Un libro de Nietzsche se inicia con un diálogo entre el viajero y su sombra. Esta dice: “Hace tiempo que no te oigo hablar; quisiera ahora ofrecerte ocasión para ello”. Y el viajero contesta: “Alguien habla: ¿dónde?, ¿quién? A mí me parece que me oigo hablar a mí mismo, pero con una voz más débil que la mía”.

Se puede hablar desde varios lenguajes, con otros y consigo mismo. El viajero suizo-venezolano Karl Weidmann optó por la fotografía como lenguaje para conversar con su sombra y con nosotros. El 19 de febrero se cumplen cien años de su nacimiento en un pueblo de Suiza. Fue en ese orden: un viajero-explorador, un fotógrafo artístico, y finalmente un editor y padre de familia.

Eso le diferencia de un viajero como el personaje Voss de la novela de White: comparten el aislamiento, la obsesión, la atracción de la selva. Pero Weidmann va y regresa una y otra vez. Sus impresiones de viaje no quedan en su memoria, o con su sombra. La luz de sus fotos nos la comparte.

 

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Armado con una cámara y un kayak, recorrerá el país usando los ríos como caminos inmutables en la cambiante selva. Su plan, si es que hay uno: retratar lo bello natural. Dejó valiosos  testimonios de paisaje, hombres, flora, fauna en variados libros, la mayoría trilingüe: castellano, alemán e inglés.

 

karl weidmann-fotos Venezuela

 

El viajero pasa de largo frente a las tentaciones de  diamantes, oro y carne. Asume el viaje con ascetismo, como iniciación, pues sus exploraciones se ubican en el final de la adolescencia y en el inicio de la vida adulta. Y mantiene sus exploraciones a lo largo de su ciclo vital, que concluye luego de su generatividad biológica y social, hijos, libros, documentales. No es un aventurero. Le interesa la naturaleza en sí misma.

Su libro sobre la Gran Sabana es un clásico y un best seller. Muchos conocen a nuestro país por ese libro. Pero no es un libro turístico. Otros libros son sobre la fauna, las flores, los andes, las playas, el alto Orinoco. Uno de ellos combinó las fotos con textos de Aquiles Nazoa, un libro raro y curioso en nuestra bibliografía.

Detrás de cada foto está la paciencia, la espera, seguir rastros, la simulación y el camuflaje. Técnicas que recuerdan las de la cacería, pero sus disparos son de la cámara y un homenaje a la vida salvaje. La soledad del viajero (y su sombra) también se retrata (auto-retrata) en los paisajes sin huella humana, en las flores con fondo negro y en los animales solitarios como el tigre.

Llegando a Venezuela, en su primer viaje de exploración por los llanos, se topó con un tigre, no se imaginó que tardaría más de una década para ver un segundo tigre. El tercero no se dejó retratar. Solo el cuarto tigre (el primero retratado en natural, silvestre en el país) y así relata su caza con cámara: “De repente vi, a unos cincuenta metros, un tigre reposando en un tronco sobre el agua. Aparentemente aprovechaba el sol después de esa noche tan mojada y fría. Dejé de remar. El tigre ya me había visto y mantuvo su pose de indiferencia”.

 

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En la mitad del camino de la vida, el “Tigre” suizo se casa, y su esposa le acompañará en el kayak en sus aventuras por el mundo perdido de la Gran Sabana. Retrata los tepuyes, su flora y su fauna. Convive con los yanomamis y los yanomamis conviven con él. Le llaman walteri, que significa valiente. En alemán antiguo, “Weidmann” es cazador. Valiente y cazador con la cámara. Sin otro recurso de iluminación que la luz solar, y los árboles como trípode, camuflado buscará el ángulo exacto para la foto, que la imagen emerja del fondo sombrío.

“Relatos de un trotaselvas” título sus memorias. Nos gustaría que el centenario de Karl Weidmann sea motivo de una exposición, de una muestra de sus miles de fotos del paisaje, flora y fauna, que demuestren frente a los planes de  expoliación de nuestro suelo y subsuelo, que es posible otra mirada, ecológica, humanista, solidaria, dentro de una relación distinta del hombre con el paisaje, la naturaleza, con otros y consigo mismo.

“El viajero: ¿Y qué quieres que haga? La sombra: Ve bajo esos pinos y mira alrededor de ti en dirección a las montañas: el sol se hunde. El viajero: ¿Dónde estás? Dónde estás?”.

 

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Ciudad Valencia/Pedro Téllez/RN