Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas, la vida pública del general Antonio José de Sucre estuvo consagrada a dos aspectos fundamentales: la libertad de Suramérica y la lealtad al hombre que encarnaba ese proyecto, Simón Bolívar. Ambos elementos sobresalen como aspectos cardinales en medio de las constantes intrigas y conspiraciones políticas que giraron en torno al proyecto independentista. Intrigas que el héroe de Ayacucho supo identificar muy bien, llevándolo desde 1817 a cerrar filas con el Libertador, acompañándolo hasta el final de sus días.

 

Un parte aguas

La actuación pública del futuro Mariscal de Ayacucho estuvo unida al propio comienzo de la independencia. En Cumaná, en 1810, con solo quince años, la Junta de Gobierno le concede el grado de subteniente de milicias, dando inicio a una brillante carrera militar que lo llevó a ejercer diversas responsabilidades en Margarita, Barcelona y Cumaná.

Tras el colapso de la Primera República participó en la Campaña Libertadora de Oriente, en 1813, bajo las órdenes del general Santiago Mariño de quien llegó a ser edecán. Perdida la Segunda República se marchó a Cartagena y en1815 hizo parte en la organización defensiva que esa ciudad preparaba para enfrentar la expedición del general Pablo Morillo. Por sus sobresalientes capacidades militares el general Santiago Mariño lo asciende al grado de coronel, en 1816. Durante la llamada Invasión de los Cayos las fuerzas patriotas logran el control de diversos territorios en el oriente del país, en este contexto Sucre fue designado comandante de la provincia de Cumaná.

Sucre-Gran mariscal-Bolívar

El año 1817 representaría un parte aguas en la vida del Sucre. Las intrigas políticas y las rivalidades por el liderazgo y conducción del proceso independentista condujeron a un hecho conocido como el Congreso de Cariaco, en el cual los asistentes intentaron despojar a Bolívar de la condición de Jefe Supremo y líder de las fuerzas patriotas.

Este Congreso, reunido entre los días 8 y 9 de mayo de 1817, a proposición del canónigo José Cortés de Madariaga, uno de los protagonistas estelares de los sucesos del 19 de abril de 1810, y convocado por el general Santiago Mariño, en su condición de segundo Jefe Militar del Ejército Libertador; se propuso reconstituir el sistema federal y el gobierno civil, desaparecido tras el colapso de la República en 1812. Al mismo asistieron: el almirante Luis Brión, el intendente general Francisco Antonio Zea, Francisco Javier Mayz (diputado al Congreso de 1811), Francisco Javier Alcalá, Manuel Isava, Francisco de Paula Navas, Manuel Maneiro (diputado al Congreso de 1811) y Diego Bautista Urbaneja.

Al dejar instalado el Congreso, Mariño afirmó que lo hacía en nombre del Jefe Supremo, Simón Bolívar, un hecho absolutamente falso, y presentó la renuncia de ambos al puesto que desempeñaban. El Congreso nombró un Poder Ejecutivo integrado por un triunvirato, al igual que en 1811, integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Mayz y Simón Bolívar. Al estar el primero enfermo y refugiado en la isla de Trinidad y el último combatiendo en Guayana, se propuso que fuesen sustituidos, interinamente, por Francisco Antonio Zea y José Cortés de Madariaga. Tal situación constituía, a todas luces, una remoción de la autoridad del Jefe Supremo, amparado en subterfugios legales.

Sucre no solo desconoció el pronunciamiento de ese Congreso, también se distanció de Mariño, trasladándose a Guayana para ponerse a las órdenes de Bolívar, quien correspondió su actitud designándolo, meses más tarde, gobernador de la antigua Guayana y comandante general del bajo Orinoco. Fue el afianzamiento de una relación política, militar y de hermandad que solo terminaría con la muerte.

 

Tributo a la lealtad

El servicio militar bajo las órdenes de Bolívar lo llevó a desempeñar actividades de gran significación, una de ellas, su incorporación al grupo negociador de los Acuerdos de Trujillo firmados por Bolívar y Morillo en 1820, acuerdos en los que Sucre tuvo una muy destacada participación diplomática, sobre todo en la redacción del Tratado de Regularización de la Guerra, documento que puso fin a la práctica de Guerra a Muerte, ejecutada por ambos bandos.

En enero de 1821, y ya con el grado de general de brigada, Bolívar lo designa comandante del ejército del sur, en Popayán y Pando. Este nombramiento abriría el camino para un más destacado desempeño militar que lo condujo a ser protagonista de primer orden en la liberación de Quito, alcanzada tras los triunfos militares de Bomboná y Pichincha en abril y mayo de 1822.

La solicitud de apoyo militar realizada por el Congreso peruano al ejército de Colombia y la necesidad de asegurar los triunfos conquistados, ratificaron en Bolívar lo imperativo de contribuir con la independencia del Perú, continuando la guerra en ese territorio. Pero las intrigas políticas orquestadas por Santander condujeron a que el Congreso de Colombia retirara los poderes previamente otorgados al Libertador, circunstancia que le impidió continuar dirigiendo la guerra. En esta circunstancia, Sucre fue el encargado de concluir la misión que las intrigas y el juego político le negaron al Padre de la Patria.

Durante estos años la grandeza militar, política y moral de Sucre iluminarán como el sol. El triunfo militar en Ayacucho lo inmortaliza. Tras las circunstancias de conflictividad que conducen a la creación de Bolivia, terminaría siendo designado presidente de esa nación. La reacción anti-bolivariana que arreció durante estos años llevó a Sucre a cerrar filas con el Libertador, decisión que lo convirtió en blanco de los mismos ataques. La profundización de la conflictividad política y social abrió paso a mayores y graves conspiraciones que afectaron al gobierno dirigido por Sucre. Fue víctima de un atentado el 18 abril de 1828 donde recibió disparo. La misma suerte corrió el Libertador en septiembre de ese mismo año.

 

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En 1830 fue nombrado presidente del llamado Congreso Admirable y con esa investidura buscó trasladarse a territorio venezolano con la finalidad de disuadir a quienes promovían la separación de Venezuela de la unión colombiana, que desistieran en tales propósitos. Quienes promovían la disolución de Colombia le prohibieron la entrada al territorio de su propio país, por ser el representante de las ideas bolivarianas.

Los enemigos mutuos terminaron asesinándolo el 4 junio de 1830. En la última carta que dirigió a Bolívar señalaba: “No son las palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a usted. Usted los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es su poder, sino su amistad la que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona”. Por eso no resulta exagerado afirmar que la vida de Sucre fue un tributo al honor, al valor, a la gratitud, a la lealtad; a Bolívar y a la obra bolivariana.

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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