«Un precioso libro meta poético de Laura Antillano», por José Carlos De Nóbrega

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Me haré de aire, este libro de cuentos de Laura Antillano es por demás solaz encantador en la Pandemia y cuarentena del siglo XXI que nos embarga hoy. Aparenta esos libros menores que nos atrapan en la esperanza de prefigurar libros perfectos por venir. Sólo que en este caso, la experiencia lectora se topa con una magia distinta. La del libro fiel en lo poco que es fiel en lo mucho: Registra, para nuestro asombro, un itinerario de vida y escritura hecha ars poética en la simetría de un pequeño gato con quien compartimos el apartamento.

Si a ver vamos, hay un poemario de Pérez Só, publicado hace años, que me despertó un sentimiento parecido: Reclamo, el cual y al igual que Me hice de Aire de Antillano, excede el recoger poemas sueltos para no desparramarse. Esta colección de 14 cuentos se asimila no sólo a la metáfora tan utilizada, pero necesaria y elemental de la bella serpiente que se muerde la cola. Se me antoja un descanso o rellano de la escala en caracol de la escritura poligráfica de Laura: Puente retrospectivo en presente renovado que nos recompensa como lectores.

Laura Antillano, con este breviario crujiente y muy fresco, no sólo es polígrafa consolidada, sino voz polifónica, juvenil y vivaz que pareciera publicar por vez primera. Ergo cogito sum lúdico: La leo en puente intemporal de maravillas, Cervantes, Emily Bronte, Clarice Lispector, Sol Linares, Luis Laya y Ella son mis contemporáneos que prometen mucho en la narrativa. La cabeza y la cola de la boa constrictor cachorra son dos cuentos magníficos, de los mejores de su narrativa: Cuando la arena se levanta y el homónimo del libro, Me haré de Aire, respectivamente. Amado Rosendo Quiñones es desterrado de El Arenal sin que la piedad de su hija se lo consultara. Además de conversar con su terredad, este brujo se suicida para que no se le arrebate la conversa con sus muertos. Hacerse de Aire nos suena a un Fado con saudade inmediata y lírica de conmovedora Humanidad salvífica, si se quiere. Nos topamos con la pasión doble de nuestra autora por lo histórico y por la poesía misma de contar una historia sentida tan bien enhebrada. Sólo que con un despojamiento increíble del Decir. Saudade insólita de la simplicidad de la crónica sentimental en la complejidad del acto sagrado de estructurar la anécdota. Deidad que balbucea su creación sin arrebatos taumatúrgicos ni verbosidad telúrica. Ello con tierno y muy firme pulso. La Pandemia es presente narrado que integra la República Democrática Alemana en 1975, la primavera de la protagonista y de Rainer, y la caída del muro de Berlín en 1990 con el rock sinfónico y desilusionado de Pink Floyd. Ello en una elíptica temporal elástica de gelatina y no en un eterno retorno o ciclo historiográfico vicioso. La eutanasia de Canela, la vieja perrita Chow Chow, es bestiario encantatorio como los cuentos de la selva de Quiroga, que funciona como pivote emotivo y atmosférico del cuento. La soledad en el Trópico absoluto de nuestro cautiverio, ata la tierra con el cielo amoroso y vindicativo de nuestras muy humanas pulsiones.

 

DEL MISMO AUTOR: «Del culto a Bolívar y el mito de la Gran Colombia»

 

Este volumen, que me entusiasma tanto tanto, no es trampa caza bobos diseñada por un escritor jactancioso y desengañado. Al contrario, es tesoro y, mejor todavía, mapa que nos facilita la curiosidad que aúpa el buscarlo y hallarlo, para beneplácito del lector y la autora como comunidad humanista viva en la soledad vindicativa del arte en la cuarentena. Experiencia que iguala a viejos y nuevos lectores por venir de Laura Antillano.

El dominio de la técnica narrativa, la polifonía y lo transgenérico, virtuosismo ya típico del discurso cuentístico y novelístico de Laura, se desarrolla en la mayor transparencia escritural de hoy. La Muralla y Manuscrito Perdido son un par de muestras ejemplares. Tenemos la recreación de la ciudad amurallada ribeteada por la imposición y el mestizaje lingüístico. Murcia, sí, y también Ávila la tierra natal de Santa Teresa. Al-Andalus en confrontación con Castilla y la Reconquista: Alfredo se enamora de una chica aceitunada y la idealiza en el pasado y la ensoñación como Zazhun, heroína de mil y una noches en la memoria. El paso del siglo XXI al XIV es imperceptible y toda una estampa deliciosa del relato fantástico honrado por Borges y Cortázar.

Manuscrito Perdido, de 1995, es un cuento meta poético cargado de un humor delicado y a la vez corrosivo. Tenor que no conocíamos de nuestra narradora. Se estructura en un viaje surrealista, no en balde la diafanidad de la prosa, en pos de un portafolio azul contentivo de notas, fragmentos y apuntes del escritor protagonista. Se nos pinta un increíble gran tour espiritual de Naguanagua, la de la Gran Valencia escindida, para chupar a escritor y lector en las divinas trampas del arte literario. Nos gustaría haberlo escrito al igual que La Conjura de los Necios de John Kennedy Toole, publicación sólo posible por la insistente madre del autor a quien estamos tan agradecidos.

Hay cuentos que tienen como cortina paisajística episodios históricos de Venezuela y América Latina. Usuales en las novelas de Laura como Perfume de Gardenia y Solitaria Solidaria. Hay una tríada de la que quisiéramos tratar: Atentado presidencial, La pensión de la calle Miraflores y, especialmente, Historia de la Vida Apasionada de Alma García Martín y de la de su Mentor Leopoldo Torres, llamado El Abanderado.

Atentado Presidencial tiene como marco el que se hizo contra el presidente Rómulo Betancourt el año 1960 en Los Próceres, Caracas. Sin especificar este magnicidio frustrado y mítico propagandístico (pues creemos que su autor Luis Cabrera Sifontes lo llevó a cabo casi solo sin el financiamiento de Chapita Trujillo, el chivo dictador dominicano), el relato reedita la tragedia de Romeo y Julieta a dos voces, las de las víctimas del bando subversivo y el militar oficialista. La tenencia del poder político trae consigo efectos colaterales sangrientos y dolorosos.

La pensión de la calle Miraflores tiene al fondo de la composición el derrocamiento del presidente Allende en el Chile de 1973. La Colmena de los personajes socialistas aguarda la tormenta facha y momia que se avecina y que sigue estigmatizando hoy a La Alameda susceptible, eso sí, de ser camino libertario por edificar poesía permanente.

Alma García Martín y Leopoldo Torres han construido su matrimonio sobre el cadáver de su muy amado compañero Tadeo González, sacrificado en la rebelión de los gremios de sastres e impresores reprimida en la Caracas de Joaquín Crespo en enero de 1895. La muerte de Tadeo no implicó que su hermano de vida, Leopoldo, tomara por esposa a Alma, quien pagó cárcel como la mujer joven y rebelde que fue. No era traspaso judaico patriarcal de una viuda novia del muerto al hombre más próximo, sino vínculo de amor enclavado en el dolor, la melancolía y la redención social y tribal comunitaria afectiva, sin relaciones disfuncionales de poder. Es relato de conmovida y sagrada familia apuntalada en la solidaridad más auténtica que discurre en la simplicidad linda y cotidiana de endurecidos días.

Hay otros relatos ligados a la narrativa de iniciación y formación tan estimable y amable en la obra de Laura. No olvidemos que Ella los escribió muy jovencita, como El Monstruo Come Piedras, y más madura en episodios significativos de Perfume de Gardenia. El Primo, Un imposible espinoso horizonte marino y Por qué no se sabe son un tríptico que vinculamos a los dos primeros volúmenes de cuentos de Bryce Echenique, tan admirablemente intensos como la adolescencia que nos alborota mariposas amarillas en la barriga.

Qué decir de esa pieza feminista reivindicativa que es Rompesaragüey es una hierba… La infidelidad trae consigo cambio y vindicación de la mujer en el humor caribeño de Héctor Lavoe. El marido infiel es el pobre Perico a quien lo abofeteó su esposa cineasta y liberada como tren implacable.

No se trata de la Dispersión del Yo en el poema de Mario de Sá Carneiro, ni mucho menos de la multiplicidad genérica y temática del cine de Stanley Kubrick. Laura Antillano nos depara lo que mejor saben hacer los grandes escritores, mientras nos prepara un café con canela y azúcar morena. Esto es que nos convenza a emplear nuestro ocio gratísimo y agradecido en leer lo que es ella misma. Es simple y lúdico, no?

 

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José Carlos De Nóbrega es un ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964). Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web. En el año 2021 ganó el concurso de Ensayo de la VII Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez y el concurso de Crónica de la V Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio del Centro Nacional del Libro (Cenal) y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

 

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