“Un 27 de noviembre en Puerto Cabello insurgente” por José David Capielo

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Este 27 de noviembre se estarán cumpliendo 29 años de la segunda rebelión militar patriota de 1992, en la que un grupo importante de miembros de las Fuerzas Armadas, algunos de alto rango, junto a civiles comprometidos, realizaron esta nueva intentona por derrocar al gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Como sabemos, ya el 4 de febrero de ese mismo año se había dado el alzamiento bajo el liderazgo del Comandante Hugo Chávez, y quedó pendiente organizar un nuevo levantamiento, con la intención de acabar con la hegemonía bipartidista criminal. Sobre el 4F es de señalar que hubo en Valencia una denuncia intensa del asesinato por la Disip de cuatro estudiantes en el Módulo Canaima.

Volviendo al 27N, se trata solo de una reflexión personal, sobre un hecho significativo de la historia reciente; sobre el que ya han escrito bastante, con conocimiento de causa, buena parte de quienes fueron protagonistas y dirigieron tal operación.

Es por tanto una visión parcial, de uno de tantos participantes, que modesta y conscientemente se vieron involucrados en tal rebelión. Para la fecha, entre otras cosas, cursaba yo estudios de Agronomía en el núcleo de la UCV en Maracay, adonde había regresado tras una larga ausencia.

A esto se unían otras varias actividades, que incluían además de algunas pasantías de trabajo, gestiones por la defensa de los derechos humanos y el desempeño como parte importante de la lucha por las viviendas en un sector de Parque Valencia donde residía (caso BTV). Todo ello sin descuidar la atención de mi familia, que había incorporado un nuevo miembro con el nacimiento de mi hijo en 1990.

Organizativamente me encontraba “desarticulado” —pero nunca fuera de la actividad política—, debido a que estaba en un aparente “receso”, dedicado fundamentalmente a la tarea de culminar los estudios universitarios, que había pospuesto por años.

Igualmente, cada quince días cumplía actividades de acompañamiento solidario a un grupo de trabajadores en Puerto Cabello, a quienes conocía desde mediados de los años ’80, y que habían constituido un movimiento amplio, con el fin de intentar rescatar el sindicato portuario, por muchos años en manos de los adecos.

Sabía a grandes rasgos que se produciría este nuevo levantamiento; ante lo cual había adquirido el compromiso, con estos camaradas del litoral carabobeño, que de darse el evento trataría de estar allá, pese a lo complicado de atender distintas tareas en varios lugares.

En el Núcleo UCV de Maracay observaba yo cómo los principales dirigentes estudiantiles del momento estaban de hecho comprometidos, en espera de la llamada nueva “contingencia”. Incluso el nivel de compromiso era tal que algunos participaban y comentaban su desempeño en entrenamientos militares; de todo lo cual estaba yo fuera, ya que no formaba parte allí de ninguna “estructura” organizativa.

Lo cierto es que al enterarme el día anterior al alzamiento, logré comunicarme con los amigos porteños y estos me propusieron que me incorporara desde muy temprano con ellos a labores de agitación y propaganda, para promocionar esta nueva acción militar patriota; que tenía como expectativa que se uniría a la rebelión la Base Naval “Agustín Armario”, principal contingente de la armada en toda la región.

Sabía de los riesgos que se debían asumir, pero conscientemente los asumimos todos, los que al final nos unimos en entusiasta manifestación, de unas cincuenta o más personas, que luego en un camión 350 recorrimos las principales calles de Puerto Cabello “alzados” para aupar la anunciada acción armada de los patriotas.

Al final, pasadas las once de la mañana, y en vista que no se veía ninguna acción rebelde; debimos ordenar nuestra “retirada” y tomar las medidas del caso; ya que la represión no se hizo esperar, con allanamientos y algunas detenciones, que afortunadamente no tuvieron mayor gravedad, ya que nadie fue procesado como tal.

 

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Reflexionaba sobre este pequeño episodio, qué pudo pasar de haber entrado en contienda las tropas de la Base Naval, en una población con el antecedente insurgente del llamado “Porteñazo”, en junio de 1962, con participación de militares y civiles, donde oficialmente se reconocieron unos 600 muertos; aunque según algunos de sus protagonistas fueron más de 5 mil los fallecidos en aquella represión antipopular de entonces.

No es especular el papel que pudimos haber cumplido o no, ya que simplemente fue algo particular y voluntario; pero sí que todo esto evidenció cómo muchos sectores populares, demostraron su identidad con estas manifestaciones militares patriotas que “rompieron” coyunturalmente el dominio puntofijista del período 1958-1998.

 

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“Más allá de la desesperanza de una derrota pasajera (“Por ahora”)… Jamás imaginamos el resurgir de un pueblo que asumió la revolución… que tomó las calles… y las ciudades”. (Hugo Chávez F., 2000)

 

José David Capielo / Ciudad VLC