Brasil enfrenta una elección presidencial este próximo domingo 4 de octubre que cristaliza dos proyectos económicos radicalmente antagónicos: el de Luiz Inácio Lula da Silva, que impulsa un desarrollo inclusivo y sostenible con un Estado activo, y el de la corriente de Jair Bolsonaro (representada en esta contienda por Flávio Bolsonaro), que apuesta por un ajuste fiscal estricto, menor intervención estatal y un modelo de libre mercado.
El modelo de Lula: Inclusión social y rol estratégico del Estado
La propuesta de Lula se estructura bajo la premisa de que el crecimiento económico debe marchar de la mano de la inclusión social y la reducción de las desigualdades. Su visión sitúa al Estado como el motor fundamental de la infraestructura, la industria y la productividad para inducir el desarrollo del país.
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Durante su gestión, Brasil logró salir nuevamente del Mapa del Hambre de la FAO, permitiendo que millones de personas abandonaran la pobreza y registrando mínimos históricos en las cifras de desempleo.
Asimismo, el gobierno ha activado paquetes de estímulo económico enfocados en el crédito y la diversificación de alianzas estratégicas con economías tanto tradicionales como emergentes, apostando por la integración regional y la soberanía comercial.
El modelo bolsonarista: Ajuste fiscal y liberalización
En la vereda opuesta, la propuesta económica asociada al bolsonarismo plantea un giro liberal-conservador centrado en la disciplina fiscal y la reducción drástica del tamaño del aparato estatal.
El plan contempla el denominado ajuste «tesouraço», que propone un recorte de al menos diez ministerios, el establecimiento de un nuevo techo de gasto y un ajuste fiscal equivalente a cerca del 1,5 % del PIB durante los primeros meses de gestión.
Asimismo, incluye el retorno al Programa Nacional de Desestatización con la venta de empresas estatales, la revisión de normas tributarias y la priorización de la confianza de los mercados internacionales por encima de la expansión del gasto social directo.
Dos visiones de política exterior
En el plano internacional, mientras Lula aboga por una diplomacia multipolar —manteniendo a China como su principal socio comercial y fomentando la integración latinoamericana sin subordinación—, el sector bolsonarista defiende una apertura comercial irrestricta y una alianza preferencial con los centros de poder occidental, priorizando el libre mercado y la desregulación económica.
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Fuente: CCCS
Ciudad Valencia / ER / RN
Foto: CCCS








