe 02-08-2018).

De acuerdo con la fuente utilizada por Nicanor Domínguez (Encyclopedia of Latin America. 2010, vol. III), “El secretario de Estado John Quincy Adams pensaba que los británicos tenían sus propios objetivos imperiales y proponía que una política unilateral serviría mejor a los intereses norteamericanos. Siguiendo el consejo de Adams, Monroe presentó esta política unilateral en un discurso ante el Congreso el 2 de diciembre de 1823”.

De esa manera, Estados Unidos le cierra el acceso a Inglaterra y también a Francia, Holanda, Portugal y España, en los asuntos relacionados con el nuevo modelo de desarrollo de las naciones americanas, ahora independizadas del dominio español. Tal como se puntualiza en el siguiente enunciado:

La Doctrina Monroe fue una declaración hecha por el presidente de los EE.UU. James Monroe en 1823 delineando la política norteamericana hacia Latinoamérica.  La doctrina establecía como punto central que los EE.UU. protegerían activamente la soberanía de las nuevas naciones independientes latinoamericanas y que trabajarían para prevenir que ninguna potencia europea tratara de restablecer un imperio colonial en la región.

Con esto queda claro que la nueva potencia norteamericana se abroga la protección, o más bien la nueva dominación imperial, de las nuevas naciones libres del dominio español (la mayoría de América Latina), francés (la tragedia histórica de Haití) o inglés (las islas del Caribe).

Así nació la doctrina Monroe, sintetizada en la frase América para los americanos que es el fundamento de su hegemonía imperialista, sus agresiones, injerencias, invasiones, saqueos y destrucción de los pueblos y naciones de nuestro continente, a través de la superioridad económica, tecnológica, militar y mediática.

 

La doctrina bolivariana de la independencia                                            y la anfictionía Latinoamericana

Para el 24 de junio de 1821, con la gloriosa victoria de la Batalla de Carabobo, Venezuela alcanza su independencia y se erige como nación libre y soberana. Desde esa posición, nuestro Padre Libertador Simón Bolívar continúa la gesta independentista victoriosamente hacia el Sur para conformar la Gran Colombia. Luego, se produjo la convocatoria del Congreso anfictiónico de Panamá para unir a toda la América hispana en una sola gran Nación libre, soberana e independiente.

Bajo la égida de la doctrina desarrollada por Simón Bolívar, el proyecto de la anfictionía americana tiene como objetivo central, conformar la unión de todas las nuevas naciones liberadas del dominio imperial español: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, con el resto de las naciones del Sur y Centroamérica.

El Congreso anfictiónico de Panamá, se proyecta así como la alternativa para la consolidación de la independencia, la soberanía, la libertad, la paz, la estabilidad y el desarrollo económico social, propio de la nueva América mestiza, diversa multi-étnica y pluricultural.

No nos parece casual que a dos años de la gloriosa batalla de Carabobo, el gobierno norteamericano aprueba su famosa y nefasta Doctrina Monroe, concebida como instrumento político-ideológico, jurídico e institucional para sustentar el despliegue de su hegemonía imperialista en el continente de los libertadores indígenas, negros y mestizos, constituidos ahora como la nueva raza plural, diversa, libre, creadora, irreductible e indestructible en sus esencias y sueños de esperanza y redención.

 

La Venezuela bolivariano-chavista y el fin de la doctrina Monroe

Con el comandante Hugo Chávez y la fuerza de la conciencia colectiva del pueblo bolivariano, Venezuela dejó de ser una neo colonia más del patio trasero de los norteamericanos y comenzó a recuperar su soberanía, su independencia y libertad como nación fundada bajo la égida de los libertadores comandados por la espada y la doctrina de Simón Bolívar, sustentada en esos valores y la visión anfictiónica de Nuestra América.

Ahora, en este nuevo periodo, bajo la conducción de nuestro presidente Nicolás Maduro, electo democráticamente por la mayoría del pueblo, Venezuela reafirma sus propios valores bolivarianos-chavistas para ser siempre de y para los venezolanos y las venezolanas.

No queremos ni necesitamos al imperio yanki, ni su doctrina Monroe para la reproducción de su hegemonía; ni su doctrina Truman para la contención del comunismo soviético, chino, iraní o cubano; ni su diplomacia hipócrita y desestabilizadora para seguir apuntalando su ya menguada hegemonía imperial.

 

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Somos un pueblo y un país soberanos, libres e independientes, de paz y diálogo para la cooperación, el entendimiento y el bienestar compartido. Estamos construyendo la nueva Venezuela bolivariana-chavista, en resistencia y lucha contra la guerra económica, mediática y multifactorial.

Todo nuestro esfuerzo, sacrificio y dolor en la resistencia activa en que nos encontramos actualmente, lejos de amilanarnos nos fortalece y agranda nuestro amor por la paz y nuestra unidad nacional y continental, con los brazos abiertos, hermanados con todos los pueblos del mundo, latinoamericanos y caribeños, diciéndole adiós a la doctrina Monroe porque la consolidación de nuestra soberanía, de nuestra independencia y nuestra libertad significan también el fin de la era monroísta en Venezuela.

 

Christian Farías / Ciudad VLC