Hace algunas semanas, mientras buscaba información para una de estas notas, me topé con dos curiosidades históricas relacionadas con el acontecer social de nuestro país, en las décadas previas al movimiento independentista iniciado en 1810.
Aunque cada una da para más de un artículo, e incluso un libro, me limito a reseñarlas y a proponerlas como punto de partida de tesis para quienes estudian Historia.
El nuevo pecado original
Antes de que se produjera el movimiento independentista de nuestro país, era prácticamente un pecado haber nacido en nuestro territorio e incluso en cualquier lugar del continente americano.
Estaba prohibido a los nacidos en este lado del Atlántico –sin importar el color de la piel– ejercer cargos públicos, plantar o cosechar cualquier producto, montar un negocio, comerciar con otras ciudades u otras regiones del continente e, incluso, con España y mucho menos con otros países de Europa.
Tampoco se podía establecer ninguna fábrica, ni explotar minas, ni estudiar algo que no hubieran aprobado las autoridades españolas.

Al respecto, el historiador y biógrafo del Libertador, Felipe Larrazábal, señaló lo siguiente:
“Así, mirados con desdén, tratados con desconfianza y aun insultados con el tono amenazador de la tiranía, arrastrábamos un nuevo pecado original: el de ser americanos. Ni las mayores sumisiones, ni los más eminentes servicios, ni el más relevante mérito borraban esa mancha. Nuestra ocupación era trabajar para sostener el lujo y la preponderancia de nuestros amos; y nuestra dicha, merecer sus favores”.

Esclavas de la ostentación
El abogado y escritor francés François Depons, quien vivió en nuestro país entre 1801 y 1804, escribió una obra en la que relató su estancia en Caracas. Esta obra, que publicó en 1806 con el título de Viaje a la Parte Oriental de Tierra Firme, constituye el primer texto de geo–historia venezolana.
Uno de los aspectos de la sociedad venezolana de comienzos del siglo XIX que más le llamó la atención fue la ostentación de la esclavitud que hacían los caraqueños y caraqueñas de entonces, y sobre la cual apuntó:
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“Los esclavos domésticos son muy numerosos en Caracas. Se cree que la riqueza de una casa está en proporción al número de esclavos de ella. En cada casa debe haber cuatro veces más que los realmente necesarios. Lo contrario pasa por tacañería denunciadora de pobreza y esta se ha de esconder cuánto se pueda. Cualquier blanca, aunque su fortuna no se lo permita, va a misa seguida de dos esclavas negras o mulatas. Las verdaderas ricas llevan cuatro o cinco esclavos y, si una persona de la misma casa va a otra iglesia, lleva consigo igual número de esclavas. En Caracas hay casas que tienen doce o quince esclavas, sin contar con los sirvientes de los hombres”.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
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