El veloz calendario conspira con el sueño imperial de acabar con la Revolución Bolivariana. Es que, retornar ya a casa, sin lograr los objetivos, es aceptar una humillante derrota.

El pentágono, el Departamento de Estado, la Casa Blanca y el poder mediático preparan un retorno hollywoodense que le regale a Trump una bandera de triunfo.

Nadie, en su sano juicio, ha creído que semejante despliegue de guerra frente a las costas de Venezuela es para bombardear peñeros cargados de droga.

Diez o quince pequeñas embarcaciones destruidas y cien personas asesinadas no pueden ser bandera de triunfo para el insólito poder de fuego del Comando Sur.

La narrativa desarrollada desde la primera embarcación atacada ha tenido una constante: Narcotraficantes o narcoterroristas trasladaban droga hacia los Estados Unidos, sin ningún otro aporte.

Es de entenderse que ha sido un “trabajo de inteligencia” mucho antes de que cada bote encienda los motores o antes de embarcar la “mercancía”.

Esa inteligencia no dice o no sabe del origen de los narcóticos ni las identidades de los involucrados.Entonces será allí donde se apliquen los bombardeos en tierra. Pero a diferencia de los ataques en alta mar quedaran las identidades de los asesinados y los vestigios de la droga destruída.

Ataque de falsa bandera 

Un ataque de Washington a instalaciones militares, a puertos, aeropuestos o instalaciones petroleras de Venezuela difícilmente se pueda disfrazar de guerra contra el narcotráfico. Sólo  lo “justificaría” como una respuesta a un ataque de falsa bandera.

En el contexto del despliegue de guerra en el Caribe, la extrema derecha asegura que el gobierno bolivariano caerá antes de Navidad.

Mientras que Donald Trump acaba de sostener que el “regimen de Nicolás Maduro tiene las horas contadas”, el extremismo abraza con fe que el ruido de los cañones y de las bombas acabarán con los 26 años en los que ha conspirado para derrocar al Gobierno.

A su vez, el líder republicano, confíado en la extorsión arancelaria y en las sanciones para doblegar a los Gobiernos de las naciones amigas y enemigas, no comprende que eso no va con Venezuela.

Juega al máximo garrote imperial sin  aumentar los riesgos a una derrota en las elecciones de medio termino el año próximo.

A Trump se le está haciendo tarde 

A Trump se le está haciendo tarde con la nación petrolera. Así como la oposición tiene fe en las fragatas, destructores, submarinos, aviones y portaaviones, al inquilino de la Casa Blanca le ha tocado soñar que “el 90 por ciento del pueblo de Venezuela quiere salir de la dictadura” y que esto se repite en las filas de la FANB.

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Ciudad Valencia/ WH/ M.Ll