El warao Daisidau Tahera o el académico Pedro Juan Krisólogo Bastard

En el Día de la Resistencia Indígena nos complace compartir estas hermosas líneas creadas por el periodista y escritor venezolano J.R. Izquierdo cuya difusión consideramos indispensable. En Ciudad Valencia nos sumamos a las solicitudes que formula su autor y reivindicamos al warao Daisidau Tahera.         


REIVINDICO AL WARAO DAISIDAU TAHERA, INDÍGENA DE LOS CAÑOS, COMO INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA VENEZOLANA DE LA LENGUA
J.R. IZQUIERDO / Periodista-Humanista

 

 

WARAO:

Aquel gran mundo

de las constelaciones y los mitos

EL DUEÑO DE LA LUZ

 

Cuando los warao bajaron de las nubes

vivían en la obscuridad y buscaban sus comidas en las tinieblas;

sólo se alumbraban con candela que sacaban de la madera.

En ese entonces no existía ni el día ni la noche.

 

I I

Un hombre tenía dos hijas y se enteró que había un joven que era dueño de la luz.

Llamó a la hija mayor y le dijo:

–Anda donde está el dueño de la luz y me la traes.

Ella tomó su mapire, su bolsa, y se fue.

Encontró muchos caminos por donde iba, tomando fácilmente el que la llevó a la casa del venado. Allí se quedó un buen rato jugando con él.

Después regresó con su padre, pero no llevaba la luz.

 

El padre de las muchachas resolvió enviar a la otra, a la menor.

–Ve donde está el muchacho dueño de la luz y me la traes.

La muchacha tomó el buen camino y rápidamente llegó a la casa del dueño de la luz.

 

El dueño de la luz (Imagen: misteriosalvenezuela.blogspot.com)

I I I

–Vengo a conocerte, a ser tu amiga y a ver si me puedes dar la luz para llevársela a mi padre.

–No te esperaba, pero ya que llegaste te quedarás a vivir conmigo.

El joven tomó una caja tejida, el torotoro, que tenía a su lado, y con mucho cuidado la abrió.

 

La luz iluminó sus brazos, su pecho y sus dientes blancos, también iluminó el pelo y los grandes ojos de la muchacha.

Allí vio por primera vez la luz.

El joven, después de mostrársela, la guardó.

 

I V

Cuentan que todos los días el muchacho sacaba la luz para jugar con la muchacha, y así pasó el tiempo, jugaban con la luz y se divertían, hasta que la muchacha recordó el recado de su padre.

Tenía que llevarle la luz, eso fue lo que vino a buscar.

 

V

El dueño de la luz, que era su amigo, se la regaló.

–Toma la luz, así podrás verlo todo

 

V I

La muchacha regresó con su padre y le entregó la luz que estaba encerrada en el torotoro, en una cesta tejida.

El padre tomó la cesta y la guindó en uno de los troncos del palafito.

De inmediato, los rayos de la luz iluminaron el agua del rio y las ramas del manglar.

 

V I I

Todos los pueblos del Delta del Orinoco al enterarse de la noticia, se apresuraron para ver el fenómeno.

Llegaron curiaras llenas de gente.

 

Llegó un momento en el que el palafito no podía soportar el peso de tanta gente curiosa y maravillada con la luz.

Tanta gente que llegó a esta casa que el padre de las muchachas no soportó más y de un manotazo lanzó la cesta hacia el cielo.

 

V I I I

Cuentan que la masa de la luz voló hacia el Este y se convirtió en Sol, pero en cambio la cesta tejida voló hacia el Oeste y surgió la Luna.

Cuando el anciano warao lanzó su torotoro hacia el cielo, su luz comenzó a pintar el deslumbrante otoño, los delicados y excitantes colores de la primavera, el sereno azul del  firmamento y ese gris-verde-azul de los mares.

 

Los árboles se llenaron de verdes intensos y sus frutos caían en verano cuajados de amarillos y de rojos. Caían cargados de color.

El mismo warao, el yanomami, el yaruro, el guaraúno, los wayuu, los pemones, los arekuana, los who¨thiheh, los taurepanes, comenzaron a dibujar sus cuerpos, colorear sus rostros e iluminar sus ojos…

…Aparecieron también las flores y los pájaros.

 

Leyenda Warao. “Cuentos indígenas venezolanos” 

del Centro de Formación Padre Joaquín, / Fe y Alegría


 

Por allá lejos… por donde se desparraman los raudales por umbrosos caminos de agua que  dibujan el Delta y que luego verterán al mar océano, nació Daisidau Tahera, “Otro Árbol Fuerte”.

Imagen: Wikiwand

II

Una flecha tribal, pone fin a la vida  de una indiecita en Yawaraco, Santa Rosa del Caño Araguao, y Daisidau, por horas, sigue amamantándose del seno de su madre yacente.

Una monja capuchina lo rescata y su congregación lo hace suyo. Fiesta en el Convento de Araguaimujo.

Un niño…!

Otro Árbol Fuerte nace una y otra vez…

Yaka. Para bien…! …

Para bien de la sociedad indígena venezolana.

 

A los siete años lo entregan a los frailes. Ya no podía estar junto con las niñas educandas.

La Misión lo harán bachiller.

Yaka.

 

III

En 1947 era yo Corrector de Pruebas del Diario Católico La Religión en Caracas.

De eso hace ya 74 años.

Una mañana alguien, a quien nunca antes había visto,  se sienta frente a mí en la silla que ocupaba regularmente mi ayudante en la lectura.

La corrección tipográfica de textos, comúnmente llamada corrección de pruebas, era la que se realizaba en los diarios o en las editoriales entre dos personas. Una que leía en voz alta la copia impresa del trabajo original del autor,  y otra, con el original en la mano, advertía sobre cualquier omisión de texto o alteraciones que hubieran podido producirse en su copiado.

Lo saludo. Nos saludamos.

–Me mandaron de Delta Amacuro para que aprenda más castellano en este periódico. Soy ahora su ayudante!

Como yo, quizás aquel joven warao tendría unos veinte años. Daisidau era parco en el hablar.

DAISIDAU TAHERA

No recuerdo el tiempo exacto que estuvo en mi ayudantía.

Su discreción, sus silencios, su humildad, su paz interior manifestada en cada acto, en cada gesto, contrastaban notablemente con el comportamiento dicharachero de los caraqueños, del rebullicio y la jerga callejera.  Sus silencios chocaban notablemente con las radios encendidas a todo volumen para oír los ardorosos debates del Congreso Nacional.  También, a Monseñor Pellín, director del diario, que invitaba en sus editoriales que como ayudante él también leía, en los que en algún momento el prelado invitaba al Dr. Gustavo Machado, el más alto dirigente del comunismo nacional devenido de la alta burguesía criolla, a que se acercara a su oficina para que vea que debajo de su sotana había unos pantalones muy bien puestos.

Una mañana, manos juntas y con una leve inclinación, se despedía Daisidau.

–Aprendí mucho. Gracias. Ahora me voy a estudiar…

Monseñor Pellín dirigió el Diario La Religión entre 1930 y 1968

 

IV

Cincuenta y un años después, El Universal, a toda página, anuncia que el Dr. Pedro Juan Krisólogo Bastard, se juramentaba en el Palacio de las Academias como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente a la Española. Ocupará el Sillón “D” de la institución.

Medio siglo atrás, y saltaron los recuerdos…

–Aprendí mucho…Ahora me voy a estudiar!

Daisidau Tahera, “Otro Árbol Fuerte” era el que subía al estrado tachonado en oro del Palacio de las Academias en Caracas para recibirse como Académico de la Lengua.

 

V

Las tribus de la sociedad civil y sus leyes, le secuestraron su nombre y apellido ancestrales. Su identificación será entonces y en diversas instancias, Bastardo, Bastard o Krisólogo.

En la portada del folleto que se distribuyó a los presentes el día de su recibimiento, se le identifica como Don Pedro Juan Krisólogo Bastard y dentro, en página de comienzo, se anuncia el “Discurso de Don Pedro Juan Krisólogo”.  Ya el Presidente de la Academia, Luis Pastori, poeta, abogado y banquero, en su presentación, lo mencionó sólo como Krisólogo.  En ese birlibirloque, será el mismo científico de las letras quien despreciando su apellido impuesto, oficializará y firmará Bastard en todas sus obras, revistas especializadas tanto nacionales como internacionales y medios de comunicación.  Krisólogo tampoco fue su apellido. Proviene de Pedro Krisólogo, nombre que le pusieron las monjas y los frailes de Araguaimujo en honor a su santo patrón.

Su esposa madrileña, Desideria Garrido Vayo de Bastard que lo sobrevivió, nos informó cuando la entrevistamos, que en presentaciones personales se identificaba como Krisólogo. De igual manera y en forma un tanto comprometida nos manifestó que “había un Bastardo que pertenecía a la Academia de la Lengua. Por este señor, afirman, le pusieron su apellido”.

 

VI

Aquel 17 de Marzo de 1998, Daisidau Tahera, “Otro Árbol Fuerte”, sube al estrado de oradores para recibirse como Individuo de Número de la Academia de la Lengua.

Al pie del estrado, honraron al orador dos académicos que seguramente, para el momento, disfrutaban en el mundo de Wanadí.

En el solemne acto, en el que sólo había un indígena, el orador, Pastori lo presenta:

Pedro Juan Krisólogo Bastard, el recipiendario de esta tarde, ha hecho honor a sus ancestros  guaraúnos, desde su nacimiento en Yawaraco, Santa Rosa del Caño Araguao, hasta esta notable culminación académica.

(…) Si se despertara de pronto de su largo sueño, el Almirante del Mar Océano, a buen seguro que muy grande sería su asombramiento ante el hecho de que un indio warao, a quinientos años de haberlos descubierto semidesnudos y salvajes en la punta de Paria, estuviera hoy incorporándose a la Academia de la Lengua que él sembró en esta Tierra de Gracia y que luego creció por todos los caminos de América.

En tiempos nuevos en Venezuela, en los que la post-verdad es combatida con la sinceración de la historia, las palabras de Pastori incitan a otras lecturas.

Poeta Luis Pastori

 

VII

Daisidau se dirige a los académicos de la lengua, nada eruditos en cosmogonía, mundo sideral, constelaciones. Tampoco conocen sobre la organización social de aquellas naciones remotas que se rigen por la autonomía política mediante códigos de comportamiento basados en el bien colectivo. Naciones en las que el nosotros y no el yo ni lo mío, rige su mundo de igualdad.

Habló de aquella sociedad indígena en la que el bien colectivo es resguardado por un capitán cuya función primordial es velar por los valores monetarios o de transacciones, y si se trata de valores de caza, pesca o recolección queda encomendada su distribución a la “Mujer Repartidora” o, en su defecto, al Jefe Custodio y de Defensa de la comunidad.

Disertó sobre la nueva nomenclatura del mundo sideral, constelaciones y zodíacos de la Venezuela Indígena, donde “había Kahuña, el cielo. Los Kahahuna que vivían allí como ahora. Son hombres buenos y sabios, así era también al principio. No se morían, no había enfermedad, maldad y guerra. El mundo entero era el cielo, Nadie trabajaba ni buscaba comida. La comida estaba preparada, siempre lista. Había Luz. En lo más alto del cielo estaba Wanadí; no había separación entre el cielo y la tierra”.

Explicó el Calendario Warao que se aprecia al observar las constelaciones según su aparición en el horizonte oriental de Diciembre a Diciembre, y a través de Yaromu Ajatamu, se observa en los atardeceres en el Horizonte Sur en los meses de Abril y Mayo y todo tiene que ver con los tiempos para la siembra, la recolección, la pesca, las lluvias, los soles.

VIII

Cuando Daisidau nos anunció que se iba a estudiar, quizás no estaba en su mente ni en su proyecto de vida el periplo de aprendizaje que comenzaba después de aquel brevísimo saludo de despedida.

En 1955 se graduó de Licenciado en Historia de América en la casi milenaria Universidad Complutense de Madrid. Luego recibe el doctorado en la misma materia en el Archivo de Indias de Sevilla; en 1962 obtuvo una Maestría de Post-Grado en Antropología Lingüística, curso especializado de la Universidad Autónoma de México habiendo realizado antes cursos especiales de Periodismo, informática y Educación Artística en España.

La Complutense lo requiere para su staff superior profesoral.  Prefiere regresar a Venezuela. Realiza un cursillo sobre materia administrativa y da comienzo a un trabajo de investigación interminable en Tucupita donde ocupará un cargo oficial poco trascendente pero que fue su plataforma para dar comienzo a sus investigaciones lingüísticas.  Más tarde, en Caracas, hace carrera administrativa dictado por el Instituto Nacional de Bibliotecas existente para entonces.  Entre 1949 y 1958, becado por el Instituto de Cultura Hispánica de Asuntos Exteriores de España, se licenció en Filosofía y Letras.

Con su muy bien conformado bagaje de conocimientos científicos y culturales, su bibliografía personal se fue acrecentando a través de libros de investigación y de consulta.

Tokoyo-Nok, dos ediciones en España (1956)

Siete Mitos Guaraos (1967).

Kuai-Mare y Jololico (1962)

Vocabulario y Aspecto descriptivo del Bari, Maracaibo, (1965).

Manual Glotológico del idioma Wo´tiheh, 1978.

Manual Glotológico del idioma Wa-jibi, 1978.

Antropología cultural del pueblo Panárih. 1997.

 

En el Manual Glotológico de los Yaruros (Hapotein), en versión del área del rio Cunaviche (Apure), anota Daisidau que hoy en día prefieren denominarse Pumih, Gente Amigable. De por sí, Yaruro significa “Gente escogida”.

Y esta calificación no es traída por los cabellos.

En su Manual, ahonda sobre esta materia de relacionarse los yaruros con los demás y en forma amorosa para quienes encuentran después de tiempo sin verse.  Sus normas de cortesía nos revela una poderosa autoestima que revierten en el trato con el otro, desde los tiempos prehispánicos y de las conquista.

La publicación de artículos y crónicas fue constante en el devenir de vida del intelectual guaraúno.  A través del Conac, instituciones bancarias y privadas impulsores de sus escritos, así como también los diarios El Universal, El Nacional y las revistas Élite, Venezuela Misionera y diversidad de otras publicaciones nacionales e internacionales fueron los medios por los que universalizaba sus conocimientos.

El incansable investigador y glotólogo de la lengua indígena venezolana que va en busca de la historia relatada de aquellas sociedades que no dejaron huellas físicas como medios para investigar parentescos en cada aldea o poblado que visitaba, lo indujo a estudiar 18.731 voces que componen sus tres diccionarios, comenzando con la ayuda que en el habla le aportó su bisabuela de 105 años.  Con estas voces estudió, en cada una de ellas, su estructura silábica, afijaciones en esas estructuras, el vocablo, la fonética, los acentos, los verbos, los pronombres personales y un etcétera tan extenso como los que rigen en la lengua española que se identifican con las diferentes lenguas de nuestro mundo indígena que él investiga.

Este sabio de los caños tomó su canoa de conocimientos y saltando por los raudales de su mente y consmogonía, encuentra que la tarjeta de presentación de los Yaruros, (Hapotein), área de rio Cunaviche, Apure, comienza con el amor.

Ma gei di coá dare meá:

Mi corazón es dulce al verte!

 

Ya otros investigadores habían hablado de esta sociedad que siempre quiso ser, desde la pre-colonia y la colonia, considerada como bondadosa, amable. Sin embargo, Daisidau le dedica un diccionario de 95 páginas.

–Llegaba del trabajo, nos dice su esposa madrileña Desideria Garrido Vayo, cenábamos juntos, hablábamos, y cuando comenzaba a sacar papeles de su maletín y los ponía sobre la mesa, ya sabía yo que eso sería hasta la media noche…. Y era todos los días del mundo….!”

 

I X

A los tres años de haberse recibido, Daisidau tomó camino a Kahuña.

El maestro Colina esculpió el rostro del científico warao tratando inútilmente que la imagen de nuestros ancestros se  conociera más en la calle a través de un prototipo.  Sin embargo, ocurrió lo que ya Roberto Hernández Montoya había predestinado para las estatuas: están allí sólo para que sepamos que no debemos tropezarnos con ellas.

En su soledad compartida con otras celebridades, ni la sociedad civil y menos la sociedad indígena venezolana, sabrán nunca quién fue Pedro Juan Krisólogo Bastardo.  Tampoco sabrán los guaraúnos quién fue el árbol fuerte de Daisidau Tahera.  Para ellos y para la historia de la etnicidad y nuestras raíces, ni el uno ni el otro existen.

 

X

A nuestros legisladores que acaban de aprobar la nueva Ley de Lenguas Indígenas les pedimos ahora, tratar de recuperar los nombres y apellidos originarios de las familias ancestrales de nuestro país, y como simbología del rescate de ese derecho, crear y sembrar al científico de la lengua, Daisidau Tahera, en una plaza en Yawaraco, Santa Rosa del Caño Araguao, su pueblo, junto con su estatua esculpida por el maestro Colina para que deje de ser en la Avenida Universidad de Caracas una escultura colocada allí para alertarnos que no debemos tropezarnos con ella, y sea gloria para su mundo de iguales y de estrellas y de zodíacos y de constelaciones.

 

A N E X O

Los pueblos originarios de nuestro país conforman aproximadamente el 2,8% de 30 millones de la población total de Venezuela.  Dentro de ese 2,8% no están cuantificados   los muy variados y diferentes dialectos que derivan de cada una de sus lenguas. Tres son las que más se hablan en Venezuela: La de los Wayuu, con 170.000 hablantes, los Warao con 18.000 y los Pemón con 1.200.  Así mismo, el Censo Nacional de Población (2011), ubica a la mayoría de las etnias en zonas de los estados Zulia (61,2%), Amazonas, (10,5%), Bolívar  (7,5%), Delta Amacuro, (5,7%), Anzoátegui, (4,7%), Sucre, (3,1%), Monagas, (2,5%) y Apure, (1,6%).

El artículo 125 de la Constitución revolucionaria establece, de la misma manera, que los pueblos indígenas tienen derecho a la participación política.  De acuerdo a este derecho, el Estado garantiza la representación indígena en la Asamblea Nacional y en los cuerpos deliberantes de las entidades federales y locales con participación indígena.

Para la fecha hacen vida en el  parlamento nacional, una docena de diputados con sus suplentes que representan, proporcionalmente, a sus etnias y sus territorios.

 

 

FUENTES: Izquierdo, J.R. /   2007.- Data histórica de Daisidau Tahera, Tercera parte actualizada de su Libro Miguel de Cervantes y Andrés Bello, Colosos de la Lengua Castellana.   /   Manuales   glotológicos   de   los   idiomas   Warao,   Hapotein,   Panarih/ Antropología Cultural del Pueblo Panarih y folleto con el discurso de incorporación a la Academia Venezolana de la Lenguas de Don Pedro Juan Krisólogo Bastard.

 

 

Autor: J.R. izquierdo  /jotaerre@gmail.com

29 de Setiembre, 2021

 

 

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Ciudad Valencia – LSFLC