“Presencia, despedida y permanencia del Comandante Chávez” por Christian Farías

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El famoso dramaturgo alemán Bertolt Brecht nos advirtió “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

LA PRESENCIA DEL COMANDANTE HUGO CHÁVEZ se hizo imprescindible al consagrar su vida política y personal a la causa redentora del pueblo venezolano y de los pueblos indo-afro-latinoamericanos y caribeños de Nuestra América y del resto del mundo.

Su existencia, llena de vitalidad y entusiasmo, su capacidad amorosa y su espiritualidad abierta y compartida con su pueblo, lo llevaron a trascender la política clásica y tradicional de nuestra civilización, abriendo nuevas sendas para la historia social, política, militar, cultural, moral, espiritual y ética de nuestros pueblos.

Chávez fue un niño lleno de sueños y aprendizajes de las cosas más sencillas de la vida, desde la tierra llanera de su profunda y amada Barinas. Creció, se hizo militar, estudió el pensamiento y la praxis histórica del más excelso de nuestros maestros, Don Simón Rodríguez, fijando en su intelecto ese grito primario y emancipador de “Inventamos o erramos” para ser libres y soberanos.

Igualmente, en la Academia Militar, conoció, estudió e internalizó en la profundidad de su espíritu la doctrina del Libertador Simón Bolívar. Con ello se formó como republicano, independentista, soberano, amante de la patria y la libertad hasta llegar a su condición de líder irreductible y revolucionario, abrazado a la lucha del pueblo, con el pueblo y para el pueblo, bajo las premisas históricas del Bolivarianismo.

Su tercer nivel de identidad histórica, política y revolucionaria; venezolana, americana y universal, lo alcanza con el legado del gran guerrero del llano, nuestro Ezequiel Zamora, cuya praxis histórica se resume en ese grito rotundo e imperecedero de “Tierras y hombres libres”.

Chávez luchó sin cansancio alguno. Fue un guerrero de profundas convicciones civiles, patrióticas, humanísticas, culturales, espirituales, políticas y militares, a lo largo y ancho de su formación académica y revolucionaria a lo largo de las cuatro fases fundamentales de su vida adulta:

Primero: en la academia militar como cadete y soldado de la patria, en la cual se formó militarmente y adquirió los fundamentos filosóficos, políticos y militares del Padre Simón Bolívar, el maestro Rodríguez y el guerrero Ezequiel Zamora.

Segundo: en la vida política civil, donde alcanzó la categoría de dirigente político revolucionario y luego, candidato a la presidencia de la República en su condición de líder de las fuerzas y movimientos sociales emergentes a partir de las dos rebeliones que marcan su contexto histórico-social: la rebelión civil del 27 de febrero de 1989 y la rebelión militar del 4 de febrero de 1992.

Tercero: en su vida institucional, como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, le tocó enfrentar situaciones muy difíciles que marcaron su vida política como jefe de Estado y como líder revolucionario anti imperialista, socialista, bolivariano, robinsoniano y zamorano.

Por un lado, batallar contra los ataques criminales de los enemigos de la Patria (el imperialismo, como el enemigo principal; junto a la burguesía rentista, la burocracia corrupta e ineficaz y la oposición apátrida) que lograron dar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002; pero, inmediatamente derrotados por la acción unitaria cívico-militar del contragolpe del13 de abril de 2002.

Por otro lado, construir el nuevo estado de bienestar social del pueblo, acumular fuerzas y poner en marcha la unidad cívico-militar, fortalecer la solidaridad, el amor y el avance de la integración y la unión de las naciones latinoamericanas y del Caribe.

Cuarto: en su condición de líder político de Venezuela y de Nuestra América, le tocó ser protagonista de primera línea en el inicio de la construcción y avance del nuevo mundo multicéntrico y pluripolar, desde escenarios institucionales como PETROCARIBE, ALBA, UNASUR, MERCOSUR, CELAC y Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL).

LA DESPEDIDA DEL COMANDANTE CHÁVEZ, ocurrió hace diez años; pero, nos dejó vivo su legado. Por esa razón, debemos insistir en la necesidad de rechazar su mitificación y reafirmar la vigencia histórica de su praxis social, política y amorosa. En ese sentido, Chávez es y seguirá siendo una presencia histórica irreductible como el corazón del pueblo; y no un mito supremo e insustituible.

Chávez vive y sigue siendo, el máximo dirigente de carne y hueso que se reafirma con la acción del pueblo, con nuestra praxis histórica y con la objetivación dialéctica de las contradicciones que asumió con sabiduría y perspectiva liberadora.

A diez (10) años de su partida física, Chávez se reafirma vivo en la conciencia, la lucha, la resistencia, la unión cívico-militar-religiosa, la praxis y el amor eterno de nuestro pueblo venezolano y los pueblos hermanos de Nuestra América, junto al máximo dirigente actual: el compañero Nicolás Maduro, designado por el propio Chávez aquel inolvidable sábado 08 de diciembre de 2012:

 

“Si pasa algo que me inhabilite para continuar al frente de la presidencia, Nicolás Maduro debe concluir el periodo”, … Mi opinión firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar de nuevo a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido”.

 

LA PERMANENCIA DEL COMANDANTE CHÁVEZ, es clara y evidente en el ejercicio de la crítica al liderazgo decadente de las derechas y las izquierdas, adoptando el legado de Simón Bolívar y toda la tradición independentista.

En tal sentido, el auténtico y verdadero liderazgo chavista se nutre de tres tradiciones: primero, la resistencia irreductible indígena y africana; luego, el patriotismo y la soberanía de la independencia, y después la insurgencia campesina de la Guerra Federal bajo el lema de “Tierras y hombres libres”.

A partir de esas tres tradiciones, nuestro Comandante logra sistematizar, actualizar y desencadenar el nuevo modelo del dirigente revolucionario de esta etapa de nuestra historia, para desarrollar exitosamente la revolución liberadora y socialista del siglo XXI.

He aquí su permanencia irreductible en diez (10) claves del auténtico y verdadero liderazgo chavista. Dentro de ella, todo; fuera de ella, nada:

1.- La valentía para desprenderse de lo personal y asumir los riesgos del compromiso revolucionario liberador con el pueblo y con la patria. Esto fue lo que hicieron Chávez y sus seguidores esa madrugada del 4 de febrero de 1992, arriesgándolo todo. La valentía aparece, así, como el primer signo moral y ético de la acción política-militar revolucionaria. Antes de su partida física, Chávez mostró de nuevo su valentía para levantarse de su cama de moribundo en Cuba y venir a su país a expresarnos sus últimas palabras de despedida.

2.- La responsabilidad personal y política ante cualquier adversidad. Ese mismo 4F, llama a sus compañeros de armas que controlaban militarmente el Zulia y Valencia, a la rendición ante la derrota sufrida en Caracas y evitar así mayor derramamiento de sangre. Igualmente, cuando entrega el poder frente al golpe de Estado fascista del 11 de abril de 2002, para evitar la guerra civil; y al final de sus funciones públicas en Miraflores, cuando nos indicó que eligiéramos a Nicolás Maduro como Presidente de la República

3.- La visión profética en la valoración del futuro inmediato para saber cómo asumirlo sin demagogia. El 4F del 92, nos dijo “vendrán tiempos mejores y el país habrá de enrumbarse por un mejor destino”; y así fue. Pero, el 08 de diciembre de 2012, nos advirtió que vendrían momentos difíciles y no faltarán quienes pretendan imponernos el neoliberalismo; y efectivamente, es lo que estamos enfrentando.

4.- El patriotismo y la dignificación de la República. Chávez desmontó todos los mitos, demagogias y falsedades de las dictaduras militares caudillistas y las dictaduras partidistas de la democracia formal representativa del capitalismo y la burguesía. Reactivó el espíritu patriótico bolivariano y la refundación de la República con la nueva Carta Magna (CRBV) de 1999, en la cual se dignifica plenamente el protagonismo del pueblo como el sujeto histórico de la República, sustentada en la nueva democracia participativa y protagónica.

5.- El amor como la fuerza universal más poderosa para la unión y la  convivencia humana. Desde su primera aparición hasta su despedida, Chávez vivió abrazado al amor del pueblo; de los niños, de la juventud, las mujeres, la clase obrera, el campesinado, los adultos mayores, los limitados o con alguna discapacidad, la diversidad sexual, los deportistas, artistas, científicos, clérigos. El amor fue siempre su prédica para derrotar el odio y fortalecer la unión de las comunidades, los vecinos, el pueblo y toda la República.

6.- La doctrina y la tradición bolivariana. Chávez reivindica y pone en funcionamiento todo el ideario del Padre Simón Bolívar, concebido como fundamento doctrinario de la nueva República, de la unidad continental, del nuevo mundo y del liderazgo de la emancipación, cuya premisa está plasmada en el juramento del Monte Sacro delante del maestro Simón Rodríguez y ulteriormente desarrollada en su praxis histórica hasta el momento de su muerte cuando clama por el cese de los partidos y la consolidación de la unión.

7.- La independencia y la soberanía. A partir del glorioso 5 de julio de 1811, nace oficialmente la patria libre, independiente y soberana. Pero, fueron inevitables y necesarios diez años de cruenta guerra contra el decadente y desbaratado imperio español, para consolidar el 21 de junio de 1821, la victoria definitiva.

Sin embargo, a 200 años de distancia, nuevamente estamos en la misma batalla por la independencia y la soberanía contra el también hoy decadente y disparatado imperio norteamericano. Chávez y ahora, Maduro encarnan ese valor irreductible de la independencia y la soberanía que todo y toda chavista debe enarbolar y hacer respetar con orgullo patrio.

8.- La unidad nacional, continental y popular. Esta es la estrategia irreductible del liderazgo chavista para vencer al enemigo imperialista en su afán de destruirnos y someternos a la esclavitud neoliberal. Con el liderazgo del presidente Nicolás Maduro, ha quedado demostrado que la unidad cívico-militar-policial-religiosa, es nuestra principal fortaleza para derrotar al agresor y consolidar el liderazgo bolivariano en sus tres dimensiones: la nación, el continente y los pueblos. Solo así, tendremos soberanía y libertad para recuperar el bienestar social y consolidar la paz.

9.- La subjetividad, la moral, la ética, la fe y la espiritualidad, constituyen un todo anímico-emocional, junto a la potencialidad física y material del dirigente bolivariano, para desarrollar su praxis social, política o militar en cada comunidad, espacio o ámbito que corresponda. Con base en este valor, Chávez dijo: “Yo ya no soy yo… yo soy un pueblo… Chávez eres tú, mujer, hombre, joven, niño, niña…”

10.- El socialismo bolivariano y el Poder Popular. Todo el esfuerzo del dirigente social, político, religioso o militar del chavismo, corre el riesgo de diluirse, confundirse, frustrarse o perderse, si no tiene bien claro que el objetivo histórico estratégico, de eterno aliento y trascendencia, es el socialismo bolivariano. Esta es la única alternativa histórica, válida y necesaria, frente al capitalismo burgués e imperialista.

De hecho, Chávez trasciende su propia muerte física y sigue vivo entre nosotros, precisamente, por haber llegado más allá de la nueva Carta Magna de la República y formular los cinco grandes objetivos históricos del Plan de la Patria. Allí está incluido el socialismo bolivariano del siglo XXI, cuyo sujeto protagonista y constructor es, en primer lugar, el Poder Popular, seguido y acompañado de todas las demás fuerzas de la patria.

 

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Conclusión: He allí la esencia de estas diez (10) claves principales, entre muchas otras, del liderazgo chavista. No hay confusión, ni dudas, ni vacilaciones. Con ellas adquirimos y desarrollamos una ética y una moral revolucionaria propias, sustentadas en nuestra identidad socio-política, siguiendo el paradigma de nuestro principal maestro Simón Rodríguez: “Inventamos o erramos”.

La historia de estos 23 años ha demostrado que inventamos un destino propio y debemos hacerlo juntos. No vale errar, pero debemos ser originales y originales han de ser nuestras leyes e instituciones, nuestros sueños, nuestra imaginación, nuestro liderazgo y nuestro socialismo bolivariano-chavista.

Por último, es pertinente recordar que todos estos preceptos o cualidades nos obligan a estudiar, leer, analizar, debatir; sistematizar experiencias, ideas, conceptos, propuestas; en fin, cultivar el saber y la imaginación creadora.

 

Christian Farías / Ciudad Valencia