“Soy Palestina” por María Alejandra Rendón Infante

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María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)

Soy Palestina… El mundo entero está siendo testigo de la masacre más cobarde de la que se haya tenido registro en los últimos años. No sólo estamos hablando de un pueblo confinado en una porción del territorio que por 10 mil años le ha pertenecido –la Palestina histórica–, sino que está siendo literalmente exterminado de una forma que resultaba inimaginable y que resulta inadmisible a los ojos del más elemental sentido común.

El régimen genocida de Israel, con apoyo de grandes potencias –Estados Unidos principalmente– ha venido ejecutando por espacio de un siglo un plan de ocupación y exterminio, cuyo único fin es desaparecer al pueblo palestino de la faz de la tierra. Todo ello ha venido ocurriendo en nombre del “derecho” que de manera ilegal y unilateral se han abrogado sobre esas tierras. Pero más recientemente “la lucha contra el Hamas”  ha servido de elemento para recrudecer los ataques al pueblo palestino en general.

Hoy  la cifra de fallecidos dentro de la comunidad civil palestina es escandalosa; más de 100 niños son asesinados diariamente producto de los incesantes bombardeos. Palestina, país que no cuenta con ejército para repeler lo que se ha tratado siempre de una limpieza étnica, paradójicamente ha sido señalada de representar un peligro inminente para la región, así lo reseñan los medios, que en su mayoría han respondido a favor de los intereses del apartheid israelí y sus socios. Transmitir la verdad de lo que ocurre en dicho territorio, ha sido una actividad riesgosa que ha costado la vida de más de 100 profesionales de la comunicación. Es el exterminio de un pueblo y de la verdad que lo acompaña y siempre le ha acompañado.

Palestina se encuentra al límite y en abandono absoluto por la comunidad internacional. En medio de ese escenario, la Media Luna Roja ha denunciado que ha entrado al territorio de Gaza menos de 10% de la ayuda necesaria para hacer frente a la crisis provocada los ataques del Régimen Genocida de Israel. En este momento los hospitales se encuentran sin las condiciones mínimas para salvar a los miles de heridos tras los bombardeos  y sólo un hospital al norte de Gaza recibe a los afectados y se encuentra haciendo frente a la situación en un escenario de total colapso: sin servicios básicos, sin insumos y con escaso personal médico.

Según el representante de la OMS Richard Peeperkorn: “El Hospital Al Ahli es el único que funciona en el norte, con 250 pacientes hospitalizados, muchos con heridas graves, que ocupan cada espacio del establecimiento, sin excepción, y que llegan como pueden, incluso en carretas tiradas por asnos”, explicó.

No obstante, el hospital carece de suministros esenciales, incluido oxígeno, no tiene combustible para generar electricidad y tampoco hay agua o alimentos para el personal ni para los enfermos”, reiteró el alto funcionario.

En gran medida, el hospital Al Ahli sigue funcionando gracias a los voluntarios y el personal médico presente cada día, además la situación obliga a priorizar, es decir, evaluar a quién se atiende, expresó Peeperkorn.

En medio de este desastroso panorama y a pesar del respaldo, por abrumadora mayoría,  que ha tenido en la Asamblea General de la ONU la moción (No vinculante) de un cese al fuego, el régimen genocida continúa cañoneando brutalmente a la población civil, así como a  escuelas, instituciones, refugios, hospitales, iglesias, ambulancias y centros de acopio.

De igual manera se encuentran restringidos los canales de ayuda de todo tipo. La escasez de alimentos, medicamentos  y agua comenzó  a ser una variable en la ya compleja cotidianidad de los palestinos. Todo esto revela que el fin último del régimen sionista es aniquilar al pueblo palestino y reducir a nada su capacidad de respuesta ante los daños y sus condiciones de subsistencia.

Resulta indignante que las fuerzas de ocupación y sus socios directos, sigan marcando la pauta en los medios y ocultando la verdad al mundo. Más indignante resulta todavía que a pesar de 20 mil personas fallecidas y una interminable lista de personas heridas, desaparecidas, secuestradas y sin lugar a dónde ir, no basten para detener lo que ha sido catalogado por el propio Presidente de la ONU como una carnicería. No menos condenable es el hecho de que bajo preceptos doctrinarios de cualquier índole, tal masacre pretenda ser justificada, ¡y vaya que más de un alma incauta está siendo objeto de manipulación y  presa del sesgo mediático que en este contexto es hegemónico!

No es una guerra, ni es un conflicto, mucho menos una pugna de índole religiosa; es un exterminio, una masacre, un despojo y una ocupación por un régimen colonialista y asesino que ya tiene casi un siglo incurriendo en delitos de lesa humanidad. Desde mediados de octubre de este año, fecha en la que se arriba al punto más álgido del plan colonizador, la Franja de Gaza, lugar más hacinado del planeta, está siendo incesantemente bombardeada por un ejército poderoso dirigido por unos cobardes que ante los medios han expresado, sin decoro alguno, su intención de  intensificar los ataques como un acto legítimo en “su lucha antiterrorista”

Defender los derechos humanos de los palestinos no significa ser pro-Hamas. Decir “Palestina libre” no significa que seamos antisemitas o que queramos la desaparición de todos los judíos. “Palestina libre” significa liberar a los palestinos de la ocupación israelí. Una razón única para defender hoy la causa del pueblo palestino es sentir, ser humano, amar la vida, valorar la dignidad de un pueblo que apenas ha logrado defenderse como puede del supremacismo,  reconocer sus derechos y sus garantías.

No se necesita una cátedra de teología o historia, no es del todo necesario ser un experto en geopolítica; basta con estar vivo y amar la vida para saber lo que ésta significa y cómo en Palestina se han normalizado la masacre y la devastación en nombre de falsas banderas.

Es momento de alzar la voz, de condenar, de avanzar en acciones de apoyo de todo tipo, de movilizarnos, de informarnos correctamente y de repudiar enérgicamente estos hechos; que son la única manera en la que el imperialismo y el coloniaje logran imponerse. Imponen la muerte, el silencio cómplice y la devastación absoluta de una comunidad con más de 10 mil años de historia y permanencia.

Palestina resiste, como lo ha hecho desde siempre, ante la pretensión de ser aniquilada por completo. Resiste desde la vida, desde el conocimiento, desde su construcción simbólica, desde su lucha heroica en lo cotidiano por permanecer en su tierra. Se aferra como los legendarios olivos, como cuna de la historia que es y será siempre. Aunque el apartheid y la gendarmería imperial usen su fuerza letal, el pueblo palestino insistirá en permanecer porque es su derecho.

 

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No permitamos que lo que es hoy la cárcel al aire libre más grande del planeta, sea convertida en una fosa común. Palestina lleva a cabo la lucha más digna de la que se tenga registro en la historia, es la muestra de que nada ni nadie podrán con un pueblo que se ha dedicado a reivindicar el derecho sagrado de la vida.

En estas fechas para celebrar el amor, la compañía y la esperanza en el porvenir, no dejemos de incluir en nuestras más genuinas aspiraciones, acciones y plegarias el cese al fuego y la paz como herramientas a favor de la justicia.

POR LA PAZ Y LA JUSTICIA

¡TODOS SOMOS PALESTINA!

 

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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

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