«¿A dónde irá el buey que no are?» es una paremia cuyo complemento esperado puede ser «al matadero» o «a la carnicería»… Sin embargo, ateniéndose a la primera parte, a la pregunta rotunda, terminante, este antiguo refrán español, citado entre otros clásicos en «La Celestina» de Fernando de Rojas, puede entenderse de dos maneras claramente diferenciadas.
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Significado y aplicación en la vida cotidiana
Una primera interpretación basada solo en la pregunta, la cual no espera necesariamente una respuesta, pues la misma se sobreentiende o es demasiado obvia por su cinismo, alude a que en virtud de que la ocupación del buey (del toro castrado) es tirar del arado, ayudar en la labranza, entre otras duras tareas, entonces de nada le vale a cualquiera cambiar de lugar o de oficio, porque nunca se podrán eludir las duras tareas ni las dificultades.
Asimismo, esa pregunta irónica sin necesidad de respuesta puede hacer referencia a esa persona de terca personalidad que, vaya donde vaya, terminará comportándose de la misma equivocada manera, en cuyo caso el sentido irónico del enunciado puede potenciarse variando así la redacción: «¿A dónde irás, buey, que no ares?», donde parece preguntársele burlonamente a esa misma persona a quien se critica a sus espaldas.
La segunda posible interpretación de este refrán, la amarga reflexión implícita, ahora sí con la necesaria respuesta plenamente expresada: «Al matadero», «a la carnicería», alude a que quien ya no puede trabajar o seguir cumpliendo una tarea determinada, pues ya no tiene otra opción que el retiro, la jubilación, la muerte…
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Fuente: Centro Virtual Cervantes
Ciudad Valencia/Ramón Núñez













