El gobierno de Donald Trump ha reubicado una cantidad no revelada de drones MQ-9 Reaper desde África hacia Colombia y Ecuador, en una clara señal de su nuevo enfoque hacia los cárteles latinoamericanos.

Dichas aeronaves, popularmente conocidas como los «cazadores-asesinos», poseen la capacidad técnica de interceptar comunicaciones electrónicas, detectar firmas de calor y ejecutar ataques de alta precisión.

Por su parte, el comandante del Comando Sur, general Francis Donovan, declaró que Estados Unidos planea extender sus operaciones hacia ataques terrestres, buscando así ejercer una «presión sistémica total» sobre las diversas redes criminales.

 

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Asimismo, Ecuador recibió sus primeros drones MQ-9A en la ciudad de Guayaquil durante la última semana de septiembre, mientras que funcionarios ecuatorianos confirmaron posteriormente que al menos dos de estas unidades ya se encuentran operando en su espacio aéreo.

En contraparte, abogados expertos en conflictos y varios legisladores sostienen que los ataques letales dirigidos contra presuntos narcotraficantes constituyen ejecuciones extrajudiciales ilegales.

Esto, debido a que las víctimas, incluso al cometer delitos, no representan una amenaza directa para el territorio estadounidense.

Por añadidura, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha documentado que, a pesar de los constantes operativos, la cocaína sigue siendo «altamente disponible y relativamente barata» en Estados Unidos, lo que evidencia que dicha campaña aún no ha logrado frenar significativamente el flujo de drogas.

 

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Fuente: The New York Times

Ciudad Valencia / EC / RN

Foto: Cortesía