El termino Artivismo fue utilizado por primera vez en 1997 tras un encuentro entre el grupo de chicanos y chicanas “Big Frente Zapatista” y miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en México. Dichas organizaciones fusionaron las palabras “artista y activista” con la finalidad de dar al arte “un contenido social explícito”.
De esta manera, con el transcurrir de los años, el Artivismo se ha convertido en un lenguaje estético global, en el cual el creador utiliza el arte como principal arma de comunicación y expresión con la finalidad de promover cambios sociales y políticos de su entorno.
Muestra de ello han sido los enfoques que cada una de las organizaciones políticas, grupos y movimientos sociales le han dado al Artivismo, en los últimos veinte años, con el auge de las redes sociales.
Algunos de estos enfoques describen al Artivismo como un nuevo lenguaje para la acción social transformadora, otros lo refieren como el camino hacia el accionar por reivindicaciones sociales y resistencia. En el ámbito artístico se habla de la construcción de nuevas narrativas estéticas que buscan denunciar las injusticias producidas por distintos sistemas de gobierno del mundo.

Observamos cómo está presente el Artivismo en la lucha contra el cambio climático, la sociedad del consumo, el patriarcado, la dominación, la exclusión y el control de masas impulsado por la elite desde las distintas plataformas comunicacionales dominantes.
Pero a pesar de los distintos enfoques que podamos darle a dicho movimiento, podremos concluir que existe un único factor que los une y los fundamenta, la necesidad por denunciar las atrocidades implementadas por la Real Politik en su estado globalista, que usa el poder de forma pragmática para su beneficio, sin importar la sangre derramada, la injusticia, el abuso, el hambre, la violencia, la pobreza, el racismo y la muerte.
Es esa “Política Real”, el poder se dedica a generar, desarrollar y aplicar diversas prácticas y discursos que solo velan por sus intereses particulares con el único fin de dominar al mundo y con ello al ser humano.

Desde esta visión de la construcción del mundo, el Artivismo ha alcanzado, en los últimos años, un auge que invita al diálogo y a la confrontación estética desde una posición política y social asumida por el artista.
Es decir, el Artivismo no es solo un hecho o expresión estética, es una acción política, social, en la cual el artista deja un registro y testimonio histórico del contexto vivido, por lo que podemos pensar que esta acción estético-política ha estado presente desde el inicio de la conciencia del hombre.
El arma y el grito del artista
Y es que es imposible pasearse por la historia universal sin observar las infinitas manifestaciones artísticas de los grandes maestros y maestras que plasmaron en frescos, lienzos, papel, piedra, pared, mármol, madera, partituras, fotografías, obras literarias, etc. las barbaries ocasionadas por la guerra, el poder, el idealismo, la religión y la colonización.
En este punto retumba en mi corazón y mi memoria, la premisa con la que desarrollé, en el año 2019, el proyecto “Distorsión citadina”, por la que “el artista no debe ser indiferente al momento histórico que vive, sería irresponsable con sus propios principios y valores.” y que hasta el día de hoy reafirma mi posición en el mundo como creadora-Artivista.

Y es que, para comprender el Artivismo, solo debemos asumir nuestro rol dentro de la sociedad como sujetos de transformación individual y colectiva; accionar, combatir y ganarle espacios a la guerra, de la misma manera que lo han hecho genios de las artes: haciendo obra.
Imaginemos por un instante a una España sin “el fusilamiento del 3 de mayo” de Francisco de Goya, sin el “Guernica” de Picasso. A Francia sin Jean Francois MIllet y sus “Espigadoras”, sin “La libertad guiando al pueblo” de Eugene Delacroix o sin la “Balsa de la medusa” de Theodore Gericault. ¿Imaginan a México sin los murales de Diego Rivera?, solo por nombrar algunos.
Imaginemos igualmente a Venezuela sin el “Miranda en la carraca”, “La Cosiata” o “Carlota Corday” de Arturo Michelena. Imaginémonos sin César Rengifo o Héctor Poleo gritando desde el lienzo por las desigualdades sociales y el éxodo del campesino a las ciudades.
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También recordemos movimientos como el surrealismo y dadaísmo, que utilizaban el arte para desafiar las normas políticas y sociales de su tiempo. Es decir, el artista ha sido “Artivista” desde siempre, es su esencia, por tal motivo el ser creador, en su máxima cualidad humana y sensible, ha buscado mediante diversas manifestaciones artísticas, denunciar y cambiar las sociedades del mundo.

En definitiva, el Artivismo nos reafirma la responsabilidad que tiene el artista en la construcción de políticas sociales, como principal denunciante de la barbarie, la opresión, la dominación, la guerra, la muerte, el hambre y la violencia creada por la mal llamada “Real Politik” globalista.
Es así como el artista, desde su hacer, tiene el poder de construir un mundo más inclusivo, resiliente, pacifico, consciente, humanista y empático, pero sobre todo mucho más justo y libre.
Nos vemos en el lienzo, el pigmento y el papel.
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Penélope Tovar, artista plástica, egresada de la Escuela de Artes Plásticas “Arturo Michelena”; es también licenciada en Pedagogía Alternativa, mención Desarrollo Artístico, por la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” (UNESR). Ha participado en exposiciones colectivas a nivel nacional (Galería de Arte) e internacional (Canadá, EEUU, Reino Unido, Portugal y España). Exposiciones individuales: Museo de Bellas Artes de Caracas y Museo de Arte Valencia (MUVA). Reconocimientos: Artista Joven del mes de Noviembre 2021 por el Museo de Bellas Artes, Caracas, Venezuela.
Actualmente es facilitadora en Arte-terapia en el Centro de Neuro-desarrollo “KOKIGYM”, apoyando en la rehabilitación de niños y niñas con discapacidad.
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