Se suele establecer que la sociedad es un conjunto, desde el punto de vista matemático, y que a su vez, contiene una serie de subconjuntos. La “Sociedad Cultural” como la denomina Marta Traba [1] (2005), entendida aquí como manifestaciones del arte, es un ejemplo de ese subconjunto. A partir de esta idea, Marta Traba resalta la importancia de revisar la herencia o referencia, de los hechos culturales anteriores y su respectiva confrontación con lo nuevo que surge en las consecuentes propuestas creadoras del presente.
Maestros del arte venezolano: Reverón-Otero-Soto es una excusa para mirar a la sociedad cultural del siglo XX y adentrarnos en su problemática estética, así como en los medios empleados en la creación de sus obras.

Al revisar la etimología de la palabra “maestro” se puede constatar el significado, proveniente del latín “magister”, que se traduce como: “el que más sabe o destaca”, como de hecho ocurre con estos tres artistas que hoy se presentan con sus obras en el Museo de la Cultura de la ciudad de Valencia, a través de la colección de la Galería de Arte Nacional. Son artistas que han destacado no solo en nuestro país, sino en los “Centros de Poder del Arte”, léase París y Nueva York (como en la antigüedad lo fueron Grecia e Italia), quedando completamente justificado el adjetivo de “Maestros del arte venezolano”, ¿son los únicos?, por supuesto que no, hay muchos más, pero es una forma de comenzar a revisar esa “Sociedad Cultural” del siglo XX: con Armando Reverón (1889-1954), Alejandro Otero (1921-1990) y Jesús Soto (1923-2005).

Reverón es quien da inicio al siglo XX, comienza su formación entre 1908 y 1911, logra una beca a Europa entre 1911 y 1915 para luego desarrollar su genial obra a partir de 1920 hasta 1950, aproximadamente. En cuanto al estudio de la obra de Reverón, se ha convenido aplicar los períodos establecidos por Boulton [2], la cual alude exclusivamente a la pintura de Reverón y cuyo esquema está inspirado en el modelo que la crítica universal empleó en la obra de Picasso. En este sentido se habla del período azul, el período blanco y el período sepia. No obstante, el investigador Juan Calzadilla [3] considera esa periodización, relativa, tornando difícil de precisar los límites temporales entre uno y otro período; sumado a que deja de lado otros trabajos que aborda el artista y que puede afirmarse como una producción informal de importancia, hablamos de obra objetual, tal vez escultórica; tan importante que algunos investigadores la consideran como un adelanto a las instalaciones artísticas que veremos muchas décadas después, en los EEUU. De igual manera no se puede dejar de lado el performance empleado por Reverón y que para Calzadilla son formaciones primitivas de arte corporal.

Para algunos investigadores, la estancia de Reverón en la Academia de Madrid no revierte tanta importancia en lo que va a ser su obra más adelante, es más bien su intuición temprana de su espíritu indagador, lo que guía la genialidad del artista. Reverón se olvida de la academia se vuelca a los museos, en donde invierte más tiempo en el estudio de Goya, Velázquez y el Greco. Viaja luego a Chantilly y París en donde se muestra muy interesado por Cézanne. Se dice que, en el período blanco, Reverón hace una reformulación del impresionismo, a tal punto que Marta Traba afirma: “Reverón va más allá de los toques tímidos de los impresionistas y aun más allá de los desvanecimientos de Turner”; lo considera un genio y regresando al tema del impresionismo de Reverón, sostiene que desarticula el “instante” impresionista.
Esta genialidad vista tempranamente (1973) por Marta Traba, no va a ser reconocido por los venezolanos hasta finales del siglo XX (1990), mientras tanto permanece la idea del “loco de Macuto”.

En lo que respecta a Alejandro Otero (1921-1990) y Jesús Soto (1923-2005), estos dos artistas comienzan su formación a mediados del siglo XX, al poco tiempo consiguen beca para continuar sus estudios en Europa (1950). Otero desarrolla varias líneas de trabajo, empezando con el abstraccionismo, luego desarrolla la serie Coloritmo conformada por setenta y cinco ejemplares realizados entre 1955 y 1960 (información suministrada por el propio Otero; de esta serie, vale la pena mencionar, que el Coloritmo 35 es la primera obra abstracta en recibir el Premio Nacional de Pintura en el Salón Oficial de Arte Venezolano. Siguió más tarde con los Ensamblajes para luego saltar a la tridimensionalidad a gran escala con una serie obras cívicas, dispuestas en diferentes espacios urbanos, empleando estructuras metálicas y rindiendo honores al Sol.

En enero de 1961, Alejandro Otero, junto a otros catorce artistas latinoamericanos (Nicaragua, México, Colombia y Argentina), es invitado a formar parte de una exposición titulada “Latin America, New Departure” la cual recorrió los EEUU con la idea de mostrar el estado de la cuestión en las artes visuales en Latinoamerica. Esta exposición la organizó el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston, teniendo como premisa de la selección: la visión personal del artista, el rescate del pasado, la pausada interpretación del presente y, sobre todo, el sentido humanístico y reflexivo del acto de pintar (Traba, 2005). Tres años antes (1958) Otero había recibido el Premio Nacional de Pintura y esta exposición itinerante por EEUU le da un lugar relevante en el ámbito internacional. Es menester mencionar su Participación en la producción de la revista “Los disidentes”, junto con otros artistas venezolanos, cuya motivación es realizar una fuerte crítica a la academia venezolana de las artes, a la par que promovían el abstraccionismo, el cual no era bien visto en nuestro país.
La serie Coloritmo marcó un hito en el arte latinoamericano, basado en la integración del espacio, el color y la forma, a través de ritmos visuales, empleando pintura industrial con pistola y plantillas con láminas de fórmica, dejando a un lado el pigmento pastoso (Óleo, acrílico) aplicado con pincel o espátula; un atrevimiento revolucionario que devino en una polémica con el escritor Miguel Otero Silva, quien acusaba a los abstraccionistas de pintores falsos, al mismo tiempo que Alejandro Otero respondía a sus detractores: “retrógrados” (debate que fue publicado por El Nacional).
Clara Diament [4] (citada por Traba, 2005), afirmó en 1964 que la pintura venezolana debe su impulso hacia la creación más pura y más total a Alejandro Otero y Jesús Soto; agrega Diament sobre Soto: “ha tenido siempre la lucidez, la energía para orientarse en la dirección de las ideas más dinámicas de su tiempo”.

El proceso de Jesús Soto es de los más interesante en el desarrollo de las artes en Venezuela y que debe ser más estudiado. La mayor aspiración de Soto está en la búsqueda de un lenguaje universal. La evolución de su obra puede seguirse a partir de los estudios que él realiza sobre la obra de Piet Mondrian. En la obra “Composition dynamique” (1951), se puede observar una deconstrucción o una reingienería de la obra “Composition No. II, whit yellow and blue” (1931) de Piet Mondrian. De acuerdo con Jiménez [5] (2006), Soto intenta avanzar hacia la dirección que le parecía impuesta por la historia del arte, lo propio hizo Mondrian respecto a Picasso.
De este hecho se deduce que Soto es uno de esos artistas que reflexiona sobre todo lo que rodea al arte de su tiempo. Es analítico, comparte sus inquietudes; son conocidas sus cartas a Lía Bermúdez con quien comparte las problemáticas del arte abstracto, por ejemplo: la vibración óptica en el cruce de las verticales y horizontales de Mondrian; es un momento genial de pensamiento científico en el arte. Es así como soto establece una relación entre la tensión y efectos vibratorios de la pintura que luego va a ir experimentando en el plano bidimensional hasta el espacio tridimensional.
“Desplazamiento de un cuadro transparente” (1954) y “Composición en cubo (1955), son ejemplo de esa búsqueda de una obra que rompa lo estático. En “Luz plateada” (1956) se comienza a percibir el movimiento. No olvidemos que tanto Reverón como Soto están obsesionados con la luz y trabajaron arduamente para capturarla, lo mejor posible en sus obras.

Maestros del arte venezolano: Reverón-Otero-Soto es una exposición que sin duda alguna nos permite conocer a unos artistas cuya característica principal es su autenticidad, artistas que no les interesó estar al día o a la moda. La maestría de sus obras artísticas es la conexión entre significado y significante, junto a la calidad en la confección y acabado de sus obras.
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Citas:
1 Dos décadas vulnerables de las artes plásticas latinoamericanas, 1950-1970 – 1ª ed. – Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2005.
2 Alfredo Boulton Pietri, fotógrafo, crítico de arte y editor venezolano.
3 Galería de Arte Nacional. Armando Reverón. Exposición Iconográfica y Documental en el Centenario de su nacimiento. Caracas 1989. Curaduría: Juan Calzadilla.
4 Clara Diament Sujo, Promotora, docente, guionista, crítico de arte y galerista venezolana de origen argentino.
5 Soto. Ariel Jiménez. Caracas. Fundación Jesús Soto, 2006
Ciudad Valencia / Argenis Agudo / Fotos A. A.












