“Tragedia, compromiso y unidad nacional en Venezuela” por Christian Farías

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Estamos en un tiempo muy significativo. Hemos visto sobre la superficie de nuestro planeta tragedias humanas y medioambientales de orígenes y consecuencias imprevisibles. A lo largo de un siglo, y particularmente durante los últimos 70 años, la normalidad de la vida social de la especie humana, se ha visto fatalmente afectada por imposiciones de sistemas económicos, políticos y militares muy desiguales y depredadores.

Los grandes y poderosos dominan y saquean a las naciones más pobres. Imponen sus modelos de desarrollo, se roban sus riquezas naturales, dejando secuelas de hambre, miseria y represión. Tal como recurrentemente se producen en nuestra hermana patria Haití, la que le dio cobijo y provisiones a nuestro Libertador Simón Bolívar, para la gesta de la independencia y la libertad de los esclavos del siglo XIX. Pero, desde el siglo XX hasta hoy, la nación haitiana ha estado fatal y criminalmente sometida por el imperio de United States of América.

Pareciera, entonces, que el desarrollo histórico social del capitalismo moderno neoliberal, en todo el planeta, estuviera muy asociado a la cadena de desastres y tragedias medioambientales que afectan, han afectado y seguirán afectando; particularmente, a los más pobres y desamparados de la Tierra. En consecuencia, muere mucha gente y sufren y lloran los miles y miles de sobrevivientes. Esta realidad la refleja oficialmente, la ACNUR (www.acnur.org/):

ACNUR es la Agencia de la ONU para los Refugiados. Millones de personas necesitan la ayuda de ACNUR para sobrevivir y ver sus derechos protegidos. Con más de 70 años de experiencia, la Agencia trabaja en 133 países para atender las necesidades de todas las personas que han tenido que huir a causa de la guerra, la persecución o la violación de derechos humanos.

De acuerdo con esos datos, es indudable que después del periodo de las dos grandes guerras de Europa (1914- 1945), la estructura del sistema capitalista mundial, responde a un modelo de civilización, tecnológico-militar y socio-cultural, discriminatorio, clasista, excluyente, vertical, contaminante y depredador de toda la geografía planetaria.

Fatalmente, dicho sistema se reproduce a sí mismo y de manera permanente, en tres dimensiones estratégicas fundamentales que son: la económica, lo militar y lo mediático (comunicacional e informático). Concebidos como una sola totalidad, un solo modelo para el crecimiento económico capitalista, explotador y depredador de la especie y la naturaleza.

1.- LA TRAGEDIA NATURAL Y HUMANA: Siguiendo los datos de ACNUR, correspondiente al periodo 2004-2019, pareciera que el mundo entró en un nuevo ciclo de intensas y frecuentes “tragedias naturales” o desastres ecológicos que, automáticamente, generan “tragedias humanas”, ya que siempre afectan a los poblados más vulnerables de todo el planeta, tal como se muestra a continuación.

2004: Tsunami en el Sudeste asiático. 160.000 personas murieron, abatió el Océano Índico. Naciones Unidas pudo llevar ayuda en menos de 24 horas para 1,7 millones de supervivientes.

2005: Conflicto de Darfur y huida hacia el desierto.180.000 sudaneses huyeron del conflicto en Darfur hacia el desierto de Chad: uno de los entornos más inhóspitos en los que ACNUR ha trabajado nunca: largas distancias, calor abrasador, tormentas de arena, escasez de agua potable.

2005: Terremoto de Cachemira en donde más de 85.000 personas perdieron la vida. El terremoto fue de 7,6 grados en la región de Cachemira, en la India.

2005: Huracán Katrina El mayor desastre natural que ha azotado a los Estados Unidos a lo largo de la historia dejaba el mayor número de muertos en la ciudad de Nueva Orleans.

2008: Terremoto de Sichúan, en China. Se calcula más de 85.000 personas muertas en uno de los mayores desastres naturales del siglo XXI.

2008: Ciclón Nargis en Birmania. 84.000 muertos, 50.000 desaparecidos y más de 1,3 millones de víctimas.

2010: Terremoto de Haití, de magnitud 7.0, más de 225.570 muertos y un número aún mayor de heridos. Es la peor catástrofe natural del siglo XXI.

2012: Inundaciones en Filipinas, a principios de 2012, en la isla de Mindanao destruyeron las casas de más de 10.000 personas.

2013: Tifón Haiyán en Filipinas. Más de 4 millones de filipinos tuvieron que huir y 9 millones de personas necesitaron ayuda humanitaria.

2015: Terremoto de Nepal de 7,8 grados tuvo consecuencias catastróficas en ese país pequeño y pobre. 8.600 personas murieron y decenas de aldeas quedaron totalmente destruidas.

2016: Terremoto de Ecuador. Cientos de personas y miles de heridos en la costa norte del país.

2017: La que ha sido catalogada como la peor sequía de los últimos 60 años se cierne sobre la región del Cuerno de África, empeorando el conflicto en Somalia y provocando hambruna ante la falta de cultivos o ganado. “Si volviésemos sólo tendríamos tierra seca y muerte”, dijo un pastor somalí refugiado.

2019: El ciclón Idai sacude Mozambique, Zimbabue y Malawi. Más de 1.000 muertos a causa de la peor catástrofe natural del hemisferio sur, según fuentes de la ONU, dejaban a más de 1.5 millones de afectados en los tres países.

En el caso de Venezuela, se destacan la tragedia generada por el terremoto de Caracas de 1810; y la vaguada de Vargas entre el 14 y 16 de diciembre de 1999, la cual quedó en nuestra historia como la “Tragedia de Vargas» que conmocionó a Venezuela y al mundo entero. Se estima que el número de muertos fue entre los 700 hasta los 50.000.

En ese contexto, que hemos señalado como antecedentes históricos, estamos ahora en presencia de una nueva tragedia, en la zona del río El Castaño de Maracay, estado Aragua, de las mismas dimensiones o quizás más graves que la de 1999 en Vargas. Se repite así, la incontenible tragedia medioambiental y humana, en nuestra geografía aragüeña, con enormes y graves consecuencias.

Es pertinente decir que la tragedia humana, es radicalmente distinta a la tragedia literaria del antiguo teatro griego. La primera pertenece a la destrucción de la vida real y concreta; se sufre y se llora frente a la verdad trágica de la condición humana (desamparo, desolación, dolor, muerte). En la segunda, es un simple ejercicio de la imaginación (mímesis) de lo no existente o extraordinario que se presenta como si fuera realidad.

Toda tragedia genera el efecto de catarsis, que funciona para purificar las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica, sea real o imaginaria. En tal sentido, podemos decir que hoy el pueblo venezolano está sensibilizado, en estado de catarsis, una vez más, frente a otra tragedia de la naturaleza real y concreta.

Esta catarsis se manifiesta colectivamente, en dos planos: uno, la solidaridad material, activa y concreta (recolección de alimentos, ropas, zapatos, medicinas, utensilios, artefactos del hogar, etc.) y el acompañamiento espiritual (cadenas de oraciones, rezos y súplicas al Redentor Supremo y a las cortes de santos milagros del imaginario popular).

De esta manera, debemos valorar el lado positivo de la tragedia, pues, ella nos obliga a mirar más allá de nosotros mismos y ubicarnos en el dolor del otro, del ajeno, del prójimo, para brindarle toda la solidaridad posible y necesaria, bien sea material o espiritual.

Y eso lo podemos llamar el compromiso colectivo, urgente y vital para fortalecer nuestra cohesión y unidad nacional frente a ésta y todas las tragedias que afecten nuestra vida colectiva a nivel de cada comunidad, parroquia, ciudad, estado o región.

2.- EL COMPROMISO del gobierno revolucionario, el poder comunal y los medios de información, es necesario, vital y determinante, no solo para enfrentar, sino también para prevenir las tragedias y sus consecuencias mortales, traumáticas y costosas. Ya es tiempo para que el Estado, el gobierno nacional, los gobiernos regionales y las comunidades, asumamos el tema del desarrollo poblacional urbano desde una perspectiva metódica de carácter sistémica, orgánica, dialéctica, crítica y compleja.

Para ello, es necesario la integración orgánica, estructural y permanente, de las fuerzas del Estado, del gobierno revolucionario y todas las formas de organización y expresión del poder popular en unidad cívico-militar. Sobre esas bases, desarrollar la elaboración de los planes y mecanismos necesarios y pertinentes para la prevención, atención y salvación de la vida, los hogares y las comunidades, ante cualquier adversidad de la Naturaleza.

Es necesario insistir en que por encima de las diferencias políticas, filosóficas, tácticas o estratégicas, es una obligación ética y moral, asumir y desarrollar todas las formas de prevención, contención y protección de desastres y tragedias, así como los recurrentes fenómenos atmosféricos de características trágicas, desastrosas e implacables como los vendavales, tormentas, lluvias torrenciales, crecidas y desbordamientos de canales, ríos, cerros y mares, que alteran y transforman negativamente nuestro ecosistema y las condiciones de vida de las comunidades más desprotegidas.

El compromiso con la vida, el medio ambiente, la atmósfera, los recursos naturales, mineros, alimenticios, urbanísticos y productivos, es un problema de los gobernantes y las comunidades, para garantizar la seguridad de nuestros pueblos, de la nación y del Estado. Eso es cierto; pero, igualmente, es un deber de todos y todas las personas de cada comunidad, caserío, poblado, parroquia o ciudad. “Juntos, sí se puede”, como lo dice nuestro presidente Nicolás Maduro

En tal sentido, decimos que la conciencia productiva, preventiva, creativa y recreadora, es una condición necesaria de cada ciudadano para fortalecer la coherencia política, ética y moral de la nación, encarnada en todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

En el marco de estos señalamientos, es indudable que nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB, tiene una inmensa responsabilidad que no es sola de ella, sino junto a todo el pueblo en unidad cívico-militar-policial-religiosa, para enfrentar las dificultades, vencerlas en el terreno que se presenten y garantizar la seguridad y el bienestar de todo el pueblo. La experiencia, así lo indica.

Recordemos la tragedia de la Guaira en 1999, cuando el comandante Chávez rechazó la pretendida “ayuda humanitaria” del imperio del Norte (por ser una vieja trampa de penetrar y quedarse dominando los territorios como lo hizo en Haití). Nuestro comandante se puso las botas, se metió en las brumas de las aguas y la vaguada, con sus manos extendidas a todos y todas por igual, para sembrar la esperanza que hoy recorre las venas de nuestro pueblo.

 

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 3.- LA UNIDAD NACIONAL. Tal como hemos planteado el problema de la tragedia y el compromiso, es obvio, que se trata también de consolidar la unidad nacional de nuestra patria. Así lo exigen las circunstancias y así lo entiende y asume nuestro pueblo. No puede haber más cabida para la división, la fragmentación, la desesperanza y desasosiego.

Estamos en un momento estelar de nuestra historia. Por un lado, hemos enfrentado en resistencia heroica y victoriosa, una crisis general de inmensas y múltiples dificultades económicas, mediáticas, políticas, socio- culturales, morales, éticas, diplomáticas, financieras y monetarias, tanto en el ámbito nacional como internacional.

Esta crisis no es un castigo de Dios; ni por torpeza, desviación o incapacidad de nuestro presidente Nicolás Maduro y de quienes lo elegimos con la mayoría de nuestros votos; ni mucho menos por una maldición diabólica, ni por torpeza e incapacidad de nuestro pueblo trabajador y de todos los que amamos esta patria.

Esta crisis es la expresión material y concreta de una guerra sigilosa y casi invisible, pero muy eficaz en su instrumentación multifactorial, multidimensional, no convencional, impuesta y dirigida por el imperio del Norte y sus secuaces apátridas.

El objetivo central de esta guerra ha sido, y sigue siendo, destruir totalmente el estado de Bienestar Social de toda la población, independientemente de su ubicación económica-socio-cultural y política.

En tal sentido, los enemigos del nuestro pueblo y de nuestra patria, emprendieron la destrucción del derecho al trabajo con salario digno para garantizar el ingreso familiar; el derecho a la vivienda, la salud, la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología; el derecho a la ciudadanía y el voto universal, directo y secreto para elegir y ser elegido, ejercer funciones de gobierno nacional, estadal, municipal o parroquial.

Contra todo ese ataque incesante, hoy podemos decir que el imperio no pudo, no ha podido, ni podrá nunca jamás, lograr su objetivo estratégico de destruirnos materialmente y, sobre esas ruinas, destruir ética y moralmente la Patria Nuestra que forjaron nuestros libertadores, bajo el mando supremo del Padre Simón Bolívar.

Hoy, gracias a nuestra unidad y resistencia victoriosa, durante estos años amargos, es indudable que estamos en pleno proceso de recuperación económica, social, educativa, laboral, científica, tecnológica y cultural. Paso a paso; pero seguros, estamos derrotando definitivamente esa funesta guerra y ahora vamos rumbo a la recuperación integral de nuestra patria.

Para cerrar estas reflexiones básicas y necesarias, quiero decir que, así como hemos logrado vencer la guerra económica-social y preservar la patria, hoy estamos llamados, una vez más, a enfrentar la adversidad desatada por la naturaleza, que ha afectado gravemente a una parte importante y valiosa de nuestro pueblo. Para ello, debemos invocar, una vez más la unión de todos y todas.

En síntesis, estamos en un momento histórico estelar en que se conjugan, por un lado, la tragedia de la naturaleza que genera a su vez tragedia humana. Frente a esta situación trágica, es imperativo el compromiso individual y colectivo para brindarles toda la solidaridad posible a las víctimas. Y en ese contexto de emergencia, se nos impone la unidad nacional para preservar y fortalecer la seguridad, la soberanía, la paz y la felicidad de la patria.

 

Christian Farías / Ciudad Valencia