En el Centro de Educación Inicial (CEI) Augusto Malavé Villalba, ubicado en el municipio Guacara, funciona un huerto escolar, y desde el 2011, docentes y niños decidieron ir en búsqueda de un nuevo modelo de estructura del campo con una visión agroecológica.

 

En ese lugar, decidieron promover un proceso de cultivo que no sólo hace énfasis en un determinado rubro de producción agrícola, sino en la siembra de valores que apunte a la armonía entre los seres humanos y la naturaleza.

 

Carolina Rivero, directora del citado preescolar, expresó su satisfacción al poder compartir durante aproximadamente seis años, “una etapa maravillosa junto a mis niños, en la que descubrimos el amor por la naturaleza y las bondades que la madre tierra nos podía proporcionar, alcanzando cada día una experiencia extraordinaria en el plan de siembra en pequeña escala, las cuales hemos dado a conocer en las exposiciones en las que hemos participado”.

 

Explicó que el interés y amor por la creación de los cultivos no vinieron de la nada, ya que a pesar de tener 27 años trabajando de manera ininterrumpida como docente en el jardín de infancia, no había podido vislumbrar el potencial alimentario con el que podía contar.

 

“En verdad no se me había ocurrido aprovechar los terrenos que teníamos allí al ladito, una tierra árida, que por supuesto requirió preparación”, sostuvo la educadora.

 

huerto escolar Malavé Villalba de Guacara
Terreno del recinto infantil ofrece rubros como auyama, berenjena, tomate, limón criollo y plátanos, entre otros.

Todas las manos a la siembra

Aclaró que una vez que el Ministerio del Poder Popular para la Educación lanzó el programa Todas las Manos a la Siembra en el año 2009 se preguntaba cómo ponerlo en práctica en función de involucrar a docentes en las labores agrícolas, que les permitiera obtener alimentos sanos y a bajos costos.

 

Luego de una visita que recibiera  esta pionera mujer, por parte del enlace municipal, Emilio Frigeiro, y el asesor circuital del referido programa, Nelson Wilkiens, ésta se sintió motivada e identificada con el plan, que lo asumió como propio.

 

“Un reto que asumimos y en el que las maestras María Teresa, Andreína y el señor Santos Lindero alzaron sus manos desde el principio, convencidos de que no teníamos nada que perder, sino solo ganar”, dijo.

 

Sumando voluntades

Esta iniciativa contó con el respaldo de más de 200 representantes del preescolar, al ver con buenos ojos la posibilidad de que sus hijos pudiesen aprovechar las dádivas de la madre tierra, rubros como yuca, auyama, berenjena, tomate, limón criollo e injerto, lechosa, guayaba, plátano, ocumo, topocho, guanábana y aguacate, entre otros alimentos.

 

Asimismo, el terreno del recinto infantil -que ahora es productivo- ofrece el cultivo de plantas aromáticas y medicinales, entre las cuales se pueden mencionar toronjil, orégano diminuto y orejón, albahaca verde y morada, acetaminofén y moringa; además de los géneros ornamentales, entre los que resaltan los imponentes girasoles, isoras y aves del paraíso.

 

Hace unos seis años, se descubrió junto a los niños la experiencia sobre el amor por la naturaleza y las bondades que la madre tierra puede proporcionar

 

 

Impulso al Programa PAE

Para María Teresa Ramírez, coordinadora del CEI “Augusto Malavé Villalba”, el éxito en la producción de los rubros que allí se siembran ha resultado de gran provecho al Programa de Alimentación Escolar (PAE), ya que una vez cosechados los trasladan al comedor de la escuela, donde son preparados para ser suministrados a los pequeñines, quienes disfrutan al máximo de las arepitas de yuca, auyama, plátano, al igual que los buñuelos, platanitos, ensaladas y jugos naturales.

 

La docente hizo énfasis en los beneficios que ha traído el huerto escolar a la comunidad con la obtención de un precio asequible en los rubros que allí se siembran, porque los ingresos procedentes de la venta de las cosechas se invierten en la compra de las herramientas necesarias para continuar poniendo manos a la siembra, “obra en la que -por cierto- la Alcaldía de Guacara, liderada por Gerardo Sánchez, a través de la Dirección de Servicios Públicos, ha tenido participación, ya que de manera puntual vienen con sus cuadrillas de desmalezamiento y nos prestan esa importante colaboración”.

 

Huerto escolar Malavé Villalba de Guacara
De todo un poquito se consigue en el huerto escolar.

 

 

Malavé Villaba, ejemplo de desarrollo sustentable

A través de los cursos y talleres reforzaron la preparación, enfocados en lograr un equilibrio ambiental, desarrollo de los principios sociales y la valoración del trabajo desde la escuela en un binomio familia-comunidad, en aras de alcanzar la soberanía agroalimentaria y el desarrollo sustentable que les permite hoy en día promover el intercambio de experiencias con municipios vecinos.

 

En total cuentan con casi 4 mil metros cuadrados de terreno en los que hasta la fecha tienen más de 20 rubros en desarrollo, respaldados con la orientación de las personas enlaces del importante programa.

Ramírez destacó con orgullo ser una mujer conectada con las actividades rurales y los conocimientos acerca de la siembra y el cultivo; “Los traigo desde que era niña, recuerdo que mis padres tenían una finca en el estado Mérida; desde entonces el amor por la tierra me ha llenado de interés, algo que tiene gran importancia en esta época en la que la sustitución de alimentos se hace primordial”, enfatizó.

 

En ese sentido, Aseguró que mediante este programa se puede desarrollar un modelo educativo en el que se vinculen la teoría y la práctica agrícola, con la que no sólo se trata de sembrar sino también de fortalecer los valores de un nuevo modo de vida, basado en la armonía de los seres humanos con la naturaleza, incentivando la cultura de la siembra, de manera didáctica y productiva.

 

Enriquecedores momentos

Para Santos Linderos, obrero del plantel, quien desde el principio se involucró en el cultivo del terreno, estos 6 años de labor han estado llenos de enriquecedores momentos; acciones que describió como únicas, ya que involucran a los niños desde su tierna edad con el cuidado de los huertos escolares y que les permitirán amar y valorar la producción, así como el consumo sano de alimentos, cuyas enseñanzas de gran valor sin dudas les servirán en edad adulta.

 

“Recuerdo que mi familia era gente de campo y debe ser por ese contacto que mantuvimos con la naturaleza que hoy día me llena de satisfacción, agarrar las herramientas de trabajo, bien sea la pala, rastrillo, chícora, machete y adentrarme en el terreno”, mencionó. “Hay que querer y disfrutar lo que se hace, los días que no las riego son los días que llueve, para mí todo el cuidado que les pueda ofrecer forma parte de mi vida, de mis diarias tareas”, apuntó el señor Linderos.

 

Sobre el éxito en el labrado de la tierra, insistió que el secreto también está en el abono, compartiendo algunos consejos que aprendió en su preparación, como descomponer restos de lo que se utiliza en la cocina, como conchas de verduras, hojas secas, bosta de vaca, cal, cáscaras de huevo, entre otros elementos.

 

De esta manera, los integrantes del CEI Augusto Malavé Villalba y promotores de esta hermosa iniciativa, coincidieron en que si todos se proponen sembrar en cualquier espacio podrían obtener alimentos frescos y saludables en sus hogares, impulsando el interés del grupo familiar en la labranza, sobre todo en los niños y adolescentes para así promover en las futuras generaciones el amor hacia la biodiversidad.

 

 

Wilfredo Sandoval/Con información de Alcaldía de Guacara

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