El Mono

Un debate necesario es, sin lugar a dudas, el que debemos hacer alrededor de esas prácticas culturales que, al estar arraigadas en el imaginario pasan a la categoría de tradiciones.

Mucho le debe a esas tradiciones la construcción y consolidación de los rasgos identitarios de los pueblos y pareciera que por esa razón las tratamos como nichos sagrados, intocables e incuestionables.

Cerramos los ojos ante aspectos propios del pensamiento colonial intrínsecos en las tradiciones legitimándolos, en muchos casos, con la preservación en el tiempo de las mismas.

 

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Es el caso del machismo y la exaltación del patriarcado en manifestaciones donde no se permite la participación de mujeres, todo ello sustentado en orígenes religiosos, que, por su naturaleza dogmática, son presentados como condiciones insuperables.

Sabemos de ceremonias e incluso figuras de la espiritualidad indígena o africana que fueron resemantizadas por la iglesia católica para absorber a sus practicantes. Poco se dice de las razones colonialistas que impulsaron este fenómeno para fines de la dominación.

 

Voceros del Municipio Cedeño del estado Monagas, cuya capital es Caicara de Maturín, se acercaron esta semana para reunirse con el ministro Ernesto Villegas a fin de plantearle el caso de El Mono de Caicara, una manifestación auténticamente indígena que se realizaba los 4 de agosto hasta que, hace unos ochenta años, la iglesia la trasladó al 28 de diciembre para vincularla a la tradición católica de los locos y locainas.

Esclarecer, a través de declaratorias y una campaña de medios, esta impostura, es una acción descolonizadora, necesaria. Que no atenta contra la tradición sino que, por el contrario, fortalece nuestras raíces y nos ayuda a deslastrarnos de aquello convenientemente adjudicado a la voluntad divina.

 

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Fuente: Últimas Noticias / Ignacio Barreto

Ciudad Valencia / DG