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El 24 de junio es día de las tradicionales festividades del culto a San Juan Bautista, que se conmemoran en innumerables localidades de nuestro país. San Juan Bautista forma parte de nuestra religiosidad popular al igual que en otros países de América Latina y el Caribe.

La religiosidad representa el comportamiento y relaciones de los seres humanos con las instituciones religiosas y las fiestas establecidas, al igual que las prácticas y actos de culto, las creencias, supersticiones y símbolos religiosos. La magia y la religión se encuentran amalgamadas como parte de la cultura popular tradicional.

En nuestro continente americano, el proceso evangelizador de la Iglesia Católica fue parte del sometimiento a sangre y fuego de nuestros aborígenes y del suplicio de los hermanos esclavizados traídos desde África. También los mestizos libres carentes de riquezas sufrieron un tratamiento religioso discriminatorio en la sociedad colonial.

La religiosidad popular se considera producto de un sincretismo cultural. La conversión religiosa de indígenas, esclavos y mestizos tuvo una recepción creativa del evangelio creando un particular sistema religioso, admitido por la iglesia oficial, que ha conservado buena parte de sus propias expresiones culturales como poblaciones humanas originarias o forzosamente introducidas.

Algunos estudiosos señalan que, en nuestro caso, los conquistadores-evangelizadores no lograron, como en otras latitudes, una total transculturización y es así como la gran mayoría de estas conmemoraciones religiosas se han considerado parte de la resistencia por siglos de los pueblos contra la opresión y la  barbarie a la que fueron sometidos sus antepasados desde la época de la colonia.

El San Juan Bautista, como santo católico, se considera antecesor de Jesús, hijo de Dios, cuya venida al mundo fue también bíblicamente milagrosa. Tanto el San Juan como el Niño Jesús son los únicos santos a quienes se celebra su nacimiento. Las conmemoraciones de San Juan Bautista constituyen desde siempre una manifestación de la cristiandad en todo el mundo.

Mientras en Europa y otras regiones el fuego ha sido elemento esencial en estas celebraciones, en América Latina predomina principalmente el elemento agua en el culto a San Juan, lo cual es más cercano a la función específica del santo venerado, que era bautizar en el agua. San Juan Bautista ha estado ligado desde la antigüedad a ritos de la fertilidad, al amor, la abundancia y la vida.

En Venezuela, la celebración del San Juan Bautista se realiza en muchas comunidades de al menos 14 o más estados de nuestro país. En cada fiesta de San Juan hay elementos medianamente comunes como el velorio desde el día anterior, la misa, la procesión, los encuentros de San Juanes y el encierro. Siempre están presentes los golpes de tambor y los bailes. Los preparativos de estas fiestas pueden llevar semanas o meses y están a cargo de las cofradías o comunidades organizadas, las cuales se encargan de la obtención de los recursos necesarios y de la coordinación de los actos festivos. Se dice que la región zuliana es una de las pocas donde no se conmemora el San Juan, ya que allí prevalece el culto a San Benito.

Según el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, desde el 2017, unas 50 cofradías de Aragua, Miranda, Carabobo, La Guaira y Yaracuy trabajaron junto al ente gubernamental en la construcción del expediente que fundamentó la solicitud ante la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura, las Ciencias y la Educación (UNESCO) de la declaratoria del culto a San Juan Bautista venezolano como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, lo cual se logró a finales 2021.

Representó la octava declaratoria mundial de este tipo que obtiene Venezuela de parte de la UNESCO, desde el 2012, cuando fueron incluidos “Los diablos danzantes” de Corpus Cristi. Luego siguieron la “Parranda de San Pedro” (2013), la “Tradición del pueblo Mapoyo” (2014), “El procesamiento de la Curagua” en Oriente (2015), el “Carnaval del Callao” (2016), los “Cantos de los Llanos” (2017), y el “Culto a la Palma Bendita” (2019). Estos reconocimientos en medio de todo el asedio que ha vivido nuestro país representan una reafirmación de nuestra identidad y valores propios.

 

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Volviendo al San Juan Bautista, según la tradición popular las posibilidades que tiene este santo de conceder milagros son infinitas, al ser un interlocutor muy cercano al Dios creador.

Siendo yo solo un defensor de la religiosidad popular y no un creyente religioso me atrevo a invocar esta deidad popularizada para abogar en esta hora por el mejoramiento de las relaciones con la fronteriza, y “hermana en Bolívar”, Colombia. Existe nuevo escenario con la elección reciente de un nuevo mandatario (Gustavo Petro). Que San Juan, que “tó lo tiene y tó lo da”, pueda facilitarnos mejores momentos para todos allá y acá. ¡Que así sea, amén!

 

José David Capielo  / Ciudad Valencia